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Diario de viaje

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Un poco de historia... la mejor parte de mi vida


Tres años después de que empezara el nuevo milenio; y cuando estaba por acabar el primer mes de ese año que seguramente esperaba que fuera maravilloso, mi "modem" intentaba conectarse a Racsa. Eran aquellos tiempos en que teníamos que tener paciencia y esperar la conexión, tal vez telefónica, entre pitos y pitazos; finalmente estaba conectado a la Red Internacional conocida como Internet.

Una vez dentro de ese avance en comunicaciones, entré al chat público que solía visitar con alguna regularidad, y ahí estaba él; tal vez esperándome o esperando por la vida. Cuando me vio entrar me saludó, conversamos un poquito y me invitó a cenar; acepté unos días después. Pasó a buscarme y fuimos a conocernos el día 5 de febrero del 2003, hace más de una década; maravillosos, formidables e impensables años.

A la semana siguiente se fue de viaje para Asia, y un mes después regresó añorando que yo estuviera disponible; y yo estaba aquí, ilusionado porque ya no tendría que esperarlo más.

Ha sido una vida de bendición. Hemos creado una familia, ahora hasta con hija, y nos hemos conectado a la familia del otro. Me siento muy querido en compañía de sus hermanos y parejas, así como con sus sobrinos y primos; y él es una pieza de gran importancia dentro de mi núcleo familiar, incluyendo a mi abuelita de más de cien años.

Muchas son las circunstancias en las que hemos estado juntos y siendo testigos. Juntos le dimos la partida a su padre y al mío; juntos vimos el nacimiento de Santiago y Jimena, mis chicos. Juntos decidimos la llegada de KiKa, y ella nos escogió al vernos juntos; y por eso juntos, sólo los tres, celebraremos cada aniversario.

Nuestra relación es como la de aquellos que pasan mucho tiempo juntos. Cada uno sabe qué esperar del otro, qué quiere comer, qué respondería a determinada pregunta o cómo actuaría en una situación en particular. Como aquellos -viejitos- uno empieza los cuentos y el otro los termina; no nos podemos contar chistes nuevos, y muchas veces respondemos: "sí, ya me dijiste".

Nos conocimos en mis treintas, estamos en mis cincuentas, por lo tanto juntos estuvimos todos mis cuarentas.

Hemos compartido la mesa miles de veces, sólo nosotros y con más personas; y hemos tenido unas conversaciones vanas y otras de esas que hacen que el mundo se detenga.

Juntos hemos hecho los seminarios Insigth I e Insight II, que nos han permitido ver la vida de una manera mejor.

Juntos hemos caminado codo a codo por los senderos de Costa Rica, y volado por más del 30% del planeta; y hemos vivido amaneceres y atardeceres en unos ocho mares en el mundo, siendo el Océano Pacífico, el Océano Atlántico y el mar Caribe, el Mar Báltico y el Mar del Norte, el Mediterráneo y el Adriático, y el Golfo Pérsico en el Océano Índico; por lo tanto juntos hemos viajado por América, Europa y Asia; viendo además grandes y famosos Lagos, como cuando hicimos el cruce de los Lagos en la Cordillera de los Andes, entre Chile y Argentina en la región Nahuel Huapi hacia la Patagonia, desde Puerto Mont hacia Bariloche, o cuando navegamos por el Titicaca, o cuando vimos el de Zurich, y el de Lucerna en Suiza, o el Michigan y el Ontario en los Estados Unidos.

Juntos decidimos, estando en Buenos Aires y con todo pago y reservado, abortar la idea de ir a conocer las Cataratas de Iguazú, porque ambos sentimos que no era el lugar en el que Dios nos quería en ese momento.

Juntos hemos visto crecer nuestras empresas, y hemos pintado nuestras mejores obras en artes plásticas. Hemos ido juntos a varias bodas en las que parejas heterosexuales se declaran amor eterno, así como bautizos de niños que llegan a formar parte de nuestra familia y funerales de aquellos que han partido a una vida mejor. Juntos hemos celebrado con más de un centenar de amigos y familiares la llegada de la -media teja- de cada uno.

Juntos hemos comprado tres pares de anillos, el primero de ellos con figuras del Kokopelli en santa Fe de Nuevo México; el segundo con piedras preciosas del suroeste de los Estados Unidos, en otro viaje a esa misma ciudad tres años después; y el tercero con lapislázuli en Santiago de Chile, que los usamos cada día como símbolo de nuestro compromiso por siempre.

Juntos hemos tomado en los países productores, vinos, grapa, pisco y caipiriñas; así como hemos comido empanadas argentinas en las tierras de Mafalda y empanadas chilenas en la nación que les da su nombre.

Juntos hemos tenido pérdida de oxígeno en montañas como los Alpes o los Andes y caminado bajo la nieve de las Dolomitas, en donde tomé la foto que luego convertí en una de mis mejores acuarelas; y estando ahí no pudimos dejar de recordar el libro "Marco, de los Apeninos a los Andes", escrito por Edmundo de Amicis y publicado en 1886, aunque no sería sino hasta un par de años después en que juntos pusiéramos los pies en Los Andes en el Sur de América.

Juntos nadamos entre tiburones en la Isla del Coco, experimentando además un gran aguacero como nunca antes vimos, mientras éramos cuidados por un grupo multidisciplinario que formaba parte del "staff" del crucero siete estrellas; luego de haber navegado junto a ballenas y acompañados de delfines, cuando pasamos cerca de la salida del Golfo Dulce en Costa Rica con rumbo al sur en el Pacífico.

Juntos tragamos arena en el Gran Desierto de Atacama, en donde aprovechamos para deslizarnos en sus dunas antes de hospedarnos en el maravilloso oasis de Guacachina, y jugamos recorriendo las arenas en buggies a gran velocidad. También caminamos sobre las rojas arenas del Desierto de Arabia en Medio Oriente, y en bote conocimos las Islas Ballestas.

Juntos hemos estado en un pueblo Hippie en Dinamarca, en donde nos prohibían tomar fotografías porque era dañino para el alma, pero seguramente nos hubieran dejado consumir toda la droga que deseáramos.

Juntos hemos comprado quesos y jamones en Santa Fe de Nuevo México, para almorzarlos más tarde en un risco de las montañas Sandía en Albuquerque; así como también compramos quesos holandeses en Amsterdam para compartirlos con amigos algunos días después, en una tarde de vinos en Bruselas en Bélgica; luego de conocer Brujas y Gant, y antes de visitar Lovaina, todas en ese mismo pequeño país europeo, y un par de días antes de viajar por primera vez juntos, al continente asiático, aterrizando en el convulso mundo árabe.

En ese momento ya eran tres los continentes que juntos visitábamos, sin percatarnos que también veríamos África desde nuestra ventanilla del avión cuando volábamos muy bajo de regreso a Europa; y si las cosas se dan como esperamos, juntos estaremos este año en Oceanía, habiendo visto por lo tanto, las cinco masas de tierra que componen nuestro planeta, poniendo nuestros pies en el 80% de ellos.

Juntos nos hemos -emborrachado- a ritmo de canciones típicas costarricenses en un pueblito italiano, y cocinamos para -campesinos- en ese mismo país. Juntos cruzamos la otrora Cortina de Hierro, atravesamos la línea del Ecuador, el Meridiano de Greenwich, volamos en avioneta para ver las líneas de Nasca y chupamos las paredes de la Catedral de Sal de Colombia. Juntos nos hemos tomado miles de fotos, y más recientemente, cientos de "selfies".

Juntos hemos estado cerca del Polo Norte y del Polo Sur, rompiendo nuestros récords en la tierra; hemos visto glaciares, y caminado por algunas de las montañas más altas; hemos visto el piso desde un globo, y temblado en algunas de las zonas más frías del planeta. También hemos disfrutado de bailes típicos rusos en su país en el norte de Europa, Samba en Brasil, danzas autóctonas en Budapest, tangos en Buenos Aires, y asistimos a ver Carmen en Flamenco en la Gran Vía, invitados por Doris Goldewick; sin dejar de mencionar que caminando por el Puente de los Suspiros en Bogotá, nos detuvimos para que una amiga nos cantara profesionalmente "La flor de la canela".

Nunca planeamos ir a Alemania, era el destino menos deseado, y finalmente juntos hemos hecho tres viajes a este país, visitando no menos de seis ciudades en las tierras arias.

Juntos hemos estado varias veces en Madrid y fuimos dos veces a Suiza, incluyendo visitas a las zonas por las que seguramente caminaron Heidy, Pedro, Niebla y el abuelo, desde donde los Alpes te hacen sentir diminuto, aunque ya habíamos estado en el Paso Pordoi, en esta misma montaña pero del lado italiano. Estuvimos un par de oportunidades en Francia, conociendo varias ciudades de este país, incluyendo la capital y "La Defense". Juntos navegamos por el Rin durante una semana desde Basilea hasta Amsterdam, llegando justo a la floración de los tulipanes, ahí aprovechamos para navegar por los canales, y conocer los molinos, las fábricas de quesos y la producción de zuecos de madera. En el trayecto desde La Comunidad Helvérica hasta los Países Bajos desembarcamos en Breisach, Estrasburgo, Speyer, Koblenz y Cologne.

Juntos hemos visto los palacios de al menos una docena de familias reales, incluyendo las formidables e impensables casas de tres emires, que es probable que hagan palidecer al Palacio de Buckingham.

Juntos hemos sido testigos de la fantasía de Disney en Orlando y de la magia de obras de Broadway en New York, como cuando lloré varias veces viendo "El Rey León", o cuando presenciamos "Wicked", "The Book of Mormon", "42nd Street", "Chicago" y "El Fantasma de la Ópera", así como "Pippin" en Washington o "Los Miserables" en la capital británica. Además vimos "Hombres de Azul" en Nevada, "El Cascanueces" dos veces en San José, y "The Christmas Spectacular Show" en La Gran Manzana, una formidable presentación que incluía a las Roquets; el "Teatro Negro" de Praga en la República Checa, en donde disfrutamos "Ta Fantastika" con "Aspects Of Alice"; la opera de Viena en Austria, Il Divo en Costa Rica; y estuvimos en la inauguración de la temporada de la ópera lírica en la Arena de Verona, en la otrora casa de Mussolini. En esa oportunidad nuestro chofer, que regresó a su casa luego de dejarnos, dice habernos visto en vivo en la RAI, que es la cadena nacional de la televisión italiana.

También hemos estado en varios espectáculos del Circo del Sol; en Las Vegas vimos "Zumanity" y "Ka", que es un ataque a todos los sentidos y no podíamos creer lo que estábamos disfrutando; estuvimos en "La Nouva" en La Florida, y en Costa Rica presenciamos "Varekai" y "Corteo", que muestra el funeral de un payaso; así como hemos visitado formidables museos como el de Dubai, el Smithsonian, el de Botero, el MEP y el Moma en New York, el de Van Gogh en Amsterdam, el Museo de Orsay en París, el museo de Historia Nacional de Washington, el del Vaticano, el Museo de Jade en Cartagena y el de Georgia O'Keefe en Nuevo México, así como hemos fotografiado, incluso sin permiso, la Piedad del Vaticano, el David de Miguel Ángel, y algunas maravillas creadas por Rembrandt, Monet, Manet, Cezanne, Gouguin y Picasso.

Juntos hemos volado en helicóptero sobre el Cañón del Colorado, y estado de pie frente al Obelisco en la capital de la Unión Americana, el Cementerio de Arlington y la Casa Blanca; también en la Gran Manzana frente a la Estatua de la Libertad, el Empire State, el Crysler y las Cataratas de Niágara en ese mismo estado, y cruzamos para verla también desde la orilla canadiense en Toronto, que fue la primera vez que juntos recibimos una nevada cuando llegamos a "Niagara by the lake"; también el Pentágono en Arlington, el Canal de Panamá, el Cristo Redentor y la montaña Pan de Azúcar en Río de Janeiro en Brasil, y el Volcán Osorno en Chile; el Big Ben, el London Eye y la Casa del Parlamento en El Reino Unido; la Sirenita en Copenhague, los Monasterios de Antigua en Guatemala y las misiones en California, estas últimas en un recorrido de dos semanas desde Los Ángeles hasta San Francisco, conociendo Santa Mónica, Malibú, San José y otros "pueblos" icónicos, que aunque ambos conocíamos esa ciudad, ahora la visitábamos juntos, además el Golden Gate y las mejores atracciones de Castro Street.

Juntos hemos visto la Torre Eiffel, los canales de Venecia y la Plaza de San Marcos en esa misma ciudad, el Valle de los Monumentos en Utah, pasando por Sedona y Flagstaf utilizando la ruta histórica interestatal 66; los saunas naturales de Finlandia; el mercado de pescado y el Space Needle en Seatle; el Domo de Florencia y el mausoleo de los Medici ahí mismo; la Fontana Di Trevi, las casas coloniales de Savannah Georgia y Charleston en Carolina del Sur; el museo del South West en Phonex y CN Tower en Toronto; el Burj Khalifa y el Burj Al Arab en Dubai, el Emirate Palace que es el hotel siete estrellas de Abu Dhabi en donde se hospeda solo la realeza; así como hemos visto formidables construcciones que sirven de ayuntamiento y casas de gobierno en decenas de capitales. También nos vio pasar la Puerta de Alcalá, la Puerta del Sol, Champs Elysees y el Arco del triunfo; estuvimos en las ventas de arte callejeras en Mont Martre luego de fotografiar el Moulin Rouge, caminamos por el Ponte Vecchio en Florencia en Italia, atravesamos el Puente de las Cadenas en Budapest, el Puente de Carlos sobre el río Moldava, que conecta a la ciudad pequeña de Praga, y años después paseamos por el Malecón de Guayaquil.

Juntos hemos caminado sin comprar mucho, por la Quinta Avenida de New York, En Burberry en Boston, The Magnificent Mille en Las Vegas y por Bahnhof-Strasse en Zurich.

Juntos estuvimos varias veces en el Burj Khalifa en Dubai, que es el edificio más grande del mundo, y en el Burj Al Arab con habitaciones de entre uno y siete millones diarios que tardaron diez meses enfriándolo una vez que encendieron el aire acondicionado, haciéndolo despacio para no crear una nube interna que pudiera llover y dañarlo.

Juntos hemos caminado algunas veces en South Beach en La Florida, y celebramos mi cumpleaños cuarenta con siete amigos, en Borbon Street en New Orleans. Juntos fuimos a Búfalo, Boston, Connecticut, Rhode Island, Providence, New Haven, Cinque aterre, San Gimigiano y Trieste.

Volamos juntos y pegados a la ventanilla del avión para ver las rojas y finas arenas de Arabia Saudita, luego el Mar Rojo y la Península del Sinaí, que fue la que recorrieron Moises y los judíos para llegar a la tierra prometida, luego de que Dios separara las aguas; también vimos Egipto en el continente africano, los acantilados de la Isla de Malta, y las playas de Túnez y Argelia.

Hemos estado juntos en decenas de malles ,incluyendo el más grande del mundo en los Emiratos; el Mercado de las Especies y el Mercado de Oro en Medio Oriente, ambos operados por indios. Vimos juntos la luna llena en el Gran Desierto de Atacama en Perú, y un par de años después la volvimos a ver en el Desierto de Arabia.

Juntos hemos conocido personas de diferentes e "interesantes" nacionalidades, obviando a los residentes de los países en los que hemos estado, también hemos tenido contacto con rumanos y turcos, gente de Serbia, India, Mauritius, Filipinas y Pakistán.

Juntos estuvimos en el Hotel Viceroy en Yasmarina Circuit, en Abu Dhabi, y vimos la Ferrari. También vimos donde se construirán el Louvre y el Guggenhein en esa misma ciudad.


Juntos reportamos para Navégalo Televisión, pasando la señal desde dónde estábamos hasta el estudio central en Costa Rica, y desde ahí para el mundo hispanoparlante; y lo hicimos desde Washington, Danielsville y varias ciudades en el cono Sur, incluyendo Brasil una semana antes del Mundial de Fútbol, con entrevistas y saludos desde la playa de Ipanema, que después sirvió para material promocional una vez que empezaron los partidos.

Juntos hemos estado en Virginia en varias oportunidades, en Nevada y en Georgia, y disfrutamos de la experiencia que tuvo KiKa al conocer el mar en Esterillos en Costa Rica. Juntos hemos visto el Rin, el río Elba en Alemania, el Sena, el río Moldava, el Urubamba, el río Guayas, el Potomac, el Danubio, el Flandes, el Támesis, el Arno, el Manzanares, el Tiber, el Limago en Zurich, y atravesamos el río de la Plata, con un ancho de 100 kilómetros para llegar a Uruguay para conocer Montevideo; así como otras muchas maravillas de la naturaleza y otras tantas creadas por el hombre. También atravesamos en tren en ferry desde Alemania hasta Dinamarca, cruzamos la bahía desde Vancouver hasta la isla Victoria y Canadá, y navegamos por la bahía de Guanabara en Las tierras cariocas.

Juntos conocimos el Manneken Pis en Bruselas, caminando hacia él desde la Gran Plaza al lado de Jean Paul Gaultier; y pasamos un mes en Italia, aprendiendo cocina en casas de los años 1300's, en donde comimos decenas de cerezas director de la mata, como quien come jocotes en Alajuela; y tomamos galones de vino, empezando en Florencia y terminando en la maravillosa y desordenada ciudad de Roma, que fue la inspiración para que empezara a escribir mi libro, sin dejar de fotografiarnos en el emblemático coliseo en donde tantos cristianos murieron luchando contra los leones; todo esto sin dejar de emborracharnos en el Museo del Prosciutto en ese mismo país, cerca o dentro de la Toscana.

Hemos comido delicioso en Nyhavn en Dinamarca y salchichas en Hamburgo; nos tomamos fotos en los campos de Canola en Austria, en donde se me vinieron algunas lágrimas, al imaginar junto a mi amiga judía, como escapaban sus paisanos en otro tiempo, tratando de salvar su vida por esas planicies en la Segunda Guerra Mundial. Caminamos juntos por Bratislava que es la capital Eslovaca; y lo hicimos de la mano en Times Square, tratando de no congelarnos en una fría noche de invierno.

Juntos hacemos migración en cualquier país al que vayamos, y le explicamos al oficial nuestra relación; aunque decidimos no hacerlo en Rusia ni en los Emiratos Árabes Unidos, por un tema de homofobia. Juntos estuvimos frente y dentro de la casa de Su Santidad el Papa, y hemos sido recibidos por el expresidente de Costa Rica y Premio Nobel de La Paz, don Oscar Arias Sánchez, en su residencia en San José. Juntos hemos destrozado paraguas en Dinamarca y botado una sombrilla doblada por los fuertes vientos en la ciudad germana de Dresde, en el valle de Elba, Pateimonio de la Humanidad de la Unesco, capital de Sajonia; así como vivimos el bombardeo climático bajo una fuerte lluvia de granizos en Siena, recibimos en Manhattan la primera tormenta invernal del 2014, y nos resguardamos en Praga de un huracán repentino que hizo volar sillas y mesas callejeras.

Juntos estuvimos en Hungría y en Praga, que es la capital de la República Checa. Una ciudad que se empezó a construir en los años 900. Una ciudad mágica que enamoró, alcanzó la imaginación y despertó las musas de escritores, músicos, compositores, pintores y muchos más artistas que han deleitado al planeta con creaciones empezadas o terminadas en las tierras que han sido dos veces capital de imperio. Una ciudad en la que se oró con amor y se mató para salvaguardar la fe de algunos. Una ciudad con puentes milenarios que fueron construidos para el transporte de reyes y obispos, y que soportaron nuestros pasos juntos.

Juntos estuvimos en lo que fue la casa de Mozart en Salzburgo, y estando ahí recordamos con melancolía el musical de la Novicia Rebelde; también estuvimos en la casa de Romeo y Julieta en Verona, la de Simón Bolívar en Bogotá, la de George Washington en Mount Vernon y la Residencia de Verano de Pedro el Grande, en las afueras de San Petersburgo; también vimos la casa de Tina Turner en el Golden Cost de Zurich, y la universidad donde estudió Alberth Eistein.

Juntos cruzamos en carro la frontera entre Estados Unidos y Canadá, y al regreso experimentamos una peligrosa tormenta de nieve; también cruzamos caminando por senderos la frontera entre Italia y Eslovenia.

Juntos disfrutamos de la fuente de Barcelona, las aguas danzantes de Las Vegas y el alucinante espectáculo en la fuente del Mall de Dubai. Juntos anduvimos en un Hommer corriendo por las arenas, nos montamos en camello y fumamos pipa en un campamento beduino. Juntos hemos estado desde -18 grados en un aterrizaje de emergencia en Manhattan, hasta 43 grados centígrados en las costas del golfo de Arabia.

Juntos hemos estado en más de cinco capitales imperiales y hemos tenido contacto con un número similar de grupos indígenas en el continente americano, como los descendientes de los Incas en Perú y de los Mayas en Guatemala, así como los nativos puros Návajos, Quechuas y Aimaras, y sin olvidarnos de los indios de Emberá, que cuando los visitamos tenían un año de no ver a un hombre blanco, siendo nosotros pasajeros del Prince Albert II de Silver Sea, que viniendo por el Pacífico desembarcamos a la entrada de los canales del Tapón de Darién, y navegamos río arriba hasta llegar a la aldea de hombres con taparrabo y mujeres con los pechos descubiertos.

Juntos hicimos kayaks en la Isla Granito de Oro, solitaria en medio del Pacífico, en donde el personal del barco, vestido con frag en pantalones cortos, nos ofrecieron Cosmopolitans, famosos cocteles de "Sex and the City".

Juntos hemos experimentado la adrenalina de hacer Rafting y Canopy en Costa Rica, y Juntos llegamos a Gorgona y a la Isla de la Plata en la pequeña Galápagos, en donde conocimos los Piquetos de patas azules, y más tarde los de patas grises, y posamos en Costa Rica para ser inmortalizados en un acrílico; además alimentamos palomas en el Mar Báltico, desde el piso 12 de nuestro crucero de Regent, frente a las costas de Helsinki.

Juntos hemos visitado las más grandes iglesias del mundo incluyendo el Vaticano y otras grandiosas de Roma, la Catedral de San Patricio en New York, la Basílica de la Inmaculada Concepción y la Catedral Nacional de Washington; la Catedral de Santa María de Fiore en Florencia, la Iglesia de San Nicolás en Talín en Estonia, Notre Dame en la capital francesa, La Sagrada Familia en Barcelona y la Catedral de Colonia; nos encaramamos juntos hasta el cucurucho de la Catedral de Basilea en Suiza, y estuvimos frente a la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada en Rusia. En Praga vimos La Catedral de San Vito, donde se coronan a reyes y reinas, la Basílica de San Jorge, la iglesia de Nuestra Señora de Tyn y la iglesia de nuestra señora de la Victoria con el ícono del niño Jesús. En Dresde La iglesia luterana barroca de Nuestra Señora y la Catedral pintada de colores pastel como un teatro para presentaciones matutinas. En Viena estuvimos juntos en La iglesia de San Carlos y la Catedral de San Esteban; así como otros maravillosos templos en un sinnúmero de capitales; además de haber visitado mezquitas en el mundo musulmán, incluyendo Jumeirah en Dubai y Sheikn Zayed en Abu Dhabi, ambas en los Emiratos Árabes Unidos, que nos dejaron boquiabiertos, principalmente porque coincidimos con los cánticos de adoración que erizan la piel. Esta segunda edificación islámica fue inspirada en el Taj Majal, de arquitectura marroquí, y con un costo de seiscientos millones de dólares, o sea trescientos veinticuatro mil millones de colones.

Juntos estuvimos disfrutando varias de las grandes obras de Gaudí en Barcelona, y hemos celebrado el cumpleaños del rey de Holanda, vestidos de color naranja en las calles de Amsterdam. Juntos hemos estado en el pre-gay Parade de Washington y de Bruselas, así como juntos hemos inflado cientos de globos en el piso diez de las Torres Paseo Colón, para arrojarlos el día de la celebración del Orgullo Gay en San José.

Juntos estuvimos en el Gran Imperio Inca y en otrora imperio Austro-Ungaro. En la capital de La República Checa vimos El Palacio del Arzobispo, el Castillo de Praga, el Palacio de Lobkowicz y la Plaza de San Wenceslao, así como la torre del ayuntamiento con el reloj astronómico medieval, en donde nos encaramamos para tomar fotos; El Parlamento de Viena y el de Londres; el Palacio de Belvedere, el Palacio de Hofburg, y el Palacio de Schönbrunn

Juntos hemos de gustado vinos en Francia, Italia, Argentina y Napa en California. Juntos en varias oportunidades, nos hemos dormido en un país y amanecido en otro; así como estuvimos en las noches blancas en el Norte de Europa. Juntos viajábamos entre Zurich y Praga cuando nuestro tren tuvo problemas técnicos luego de pasar por Frankfort, y antes de experimentar el miedo de ser acosados por un guardaespaldas que parecía ser ruso y peligroso; tal vez resultó ser un momento más aterrador que cuando juntos caminamos por la favela brasileña, ante la mirada amenazante de algunos de sus residentes.

Juntos nos cuestionamos cómo no se ha caído la torre inclinada de Pisa, mientras la veíamos y fotografiábamos, minutos después de ser testigos de un accidente de tránsito en el que se vio involucrada una patrulla italiana que estaba en persecución. Además la vida nos ha permitido viajar juntos en tres cruceros, trenes normales y de alta velocidad, barcos de tamaño mediano, botes pequeños, helicóptero, aviones y camellos.

Juntos hemos recibido el año nuevo en Costa Rica, en Washington, California, Arizona, Londres, Bogotá, Pensilvania, unas en New York y otras en New Jersey, y en el enigmático y energético Cusco en Perú, cuando aprovechamos para pasar algunas noches en Lima que es la segunda ciudad más grande del mundo construida en el desierto, superada únicamente por El Cairo; también juntos hemos recorrido Letonia, Estocolmo en Suecia, y en Suiza hemos estado en Zurich al pie de los Alpes, que es la principal ciudad y motor financiero del país, así como en Lucerna arriba en las montañas y en Engelberg que esta edificada dentro de estos maravillosos cerros, y años más tarde fuimos a Basilea, en las orillas del Rin.

Juntos nos hemos hospedado en maravillosos hoteles alrededor del orbe, incluyendo el monasterio de Antigua Guatemala, en donde nuestra habitación parecía haber sido la cava o una cripta sin ventanas, y el maravilloso otrora palacete praguense. También juntos, hemos entrado y salido de Europa varias veces, desde y hacia América o Asia, algunas en vuelos en clase económica y otros en primera clase, cuya diferencia es enorme en materia de servicio y comodidad. Igual ha sucedido en algunos trenes que tienen tres clases con diferentes precios y en todas hemos andado juntos, escogiendo la Primera para viajes en los que dormiremos en el trayecto. Dichosamente habíamos escogido clase preferencial entre Suiza y la República Checa porque el tren se averió en Halle en Alemania, luego de que pasáramos por Frankfort, dándonos un retraso de cuatro horas, mientras nuestro chofer nos esperaba en la estación de destino.

En nuestro paso por Perú pudimos visitar, entre otras ciudades, Pisco, Pachacamac, Coricancha, Calca, Urubamba, Tambomachay, Qenqo, Machu Pichu y Sagsaywaman; sin olvidarnos de Juliaca que es una ciudad sin ley y posiblemente el lugar más feo que hemos visto en lo que conocemos del planeta; y por ahí, principalmente en el valle sagrado, conocimos las alpacas, vicuñas y guanacos.

Juntos hemos vivido una vida maravillosa; y hemos estado de la mano, nuestra conexión es privilegiada. Juntos hemos orado y hemos sentido la presencia de Dios bendiciendo nuestra unión.

Luis Fer y Vinny, juntos por siempre.

Amén

 

Vinicio Jarquin

+506 8708-9830

Vinicio@VinicioJarquin.com

Costa Rica