Muchas personas dicen que es muy extraño que esas denuncias aparezcan justo en este momento. Y sí, lo es. No solo resulta extraño, sino también sumamente coincidencia.
Sin embargo, tengo una teoría.
Es posible que alguien haya aconsejado no presentar las acusaciones antes, sino esperar el momento más oportuno, aquel en que las circunstancias políticas o mediáticas garantizaran mayor cobertura. Y eso no necesariamente significa que las denuncias sean falsas.
Pensemos en algo sencillo: alguien me roba la bicicleta, y un amigo me dice que, si lo acuso hoy, nadie va a prestarme atención; pero que, si espero unas semanas, cuando el ambiente esté más sensible, el caso tendrá más eco. Entonces, simplemente, me espero.
Eso podría haber pasado aquí. No lo sé, por supuesto. No estoy diciendo que haya culpabilidad ni inocencia, ni que exista una mano criminal detrás. Solo pienso que pudo haber un consejo estratégico. Y eso, aunque suene sospechoso, no convierte a nadie automáticamente en culpable ni a los hechos en mentira.
Vivimos tiempos en que cualquier noticia se convierte en sentencia antes de verificarse. Pero la prudencia sigue siendo una virtud escasa y necesaria.
Tal vez no sepamos hoy quién tiene razón, pero sí sabemos que el juicio sin pruebas nunca ha construido una sociedad más justa.