
Cuando José María Figueres Olsen asumió la presidencia en 1994, Costa Rica entraba de lleno en la era contemporánea. La globalización asomaba con fuerza, la tecnología comenzaba a transformar la vida cotidiana, y el país enfrentaba el reto de modernizar su economía sin perder su esencia humana. Figueres, joven, dinámico y visionario, representaba ese nuevo tiempo: el de una Costa Rica que quería pensar hacia adelante.
Nació en San José en 1954, hijo de José Figueres Ferrer, fundador de la Segunda República, y de Karen Olsen Beck, mujer de profunda vocación social y diplomática. Creció en un ambiente de pensamiento político, sensibilidad cívica y compromiso con la justicia. Estudió ingeniería industrial en West Point y economía en Harvard, y desde temprano mostró un interés particular por la eficiencia, la innovación y el desarrollo sostenible.
Su presidencia se caracterizó por una apuesta firme por la modernización. Impulsó la apertura de las telecomunicaciones y la energía, promovió la tecnología como motor de desarrollo y sembró la idea —entonces incipiente— de una economía basada en el conocimiento. Bajo su liderazgo, Costa Rica fortaleció su posición internacional y se convirtió en un referente de democracia moderna en América Latina.
Figueres fue un presidente de acción y pensamiento. Se movía entre la gestión técnica y la visión estratégica, entre la planificación rigurosa y la inspiración cívica. Creía que el país debía prepararse para un futuro donde la educación y la tecnología serían los nuevos pilares de la prosperidad. Su visión de un Estado ágil, transparente y eficiente resonó como un anticipo de los desafíos del siglo XXI.
En su vida personal, José María Figueres ha sido siempre un hombre inquieto, curioso, amante del diálogo y la reflexión. Quienes lo conocen destacan su energía inagotable, su entusiasmo por los temas globales y su fe en la capacidad de Costa Rica para ser modelo de sostenibilidad. A lo largo de su vida pública, ha mantenido la pasión por los temas ambientales, la innovación y el pensamiento estratégico.
Su paso por la presidencia dejó un legado que aún se siente: el impulso hacia la digitalización del Estado, el fortalecimiento de la educación científica y tecnológica, y la apertura de una conversación nacional sobre el desarrollo sostenible. Representó la mirada hacia el futuro sin renunciar al ideal ético heredado de su padre: el de un país que progresa sin dejar a nadie atrás.
José María Figueres Olsen fue un presidente que vio más allá de su tiempo. En su mandato se plantaron muchas de las semillas de la Costa Rica moderna, y su visión, a veces adelantada para su época, reafirmó la idea de que el conocimiento, la innovación y la conciencia ambiental son los nuevos rostros de la democracia.