
Esta campaña —esta campaña política y a la vez profundamente personal— me ha dejado muchas enseñanzas. He tenido que trabajar conmigo mismo más que nunca: primero, apaciguando mi propio ser interior, que es la misión que dio origen a todo esto; y segundo, para que Costa Rica pueda respirar en paz. Pero además de ese propósito, el proceso me ha regalado un sinfín de emociones, sensaciones y tomas de conciencia.
Una de las más intensas ha sido la relación con el ego. Porque, aunque era medianamente conocido como artista plástico y escritor, nunca mi popularidad había alcanzado los niveles actuales. Y eso, por supuesto, puede hacer que el ego suba. Y sí, subió. Pero entendí algo: el ego no es el enemigo, lo que importa es su educación. Un ego mal educado, sea alto o bajo, es destructivo. Pero un ego alto y educado puede servir: impulsa, motiva, da fuerza y autoridad para actuar con propósito.
Hoy lo puse a prueba. He estado contactando a varias figuras importantes de la vida política costarricense y muchas no respondieron. Así que, con el ego educado en su punto justo, les escribí: “¡Disculpe!, usted no me ha respondido. Tengo una campaña con 26 000 lectores, 1,2 millones de reacciones y 500 mensajes diarios. No tengo tiempo de darle seguimiento a su mensaje. Si le interesa, me responde.” Y lo curioso fue que, después de eso, varios sí respondieron.
Todo sea por la campaña Apacigua tu ser interior, para que Costa Rica pueda respirar en paz.
Aprovecho para compartir esta reflexión contigo: si alguna vez sientes que mi ego se desacomoda o que me salgo del propósito original, te invito a recordármelo. Acepto los jalones de orejas, porque el ego, incluso el educado, necesita vigilancia constante.
La vida no se vive en automático, se vive en manual. Nosotros tenemos que conducir siempre, poniendo atención a cada actuar y tomas de consciencia, para ser los arquitectos de nuestra vida.
Gracias por acompañarme. Esta no es solo una campaña política: es una lección viva sobre humanidad, humildad y equilibrio interior.