ACLARACIÓN Y TAL VEZ DISCULPA

(Artículo: No me hablen de macroeconomía, háblenme de decencia)

Quiero aclarar algo, y quizá también disculparme. No voy a eliminar el artículo ni hacerle cambios, por respeto a quienes ya lo leyeron; sin embargo, al releerlo con calma, y después de escuchar comentarios de chavistas y no chavistas, me doy cuenta de que algunas frases pueden prestarse a interpretaciones que no reflejan lo que realmente pienso.

La economía, por supuesto, es importante. En el artículo le resté peso para enfatizar el deterioro emocional, ético y cívico que hemos vivido. Pero el texto podría dar la impresión equivocada de que yo minimizo el costo de vida o de que no padezco, igual que ustedes, las subidas de precios, el peso de los servicios o la presión financiera de los tiempos modernos. Yo también trabajo para vivir, como todos, y sé lo que significa sostener un hogar, una familia, un negocio y una vida cotidiana en un país donde todo cuesta más.

También parece que dije —o tal vez lo dije sin medirlo del todo— que no importa vivir con arroz y frijoles, con tal de tener un Ejecutivo educado y decente. Y no, no es tan simple. La dignidad no se come, y el buen trato no sustituye la comida en la mesa. Pero sí creo que la decencia en el poder es un ingrediente esencial para que un país pueda crecer, producir, avanzar y corregir sus errores económicos sin destruirse por dentro.

Si algo quiero dejar claro es esto: no es una cosa o la otra. No es elegir entre un presidente con buenos números o un presidente con buenos modales. Necesitamos ambas cosas. Queremos un país que avance económicamente, sí, pero también un país donde la autoridad no humille, donde el poder no divida, donde el lenguaje no se convierta en arma, donde la dignidad no se pisotee desde arriba. Un país donde el futuro no se construya a gritos.

El artículo buscaba señalar el daño emocional y social que deja un liderazgo agresivo; no buscaba minimizar las luchas económicas de nadie. Si el texto sonó insensible o incompleto, aquí me detengo para poner el equilibrio donde hacía falta.

Al final, la economía importa, la decencia importa y la forma de gobernar importa. No son enemigos: son pilares. Y cuando uno se rompe, el país cojea.

Gracias por leerme, por cuestionarme y por ayudarme a ser más claro también en este camino que recorremos juntos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio