Hoy escuché a alguien decir que todos los populistas son de manual. Y es cierto. Si tú lees con un poquito de atención lo que ha pasado en otros países, te das cuenta de que la historia siempre repite el mismo libreto, solo que cambia el acento y la bandera. Es el mismo patrón de siempre: primero aparece el “salvador”, luego viene el discurso de odio, después los ataques a la prensa, las instituciones convertidas en enemigas, la polarización como herramienta de poder, y la frase inevitable: “solo yo puedo”.
Podría enumerarte ocho países —o veinte— donde pasó exactamente así. Distintos rostros, mismo molde.
Pero finalmente, hay algo más. Algo que duele aceptar. Para que un populista triunfe, no basta con el populista.
Se necesita gente que lo siga, que lo alimente, que lo aplauda, aunque la casa esté ardiendo.
Y esos también son de manual. Tan predecibles unos como los otros. Pero esa… es otra historia.
