08 – Los chapulines que cuentan la verdad

Tú sabes lo que es levantarte antes del sol, sentir el aire frío golpearte en la cara y escuchar, en ese silencio profundo de la madrugada, el primer ronquido del chapulín encendiéndose. Ese sonido no es lujo ni capricho: es el inicio de tu jornada, es el punto exacto donde la tierra comienza a moverse contigo. Y sin embargo, hace unos días, cuando un grupo de agricultores llegó a la capital con tractores bien cuidados y pickups fuertes para aguantar el camino, hubo quien decidió burlarse, como si el buen equipo fuera pecado y no necesidad.

Yo siempre digo que solo alguien que nunca ha sembrado absolutamente nada podría molestarse por ver un tractor nuevo. Es más: si esas personas que se escandalizan por un chapulín limpio tuvieran que sembrar media hectárea con un tractor viejo, o cargar quintales de papa en un carro débil que se despedaza en los huecos, entenderían en diez minutos lo que tú aprendiste desde niño: que el campo no perdona las herramientas malas. Pero, claro, es más fácil burlarse desde un escritorio que mancharse las botas para comprobarlo.

A veces escucho esas críticas y no sé si reírme o sentir ternura. Porque es curioso ver a quienes jamás han pisado una finca diciendo que los agricultores deberían trabajar con menos, invertir menos, aspirar a menos. Es como pedirle a un mecánico que arregle un motor con llaves oxidadas, o a un médico que opere con equipo de hace treinta años. ¿Por qué el agricultor sí debería conformarse con herramientas viejas? ¿Por qué el único que no puede aspirar a lo mejor es el que produce la comida que todos se llevan a la boca?

Tú lo sabes: un buen tractor no es un adorno, es tiempo ganado, cosechas rescatadas, accidentes evitados. Un buen pickup tampoco es lujo; es la diferencia entre llegar con el cargamento completo o perderlo en mitad del camino. Es la posibilidad de subir una cuesta empinada sin que se te queme la caja de cambios, o de cruzar un río cuando el invierno arrecia sin quedarte varado en medio del agua. Quien ve lujo donde tú ves necesidad, no entiende ni el clima, ni la distancia, ni la tierra, ni el peso real de producir.

Lo que pasó en aquella manifestación fue más simple de lo que algunos quieren inventar: los chapulines nuevos no gritaban soberbia, gritaban verdad. Decían “trabajamos duro”, “cuidamos lo nuestro”, “necesitamos herramientas que aguanten”. Y si alguien decidió burlarse, el problema no fue el tractor, sino la ignorancia. Porque al final, tú y yo sabemos que Costa Rica no se mueve con discursos ni con burlas. Se mueve con tierra, con machete, con manos fuertes, con madrugadas frías y con chapulines que no fallan cuando el país más los necesita.

4 comentarios en “08 – Los chapulines que cuentan la verdad”

  1. Gracias por esa redacción, muy acertada.
    Lástima tratés de no usar el pronombre «Tú» eso hace perder idiosincrasia costarricense, el «vos» o «usted»
    Gracias 👌🏻

    1. De acuerdo y anotado.
      Antes escribía en vos, siempre; pero cuando mis libros empezaron a venderse en América Latina, lo cambié a tu, para llegar a otras poblaciones.
      Trataré de recordarlo en mis articulos internos de Costa Rica, anotado el comentario.

  2. Alexis Sanchez Guzman

    Excelente su comentario; soy uno de esos que me levanto antes de las 4am; debo tomar un bus que me acerca a mi terreno. Camino 30 minutos donde me deja ese, junto a mi esposa llego a la 6 am e inmediatamente nos ponemos a trabajar la tierra hasta las 4 de la tarde dos los dias. Porque vivo el esfuerzo que todos los agricultores debemos hacer estuve en la manifestacion apoyandonos y siempre lo are. Por eso compro y consumo los productos en la feria del agricultor de aquellos que se, se sudan la chaqueta como lo hacemos nosotros. Soy de Turrialba.

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