Paquita Cruz —una de las restauradoras que ha tocado, limpiado, cuidado y devuelto a la vida las puertas del Teatro Nacional— vio pasar, hace unos días, algo que le quebró el alma.
Las puertas que ella misma restauró, puertas originales, con sus vidrios originales, con más de cien años de historia, venían montadas en la parte trasera de un pick-up.
Sin cuidado. Sin respeto. Sin sentido de país.
No quiero conjeturar. No quiero afirmar nada que no sepa. No quiero sumar ruido al ruido. Pero esa imagen me levantó preguntas que, honestamente, cualquiera se haría.
¿Qué hacían esas puertas ahí? ¿Hacia dónde iban? ¿Por qué iban transportadas así, expuestas, inclinadas, atadas de cualquier manera? ¿Quién autorizó ese traslado? ¿Quién es responsable del patrimonio cultural que se mueve por nuestras carreteras sin ningún protocolo?
Tal vez —solo tal vez— esto no signifique nada. Tal vez es un traslado temporal. Tal vez había una urgencia, una razón, una explicación lógica.
Pero si la hay… no la conocemos. Y el silencio también dice cosas.
Porque uno no puede evitar preguntarse: ¿Es esta imagen un simple descuido… o un reflejo más de lo que está pasando en Costa Rica? ¿Será que hay quienes sienten que pueden “hacer fiesta” con lo que es de todos? ¿Será que lo público está perdiendo guardianes?
¿Será que nuestros activos, nuestra historia, nuestra cultura, están quedando a merced de quien tenga un pick-up disponible?
Las puertas del Teatro Nacional no son solo puertas. Son memoria. Son arte. Son país. Son el eco de generaciones que construyeron belleza para que hoy nosotros pudiéramos tener orgullo.
Por eso duele verlas así. Porque lo que se maltrata no es madera. Es identidad.
Me gustaría tener una explicación. Me gustaría sentir que esto fue un accidente logístico y nada más. Me gustaría creer que no hay manos descuidadas manejando lo que nos pertenece a todos. Pero hoy no tengo respuestas. Solo tengo preguntas. Y un profundo deseo que estas imágenes no se vuelvan costumbre. De que no nos acostumbremos a ver lo nuestro tratado sin amor, sin criterio, sin respeto.
Costa Rica merece algo mejor. Nuestra historia también.
