Esta mañana llegó a mi pantalla un texto de Julia Ardón que me dejó con la ceja levantada. No por escandaloso, sino por lúcido. Por incómodo. Por necesario. Por eso quiero empezar dándole crédito directo: la reflexión original es de Julia, y lo que sigue es mi lectura, mi eco y mi preocupación compartida.
Julia plantea algo que muchos no estamos queriendo ver: que mientras el país entero está distraído mirando a la candidata oficialista, a Pilar, a Chaves, al ruido de siempre, podría estar gestándose un “gallo tapado”. Un candidato que no viene desde el centro del escenario, sino desde los márgenes bien financiados. Uno nuevo, con cara fresca, buena imagen, discurso moderno, ideas aparentemente innovadoras… pero con un fondo autoritario, liberal extremo, de mano dura y soluciones rápidas. El típico salvador de última hora.
Y cuando leí eso, me atravesó un déjà vu.
Hace un tiempo yo mismo había usado la figura del Caballo de Troya pensando en otros actores políticos. Hoy, después de leer a Julia, me doy cuenta de que tal vez ese caballo no está donde todos lo estamos buscando. Tal vez no entra por la puerta principal del poder, sino por un portón lateral, bien maquillado, bien vendible, bien financiado.
Julia lo dice sin rodeos: podríamos estar tan concentrados en el conflicto frontal, que no estamos viendo al soldadito que quiere florecer en silencio. Y eso, en política, es peligrosísimo. Porque los grandes virajes autoritarios casi nunca entran gritando: entran sonriendo.
Aquí es donde quiero sumar mi propia reflexión.
Apaciguar el ser interior no significa dormirse. Calma no es ingenuidad. Serenidad no es ceguera. Podemos —y debemos— mantener el pulso tranquilo sin bajar la guardia. Porque el país está emocionalmente cansado, desgastado, harto… y ese es el terreno perfecto para que aparezca alguien que prometa “orden”, “eficiencia”, “mano firme” y “soluciones rápidas”. Siempre con buena pinta. Siempre con narrativa heroica. Siempre con un marketing impecable.
El verdadero riesgo no es solo el continuismo visible. El verdadero riesgo es el continuismo mutante. El que cambia de cara, de vocabulario, de estética… pero no de fondo.
Por eso este no es un llamado a entrar en paranoia, sino en conciencia. A no poner todos los reflectores en un solo personaje. A no creer que el peligro solo viene con los nombres que ya conocemos. A entender que, en los procesos electorales, muchas veces, lo más decisivo es lo que aún no está en la tarima.
Como dice Julia —y coincido plenamente—: más que nunca necesitamos malicia ancestral. Ojos abiertos. Lectura fina. Capacidad de ver más allá de la espuma del momento. Porque si algo nos ha enseñado esta época es que las sorpresas no siempre vienen disfrazadas de villanos… muchas veces vienen vestidas de “novedad”.
Cierro con esto: Sigamos apaciguados, sí. Pero también avisados y avispados.
Porque el Caballo de Troya nunca avisa cuándo entra…, y casi siempre entra cuando todos están distraídos mirando a otro lado.
