V – Los logros y la pregunta incómoda sobre el futuro

¿Por qué no deberíamos votar por el continuismo?

Es justo reconocer que este gobierno muestra algunos logros, especialmente en materia económica. Sería deshonesto negarlo. Hay indicadores que mejoraron y decisiones que, en ciertos ámbitos, dieron resultados positivos. También es cierto que, aunque la infraestructura no fue su fuerte, algunas obras y acciones se llevaron a cabo. Hasta ahí, el reconocimiento.

Pero cuando miras esos logros con lupa —como corresponde cuando estás decidiendo el futuro del país— aparece una pregunta incómoda: ¿cuáles de esos logros son realmente atribuibles a esta administración y cuáles son la consecuencia directa de decisiones tomadas en gobiernos anteriores?

En muchos casos, lo que hoy se presenta como éxito es, en realidad, la cosecha de semillas sembradas años atrás. Reformas fiscales, acuerdos, políticas públicas y proyectos que no nacieron en este gobierno, pero cuyos frutos coinciden con su período. Disfrutar esos resultados no es un pecado; atribuirse su autoría completa sí es, al menos, una simplificación peligrosa.

La preocupación mayor no está tanto en el pasado inmediato, sino en el futuro. Porque cuando miras hacia adelante, cuesta identificar qué está dejando sembrado este gobierno para que el próximo —sea del signo que sea— pueda construir sobre bases sólidas. ¿Qué proyectos estructurales quedan encaminados? ¿Qué políticas de largo plazo están listas para rendir frutos dentro de cuatro, seis u ocho años? ¿Qué visión país se está heredando?

Ahí el panorama se vuelve difuso.

Un buen gobierno no solo administra bien el presente; prepara el futuro. Piensa más allá de su período, más allá de los titulares y más allá del aplauso inmediato. Cuando eso no ocurre, el siguiente gobierno empieza desde cero, sin continuidad real, sin proyectos maduros y sin una hoja de ruta clara.

Por eso, cuando se habla de los logros de esta administración, no basta con enumerarlos. Hay que analizarlos con cuidado, separar lo que realmente se gestó aquí de lo que venía en marcha desde antes, y preguntarse con honestidad qué queda una vez que se apagan los reflectores.

Porque votar por el continuismo no debería basarse solo en lo que ya pasó, sino en lo que razonablemente puedes esperar que ocurra después. Y si el balance muestra pocos proyectos sembrados y muchas cuentas ya cobradas, entonces la pregunta vuelve a ser inevitable.

¿Continuar qué… y para llegar a dónde?

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