Hola, amigos.
He mostrado la parte humana de algunas personas de la política nacional, y hoy quiero mostrarles un poco la mía. No necesariamente desde una trayectoria, sino desde lo que pasa en mi oficina y en mi vida diaria mientras sostengo esta campaña.
Me levanto a las 7:00 a. m., o antes, para empezar a trabajar en la campaña, y termino en la madrugada. He colgado llamadas a las 3:30 a. m. con diferentes comandos de campaña. Esto no es una frase dramática: es literal. Hay días en que el trabajo no se “termina”, solo se corta porque el cuerpo ya no da.
En el día escribo y programo artículos, voy a reuniones, incluso en restaurantes y otros espacios, lo que además genera un gasto de dinero y de tiempo. Trato de responder los cientos de mensajes diarios, y además trato de ver la mayoría de los enlaces que me envían, porque mucha gente me manda información valiosa, datos, noticias, videos, y yo intento no ignorarlos, aunque no siempre lo logro.
He dejado de trabajar para dedicarme por completo a la campaña. Me mantengo con mis ahorros y, con esos mismos ahorros, sostengo este movimiento. Para ayudarme, tengo que entregar libros, porque esto también cuesta, y no poco. Y mientras tanto, ya no estoy escribiendo mis libros ni pintando. He cancelado clases de acuarela por falta de tiempo y me he disculpado por no ir a fiestas de diciembre, por seguir trabajando. Tampoco he comprado ni he hecho regalos de Navidad, cancelé mis vacaciones de diciembre y cancelé un viaje de vacaciones que tenía para enero.
Sostengo todo un movimiento que debería estar en manos de un equipo completo, yo solo. Eso significa que, además del contenido, tengo que hacer ediciones de video, atender lo gráfico, mantener las redes al día, coordinar cosas pequeñas y grandes, y sostener el ritmo de publicación sin que se caiga el sistema.
Ayer fui atacado en Facebook, con el susto que eso conlleva, el ultraje y el trabajo de volver a estar en línea. Hoy mi banco no me abre, ni desde el teléfono ni desde la computadora. Estoy aterrado y por ahora no puedo hacer nada, porque ya casi tengo entrevista de radio. Esto no es para crear alarma: es para que entiendan el tipo de incendios inesperados que aparecen en medio de una agenda ya llena.
No digo esto para dar lástima, para quejarme, para que digan “pobrecito”, para que lo agradezcan, ni para que me den plata. Lo digo para ser transparente. Para que entiendan que, aunque al principio yo les ponía comentarios a sus comentarios, ya no puedo: es matemáticamente imposible. Incluso no puedo darle seguimiento a las conversaciones que se generan dentro de los artículos, aunque me encantaría, porque ahí es donde se arma comunidad y pensamiento.
Algunas figuras importantes de la política nacional me han invitado para hacerles un artículo a ustedes, y he tenido que dejarlos pendientes por falta de tiempo. Y en medio de todo eso, aunque tenga la agenda llena, aparecen incendios que tengo que hablar con diferentes campañas políticas: inmunidad del presidente, magistrados suplentes sin validar, el tema del PANI, y asuntos que van saliendo y que generan conversaciones, artículos extra y videos, en tiempo que yo tenía agendado para otras tareas.
En todo caso, sigo aquí. Espero que, con fuerzas, hasta que tengamos presidente nuevo, y tal vez más allá.
Por favor, ténganme paciencia si no me ven tan “humano” como al inicio. Hago lo que puedo… y creo que más.
