Quiero contarles algo que me tiene ilusionado y profundamente comprometido con el espíritu de esta campaña. He sido invitado a conocer la Sala Constitucional desde adentro, en su parte más humana. Muy pronto estaré ahí, caminando sus pasillos, conversando con magistrados en propiedad y magistrados suplentes, con secretarias, escribientes, abogados y con todas esas personas que, lejos de los titulares y de los discursos políticos, sostienen día a día uno de los pilares más importantes de nuestra democracia.
No voy a ir a hablar de expedientes ni de tecnicismos legales. Voy a ir a escuchar. A conocer sus alegrías, sus miedos, sus rutinas, la forma en que conviven, cómo se vive ahí dentro, qué se siente cargar con decisiones que afectan a todo un país. La idea es humanizar la Sala Constitucional y traérsela a ustedes en forma de relatos, de reflexiones, de historias reales, para que deje de ser un ente abstracto y se vuelva algo cercano, comprensible y profundamente humano.
A raíz de eso, recordé que también tengo una invitación pendiente del Tribunal Supremo de Elecciones, así que haré lo mismo. Iré, observaré, escucharé y escribiré. Porque si algo necesita este país en este momento es volver a confiar en sus instituciones, y para confiar, primero hay que conocer.
Y como las ideas a veces llegan en cascada, esta noche se me ocurrió algo más: pedir permiso —porque no he sido invitado— para hacer un ejercicio similar en la Asamblea Legislativa. No sé si se dará o no, pero ya la inquietud está sembrada. Si se abre esa puerta, también caminaré ese espacio con el mismo respeto, la misma curiosidad y la misma intención de llevarles a ustedes una mirada distinta, más humana y menos contaminada por el ruido político.
Podría ser, entonces, que de aquí nazca una nueva serie. Una serie donde Apacigua tu ser interior… para que Costa Rica pueda respirar en paz no sea solo un lema escrito, sino un mensaje que atraviese la Sala Constitucional, el Tribunal Supremo de Elecciones y la Asamblea Legislativa, llevado con respeto, escucha y calma.
Y como comprenderán… ahí paramos.
Porque a la Casa Presidencial no voy a ir.
Seguimos.
Con calma.
Con curiosidad.
Y con amor profundo por Costa Rica.