“No me representa nadie”. Esa frase no nace del desinterés, nace de la decepción. Y cuando alguien se siente decepcionado, lo más fácil es retirarse. Pero retirarse no es neutral. Es dejarle el espacio a otros para que decidan por ti.
La representación no es magia. No es sentirte reflejado al cien por ciento en alguien. Eso casi nunca pasa. Representar también es acercarse, coincidir en lo esencial, compartir una dirección, aunque no todo sea perfecto. Si esperas sentirte totalmente representado para participar, vas a esperar toda la vida.
El sistema no cambia cuando te apartas. Cambia cuando entras, cuando eliges, cuando presionas con presencia. No votar porque nadie te representa es como no hablar porque nadie dice exactamente lo que tú dirías. Y, aun así, el silencio nunca ha sido una buena estrategia.
De 18 a 22. Tu voto importa.
