Don Carlos Alvarado Quesada, presidente de Costa Rica entre 2018 y 2022, trajo al país a Rodrigo Chaves para que lo acompañara y trabajara desde el Ministerio de Hacienda. Esa es una decisión política concreta, con consecuencias reales, que hoy seguimos viviendo como país.
Días atrás, don Carlos publicó un video en el que, sin rodeos y sin excusas, le pide disculpas al país por haber traído a Rodrigo Chaves a Costa Rica. Lo hace de forma clara, directa y asumiendo su responsabilidad. No se justifica. No traslada culpas. Simplemente reconoce un error que terminó marcando profundamente el rumbo político nacional.
Y aunque ese error fue enorme, no creo que Costa Rica deba cargar eternamente la culpa sobre los hombros del expresidente Alvarado. Entre otras cosas, porque muchísimos costarricenses hoy también están equivocados en la valoración que hacen del actual presidente y de su estilo de gobierno. No fue solo una persona la que se equivocó. Fuimos muchos.
Ahora lo que queda no es el reproche infinito, sino la responsabilidad presente. Esperar que este capítulo termine, sí, pero sobre todo hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que el continuismo no se consolide.
Y lo digo con claridad, sin insultos y sin odio: haré todo lo posible, desde mi voz y mi conciencia, para que Laura Fernández no ocupe una silla en Zapote, ni en la próxima administración ni en ninguna otra. No por venganza. No por animadversión personal. Sino porque su forma de hacer política, su discurso y su estilo no representan la Costa Rica democrática, institucional y respetuosa en la que creo y en la que quiero seguir viviendo.
Mis mejores deseos para doña Laura, en el plano personal. Que tenga una vida larga, feliz y provechosa.
Pero lo más lejos posible de cualquier espacio de poder en esta nación hermosa, donde su manera de ser y de ejercer liderazgo simplemente no encaja con lo que somos ni con lo que necesitamos como país.
Esto no va de personas.
Va de Costa Rica.
