Una esperanza entre los escombros

Álvaro Ramos gana la convención del Partido Liberación Nacional

Durante mucho tiempo tuve un temor persistente. Un temor que se hacía más grande con cada cadena de televisión, con cada decreto improvisado, con cada acto de vulgaridad institucional. Mi miedo era que Rodrigo Chávez lograra destruir este país a tal nivel que, cuando finalmente dejara el poder, no quedara ni rastro del orden, del equilibrio ni del sentido común que alguna vez tuvo Costa Rica. Temía —y todavía temo— que el tejido democrático quedara tan roto, las instituciones tan golpeadas y la cultura cívica tan torcida, que repararlo tomaría décadas… o no llegaría nunca.

Pero además tenía otro miedo: el de no ver a nadie digno en el horizonte. Nadie que tuviera el carácter, la preparación, la serenidad y el amor por Costa Rica como para conducir al país por una ruta distinta. Porque no se trata solo de cambiar de capitán, se trata de encontrar a alguien que sepa navegar. Alguien que no use el poder como megáfono para insultar, como garrote para dividir o como circo para entretener.

Y hoy, por primera vez en mucho tiempo, siento una luz. Hoy, Álvaro Ramos Chaves ha ganado la convención del Partido Liberación Nacional para convertirse en su candidato presidencial. No es garantía de nada. El PLN ha sido malquerido en los últimos años. Ha cargado con culpas propias y ajenas. Y hoy ser su candidato no es sinónimo de victoria. Pero es un símbolo. Es una posibilidad. Es, sobre todo, una esperanza.

Álvaro Ramos tiene 41 años. Es economista, profesor universitario, fue viceministro de Hacienda, superintendente de Pensiones, y presidente ejecutivo de la Caja Costarricense del Seguro Social. Y aunque en cada uno de esos cargos enfrentó desafíos y críticas —como todo funcionario público— no hay ni una sola nota de vulgaridad, chantaje emocional ni espectáculo en su hoja de vida. Hay contenido. Hay formación. Hay temple. Y lo más simbólico aún: es un hombre que nació con hipoacusia severa y profunda, y aun así sacó una puntuación perfecta en el examen de admisión de la Universidad de Costa Rica. O sea, mientras otros hacen campaña a gritos, él aprendió a escuchar.

Hoy no puedo decir que votaré por él. Eso lo decidiré más adelante, cuando escuche más, cuando vea más, cuando lea más. Pero hoy sí puedo decir que es un alivio saber que existe. Que hay una opción. Que hay alguien capaz.

Porque lo que ha hecho Rodrigo Chávez con este país es vergonzoso. Un gobierno matráfula, vulgar, resentido. Un presidente que usa la tribuna nacional para pelear con periodistas, para hacer señas de cantina, para sembrar chismes y para burlarse del que piensa diferente. Rodrigo no representa el pueblo. Representa el resentimiento del pueblo. La parte más rota, más frustrada, más ruidosa. Gobierna con memes, con indirectas, con teorías. No con datos. No con respeto. No con visión. Y Costa Rica merece más. Mucho más.

Por eso, hoy, al ver que alguien como Álvaro Ramos avanza, no lo celebro como una victoria. Lo celebro como una posibilidad. Como una esperanza entre los escombros. Como una flor que crece en medio del basurero. Ojalá se fortalezca. Ojalá resista. Ojalá lo escuchen. Y ojalá, si le toca llegar a Casa Presidencial, llegue con la misma dignidad con la que ha vivido hasta ahora. Para que, al menos por cuatro años, volvamos a ver a Costa Rica levantarse del lugar al que nos arrastró Rodrigo Chávez.

1 comentario en “Una esperanza entre los escombros”

  1. Muy bien dicho, pienso exactamente igual que usted, Costa Rica se merece a alguien como Álvaro Ramos, inteligente, respetuoso, educado… 🙏🏼🙏🏼🙏🏼🙏🏼🙏🏼

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio