Cuando la lógica cambia según a quién le toque

En estos días, el gobierno de Estados Unidos ha venido retirando visas a algunos costarricenses reconocidos. Las razones no siempre son claras públicamente, pero lo que sí ha sido evidente es la reacción de muchas personas: si les quitaron la visa, “por algo será”. Como si la decisión, por venir de un país poderoso, automáticamente se convirtiera en verdad incuestionable.

Y ahí es donde vale la pena detenerse.

Porque esa lógica no es menor. Es una forma de pensar. Es asumir que la autoridad externa siempre tiene razón, que sus decisiones no se cuestionan, que su criterio es suficiente para definir la reputación de alguien. Y cuando eso se instala, el análisis desaparece y es reemplazado por una especie de fe en el poder.

Pero entonces aparece otro escenario.

Se comenta —según información que circula— que Australia estaría considerando restringir el ingreso a su territorio a Donald Trump, a miembros de su gabinete e incluso a su familia. No entro a afirmar si eso se concretará o no. Lo interesante no es el hecho en sí… es la reacción que podría generar.

Porque si aplicamos la misma lógica, la misma que muchos han defendido con tanta facilidad, la pregunta es inevitable.

Si un país decide retirarle o negarle la entrada a alguien… ¿también “por algo será”? ¿También deberíamos asumir que hay una verdad incuestionable detrás? ¿O ahí sí cambia el criterio?

Desde mi punto de vista, lo que esto pone en evidencia no es un caso específico, sino una inconsistencia. La facilidad con la que se acepta una premisa cuando conviene… y se cuestiona cuando ya no encaja con la narrativa propia.

Y eso no es un tema de política internacional. Es un tema de coherencia.

Porque si el criterio depende de a quién le pasa, entonces no es criterio… es preferencia. Y cuando eso ocurre, dejamos de analizar y empezamos a acomodar la realidad según lo que queremos creer.

Y tal vez ahí está la reflexión.

No se trata de quién tiene la visa y quién no. Se trata de si estás dispuesto a aplicar la misma lógica… incluso cuando no te favorece. Porque ahí es donde realmente se mide la capacidad de pensar.

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