
Al parecer hoy es uno de esos días en los que todo parece convertirse en noticia: lo relevante, lo discutible, lo opinable… y también lo que, visto con un poco de calma, podría no ser más que un momento incómodo amplificado. Me encontré con un episodio difundido por la Revista Guana Actual, un medio que, en mi opinión, no se caracteriza precisamente por presentar noticias de gran valor o profundidad, donde un periodista, insistente, incómodo, incluso majadero para algunos, hacía lo que, en el fondo, forma parte de su trabajo: preguntar, repreguntar, incomodar si es necesario. No siempre gusta, no siempre se agradece, pero el cuestionamiento es parte del ejercicio periodístico, y en ese sentido, no hay mucho que reprocharle.
La escena toma otro giro cuando la entrevistada, la diputada Gloria Navas, reacciona y lo señala con su bastón. Un gesto que, dependiendo de quién lo mire, puede parecer inapropiado, simbólico o simplemente una respuesta a la incomodidad del momento. Y hasta ahí, podríamos estar frente a un intercambio tenso, humano, imperfecto… pero no necesariamente extraordinario.
Sin embargo, lo que sigue es lo que termina convirtiendo el episodio en “noticia”. Desde el estudio, algunos presentadores califican el hecho como una agresión, elevando el tono, cargando la interpretación, empujando el relato hacia un lugar más intenso del que, a simple vista, parecía tener. Y entonces, lo que pudo haber sido un momento puntual, casi anecdótico, pasa a ser amplificado, discutido, compartido… y, sobre todo, interpretado desde una emoción más alta.
Y aquí es donde vale la pena detenerse un momento, no para señalar con dureza, sino para observar con criterio. Porque entre el hecho y la narrativa hay un espacio donde se decide si algo escala… o si se comprende. Tal vez la diputada reaccionó desde la incomodidad. Tal vez el periodista estaba cumpliendo su rol. Tal vez ambos actuaron dentro de lo que, en lo humano, puede ocurrir cuando las tensiones suben un poco. Pero cuando el relato se construye desde la exageración, cuando se le da una dimensión mayor a lo que realmente fue, el foco deja de estar en el hecho… y pasa a estar en la reacción que se quiere provocar.
Y eso también es parte de lo que consumimos. Porque cuando no hay grandes eventos, cualquier momento puede ser elevado a categoría de conflicto. Y en ese proceso, se corre el riesgo de perder proporción, de empezar a ver agresión donde hubo incomodidad, de alimentar tensión donde pudo haberse quedado en un intercambio más.
Esto no es una defensa. Es una invitación a mirar con más calma, a no reaccionar de inmediato a cómo nos cuentan las cosas, a darnos el espacio de observar antes de amplificar. Porque no todo lo que se presenta como conflicto lo es, y tal vez, en medio de tanto ruido, elegir bajar la intensidad también es una forma de cuidar la conversación.
Respirá un momento, bajá el ritmo… y antes de tomar posición, simplemente observá.