Un acto de patriotismo

En medio de tantas noticias que suelen generar ruido, confrontación o cansancio, aparece de pronto una que invita a mirar distinto. Claudia Dobles, Abril Gordienko y las siete diputaciones electas del Frente Amplio tomaron la decisión de renunciar al privilegio de combustible pagado por la Asamblea Legislativa. Un gesto que, más allá de su impacto económico, tiene un valor simbólico que no pasa desapercibido. Es una decisión voluntaria, dentro de un marco donde la ley permite recibir ese beneficio, y precisamente por eso adquiere un peso distinto: no nace de la obligación, sino de la elección.

Y cuando algo nace desde la elección, también abre una conversación distinta.

Porque no se trata de señalar a quienes no han hecho lo mismo. No se trata de mirar con reproche a los diputados oficialistas o a cualquier otro que, dentro de su derecho, decida mantener ese beneficio. La ley existe, el derecho está, y ejercerlo no convierte a nadie en menos. Reducir esta situación a una comparación o a un juicio inmediato sería perder la esencia del gesto.

Lo que sí vale la pena rescatar es el ejemplo.

Porque hay momentos en los que alguien decide dar un paso al frente, no porque tenga que hacerlo, sino porque quiere hacerlo. Y en esos momentos, lo que corresponde no es exigirle al resto que actúe igual, sino reconocer el valor de esa decisión. Es parecido a cuando alguien ayuda a otra persona en la calle. Ese acto es digno de aplauso, pero no convierte automáticamente en culpables a quienes no lo hicieron. Simplemente muestra que hay formas distintas de actuar… y algunas inspiran más que otras.

Cada uno verá esta noticia desde su propio lugar. Habrá quienes la utilicen para señalar diferencias, para marcar bandos, para alimentar lecturas políticas. Y también habrá quienes elijan algo más simple: reconocer un gesto que, dentro de su escala, habla de coherencia, de intención y de una forma de ejercer lo público desde otro ángulo.

Tal vez ahí está el punto. En elegir qué amplificar. Si la comparación… o el ejemplo. Si la crítica… o el reconocimiento.

Y en medio de todo eso, también hay un espacio para detenerse, para bajar el ritmo y observar sin necesidad de reaccionar de inmediato. Porque no todo tiene que convertirse en una discusión.

A veces, también se puede simplemente reconocer… y seguir.

Respirá un momento. Y elegí desde dónde querés mirar lo que está pasando.

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