
María Esther, con una insistencia suave pero constante, ha buscado que nos veamos. No desde la prisa, no desde la urgencia… sino desde ese interés genuino de compartir. Un poco para contarme su historia de vida, un poco para hablar del país, y también —eso se sentía— para conocerme a mí, para entender en qué estoy parado, y qué tan firme estoy en medio de todo este momento convulso que vive Costa Rica.
Por un error de agenda, terminé con dos citas a la misma hora. Una con ella… y otra en la UCR. Y en ese instante, tuve que elegir. Priorizar. Mover una, sostener la otra. Decidí mover la de la U y acudir a verla. Y a veces, esas decisiones pequeñas terminan teniendo un peso mayor del que uno imagina.
Nos encontramos en Franco, diagonal al parque de La Nunciatura. Tres capuchinos llegaron a la mesa, acompañados por dos tortillas de queso. Nada extraordinario… y sin embargo, todo estaba ahí. El espacio, el momento, la disposición. Porque lo importante no era lo que había sobre la mesa… sino lo que iba a suceder alrededor de ella.
Y sí… hablamos de todo eso.
Del país. De lo que se mueve. De lo que preocupa. De lo que duele. Pero también de la vida. De historias personales. De caminos recorridos. De esos fragmentos que, cuando se comparten, dejan de ser solo de uno… y se vuelven encuentro. Hubo sonrisas. Comentarios que se sostienen más allá de la conversación. Y hubo momentos en los que cuatro ojos se llenaron de agua… no desde la tristeza únicamente, sino desde la conexión.
De esas conversaciones que no se apuran. Que no se fuerzan. Que simplemente se dan. Y llegó la despedida.
De esas despedidas que no cortan… que más bien cierran con suavidad. Agradecí profundamente su insistencia. Su decisión de buscar el espacio, de no dejar que el encuentro se diluyera en la agenda. Agradecí el rato, la charla, la invitación… y todo lo que se dio en ese tiempo compartido.
Y entendí algo sencillo, pero poderoso. Hay días que cambian de color. Y este… pintó distinto.
Porque no hay nada mejor que empezar el día… después de sentirse querido.