
Diputada de la República 2022-2026
Primera parte
Hay momentos en la vida política que casi nunca se observan desde la dimensión humana. Normalmente la gente mira las votaciones, los discursos, las discusiones, los conflictos y las posiciones ideológicas. Pero pocas veces alguien se detiene a observar qué ocurre emocionalmente dentro de una persona cuando termina un período legislativo y debe abandonar el poder, la rutina, el edificio, las discusiones y hasta la intensidad emocional que durante años se volvió parte de su vida cotidiana. Eso fue precisamente lo que intenté conversar con Gloria Navas, quien acaba de concluir su paso por la Asamblea Legislativa de Costa Rica después de cuatro años intensos dentro del primer poder de la República.
Desde el inicio de la conversación quedó claro que Gloria no vivió este período como un simple trabajo administrativo o político. Me dijo que la última semana dentro de la Asamblea Legislativa fue profundamente angustiante. Explicó que aunque racionalmente una persona sabe que existe un límite constitucional y que el nombramiento tiene una fecha clara de finalización, emocionalmente ocurre algo muy distinto. El edificio legislativo, los funcionarios, los asesores, los colegas diputados y hasta las dinámicas diarias terminan convirtiéndose en una especie de familia compleja. Una familia donde existen conflictos, discusiones positivas y negativas, tensiones, acuerdos, afectos y desacuerdos constantes. Y entonces aparece algo que ella describe no como nostalgia política, sino como una nostalgia profundamente personal. Gloria habla de cómo el ser humano termina integrándose emocionalmente al sistema legislativo y cómo, con el paso del tiempo, esa estructura absorbe tiempo, energía, emociones y parte importante de la vida humana de quienes permanecen ahí durante años.
Pero además del componente emocional y humano, también arrastraba frustraciones institucionales muy fuertes relacionadas con el cierre del período legislativo. Habló particularmente de la imposibilidad de concretar nombramientos y suplencias dentro de la Sala Penal y la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Explicó con detalle la importancia de estas suplencias, señalando que cuando algunos magistrados deben excusarse por razones legales o conflictos de interés, la ausencia de suplentes puede afectar directamente el funcionamiento del sistema constitucional costarricense. Para Gloria esto no era un asunto técnico menor, sino una preocupación profundamente humana y democrática. Dice que le resultaba frustrante observar cómo podían verse afectados recursos de amparo, hábeas corpus y procesos constitucionales fundamentales para la protección de los derechos ciudadanos. También mencionó como otro elemento emocionalmente agotador el proceso administrativo contra Fabricio Alvarado, describiéndolo como parte de un “juego político indebido” que terminó afectándola emocionalmente como ser humano.
Durante la conversación también habló de algo que atraviesa profundamente toda su visión de la política y del derecho: la ética. Gloria explicó que nunca ha separado la política de su formación filosófica y humana. Recordó sus años como estudiante en la Escuela de Derecho, su trabajo como profesora universitaria, su experiencia dentro de la Corte Suprema de Justicia y también su ejercicio profesional como litigante y fiscal. Dice que durante toda su vida absorbió profundamente conceptos relacionados con la justicia, la ética, la democracia, los principios generales del derecho y la dignidad humana. Incluso hizo referencia a las discusiones filosóficas de la antigua Grecia, mencionando a Sócrates y Platón como parte de esa tradición de reflexión sobre lo justo y lo injusto. Para ella, el derecho nunca fue simplemente una herramienta técnica o profesional. Fue una estructura ética y humana que terminó moldeando profundamente su manera de entender el país y la vida. Y por eso asegura que muchas de las situaciones vividas dentro de la Asamblea Legislativa terminaron afectándola profundamente. “Eso a mí me afecta personalmente, muy grave”, dijo en uno de los momentos más honestos de la conversación.
También habló de su espiritualidad y de cómo su fe cristiana influye directamente en su manera de observar la institucionalidad y la democracia costarricense. Explicó que los ataques a aquello que ella considera fundamental dentro del sistema democrático terminan afectándola profundamente como ser humano. Cuando la conversación pasó a cómo se siente ahora, ya fuera del cargo, apareció uno de los momentos más humanos e íntimos de toda la entrevista. Gloria explicó que durante estos años recibió ataques muy fuertes en redes sociales, muchos de ellos relacionados con su edad y también con sus posiciones jurídicas respecto a temas penales y constitucionales. Mencionó insultos como “narcoabuela” y acusaciones relacionadas con supuesta defensa de delincuentes. Sin embargo, insistió en explicar algo que considera fundamental: que defender garantías constitucionales no significa defender delitos, sino proteger principios esenciales del Estado de derecho y los derechos de las personas sometidas a proceso. Habló del artículo 39 de la Constitución Política y de cómo las garantías constitucionales deben protegerse independientemente de la popularidad de una posición política. Recordó además que ejerció distintas funciones dentro del sistema judicial, habiendo sido fiscal, abogada litigante, profesora universitaria y participante activa en distintas áreas del derecho.
Y entonces llegó una frase que probablemente resume buena parte de lo que ocurre emocionalmente cuando una persona abandona el poder. “Cuando uno sale de la Asamblea Legislativa parece que se comienza uno como a desinflar.” Gloria describe la salida del poder como una mezcla extraña entre nostalgia y tranquilidad. Por un lado quedan el agotamiento, los ataques, la intensidad emocional, las discusiones permanentes y la exposición pública. Pero por otro aparece también el descanso. Dice sentirse satisfecha de haber cumplido cuatro años dentro de la Asamblea Legislativa, pero reconoce que ahora comienza una etapa distinta de la vida, donde también existe la necesidad de apartarse un poco, descansar y recuperar tranquilidad. “No todo es actividad o negatividad. Hay tiempos para trabajar y tiempos para descansar”, dijo.
Uno de los momentos más interesantes de la conversación ocurrió cuando Gloria habló directamente sobre el poder. Explicó que durante el ejercicio legislativo el ser humano sí siente el poder integrarse a la vida cotidiana. Recordó su paso por la Comisión de Seguridad y Narcotráfico, la cual presidió durante dos años, así como su participación en el Directorio Legislativo durante el último año. Dice que el diputado vive el ejercicio del poder como representante del soberano, es decir, de la ciudadanía costarricense. Habló de la solemnidad de la juramentación, de la responsabilidad institucional y también del orgullo humano que produce ocupar una función de esa naturaleza. Pero reconoció algo muy importante: llega el día en que ese poder debe devolverse. “Se sale de la Asamblea y se devuelve el ejercicio de ese poder”, explicó. Y entonces comienza el proceso de volver a acomodarse a la vida ordinaria después de cuatro años profundamente transformadores.
Para Gloria, el paso por la Asamblea Legislativa cambió profundamente su vida. Dice que la experiencia política se sumó a todas sus experiencias anteriores como madre, abuela, profesional, profesora y ciudadana. Y asegura que participar dentro del Congreso Constitucional costarricense transforma inevitablemente la manera de comprender el país, las leyes, las necesidades humanas y el funcionamiento mismo del sistema democrático. Habló sobre la responsabilidad de formar leyes relacionadas con salud, seguridad, conducta humana, derechos ciudadanos y funcionamiento institucional. También habló del enorme respeto que desarrolló hacia el sistema constitucional costarricense. En varias ocasiones regresó al tema de su edad y a la sensación de estar cerrando una etapa muy importante de su vida. Dice que probablemente no volverá a vivir una experiencia semejante. Pero lejos de hablar desde amargura, habló desde orgullo y agradecimiento. “Me siento orgullosa como persona, orgullosa como abuela, orgullosa como profesional en derecho y orgullosa de haber participado cuatro años en el Congreso Constitucional costarricense.”
También reconoció que el conflicto político y humano vivido dentro de la Asamblea le permitió descubrir aspectos de sí misma que desconocía. “No sabía que era tan fuerte”, dijo. Tampoco sabía —según sus propias palabras— que tenía tanta capacidad para hablar públicamente, ni tanto amor por el país, ni tanta disposición para resistir ataques y continuar defendiendo aquello en lo que cree. Luego enumeró cuatro descubrimientos personales: las ganas de servir, la valentía, “un escudo en el corazón” y la fortaleza espiritual nacida de su fe cristiana. Dice que durante estos años comprendió la importancia de mantener equilibrio emocional frente al ataque político y mediático, y considera que su espiritualidad fue una protección fundamental. También habló sobre la importancia de comunicarle a la ciudadanía conceptos relacionados con el régimen de derecho, la institucionalidad, la división de poderes, la diferencia entre política y politiquería y la sensibilidad humana detrás del ejercicio político.
La conversación tomó luego un tono todavía más introspectivo. Gloria explicó que el paso por la Asamblea “formó muchas partes de su ser”. Dice que algunas partes de ella cambiaron, otras se profundizaron y otras nacieron durante estos cuatro años. Habló de renovación, meditación, lágrimas, frustraciones, aprendizaje, sensibilidad y crecimiento humano. Recordó también con enorme gratitud a sus padres ya fallecidos, agradeciendo la educación, el apoyo y la formación que recibió de ellos, así como la educación recibida en la Universidad de Costa Rica. Luego hizo una reflexión profundamente íntima. Dijo que si hoy se parara frente al espejo y pudiera hablarse a sí misma, se diría: “Gloria, a pesar de tu edad, te has esforzado, has hecho un buen trabajo, has tenido confrontaciones importantes, te has obligado a estudiar y profundizar más.” Y luego se preguntaría: “¿Estás contenta, Gloria?” Y su respuesta sería: “Sí.” “¿Te sentís orgullosa?” “Por supuesto.” “¿Has hecho cosas buenas o malas?” “Ambas. Algunas muy buenas, otras regulares y otras excelentes.” Y terminó esa reflexión diciéndose a sí misma: “Muy satisfecha, Gloria. Te felicito.”
Porque quizá lo más importante de toda esta conversación no fue la política. Fue observar cómo una persona describe lo que ocurre dentro de sí después de pasar cuatro años viviendo poder, confrontación, responsabilidad, desgaste emocional, exposición pública y transformación humana. Porque al final, más allá de partidos, ideologías o posiciones políticas, hubo una frase que parecía resumir toda la entrevista: “Salí como una persona diferente.” Y quizá eso sea precisamente lo que pocas veces observamos cuando alguien abandona el poder: qué partes de su ser fueron transformadas durante el camino.