01 – ¿Por qué existe Apacigua?

Todos sabemos cómo está la situación actual del país. Sería inútil fingir lo contrario. Basta abrir una red social, escuchar una conversación política o leer los comentarios de cualquier noticia para darse cuenta de que vivimos tiempos de tensión, de enojo, de desconfianza y de confrontación. Y también sabemos algo más: la indignación moviliza. La indignación hace que las personas reaccionen, comenten, compartan publicaciones y salgan a defender aquello en lo que creen.

Pero hay una diferencia importante entre movilizar y sostener. La indignación moviliza. La esperanza sostiene. La indignación puede lograr que una persona se acerque a una causa. La esperanza es la que hace que permanezca. La indignación puede encender una chispa. La esperanza es la que mantiene viva la llama cuando pasan los días, las semanas y los años.

Por eso existe Apacigua.

Somos un movimiento ciudadano y, como tal, seguimos observando la realidad nacional. Seguimos comentando acontecimientos. Seguimos analizando comportamientos. Seguimos señalando contradicciones. Seguimos reflexionando sobre el fanatismo cuando aparece. Seguimos cuestionando conductas políticas y sociales cuando creemos que es necesario hacerlo. Todo eso forma parte del debate democrático y ciudadano. Todo eso tiene valor. Todo eso es importante.

Pero Apacigua nació para mucho más que eso.

Apacigua nació para recordarle a la gente que todavía es posible conversar. Nació para recordarte que la paz no es pasividad. Nació para recordarte que una persona puede defender sus ideas con firmeza sin destruir a quien piensa diferente. Nació para recordarnos que la serenidad no es debilidad y que el respeto no significa renunciar a las convicciones.

Quizá, y solo quizá, Costa Rica se convierte en un mejor país cada vez que una conversación sustituye a un insulto. Cada vez que una pregunta sustituye a una agresión. Cada vez que alguien decide escuchar antes de atacar. Cada vez que una persona tiene el valor de pensar por sí misma sin necesidad de odiar a quienes no comparten su opinión.

Ciertamente el país no está bien. Y precisamente por eso tenemos que hablar de estas cosas. Porque cuando todo parece estar roto es cuando más falta hace que las personas conservemos la calma.

No la calma del indiferente. No la calma del que se rinde. No la calma del que se esconde. La calma del que sigue caminando. La calma del que sigue participando. La calma del que sigue señalando lo que considera incorrecto. La calma del que sigue defendiendo sus principios. La calma del que sigue construyendo aun cuando otros solo destruyen.

Por eso Apacigua sigue aquí.

Seguimos comentando. Seguimos reflexionando. Seguimos analizando. Seguimos siendo críticos cuando corresponde. Seguimos siendo ciudadanos comprometidos. Pero también seguimos intentando aportar algo que cada día parece más escaso: tranquilidad, serenidad y paz.

Porque creemos que la democracia necesita ciudadanos activos, pero también ciudadanos equilibrados. Porque creemos que un país no se construye únicamente con fuerza, sino también con sensatez. Porque creemos que es posible participar intensamente en la vida pública sin convertir el enojo en una forma de vida. Y porque creemos que Costa Rica merece algo mejor que una guerra permanente entre ciudadanos.

Apacigua no existe para que todos pensemos igual. Apacigua existe para demostrar que todavía podemos convivir aunque pensemos diferente.

Y mientras eso siga siendo necesario, aquí seguiremos.

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