Hay personas que me dicen que pareciera que doña Claudia Dobles o doña Abril Gordienko no se sientan nunca. Que todos los días están dando declaraciones, comentando noticias, opinando sobre proyectos de ley, respondiendo entrevistas o explicando lo que ocurre en la Asamblea Legislativa. A algunos incluso les resulta cansado verlas aparecer con tanta frecuencia en los medios y en las redes sociales.
Pero creo que pocas personas se han detenido a hacer una operación muy sencilla.
Matemática.
Pueblo Soberano tiene treinta y un diputados. Liberación Nacional ronda los veinte. El Frente Amplio tiene siete. Cuando un periodista necesita una reacción del oficialismo, existen treinta y un personas distintas que pueden responder. Hoy habla uno, mañana otro, pasado mañana una diputada diferente. Lo mismo ocurre con Liberación Nacional o con el Frente Amplio. La exposición pública se distribuye entre muchas caras y, por eso mismo, pareciera que ninguna aparece demasiado.
Pero cuando el periodista llama al partido de doña Claudia Dobles o al de doña Abril Gordienko, prácticamente no existe esa posibilidad. Si invitan a la diputación de ese partido a un programa de televisión, a una entrevista de radio o a comentar un proyecto, muy probablemente tienen que asistir ellas mismas. No porque quieran figurar más que los demás, sino porque simplemente no hay una larga lista de diputados entre quienes repartir esa representación.
Imaginemos un mes cualquiera. Pueblo Soberano tiene treinta y un diputados. Si durante ese mes cada uno concede únicamente una entrevista, responde una consulta o participa en una actividad pública, habrán aparecido treinta y una veces en los medios. Sin embargo, cada diputado, individualmente, solo habrá salido una vez. La siguiente vez que le toque aparecer podría ser un mes después o incluso más tarde.
Pero cuando hablamos de una fracción formada por una sola diputada, la matemática cambia completamente. Cada vez que un periodista necesita una reacción, cada vez que una radio busca una entrevista, cada vez que un canal de televisión necesita un representante o cada vez que hay que explicar un proyecto de ley, no existe una lista de treinta y un nombres entre los cuales repartir la responsabilidad. Tiene que salir la misma persona.
En otras palabras, mientras un diputado de Pueblo Soberano apareció una sola vez durante ese mes, Abril Gordienko o Claudia Dobles pudieron haber tenido que aparecer treinta veces antes de que a ese mismo diputado le volviera a tocar una nueva intervención pública. No porque busquen protagonismo, sino porque la estructura misma de su partido las obliga a asumir prácticamente toda la representación.
Y entonces ocurre un fenómeno curioso. Mucha gente concluye que ellas “quieren figurar más”, cuando en realidad lo único que están haciendo es cubrir un trabajo que, en las fracciones grandes, se reparte entre decenas de personas.
Si realmente quisiéramos hacer una comparación justa, no deberíamos contar cuántas veces aparece Claudia Dobles o cuántas veces aparece Abril Gordienko. Deberíamos sumar todas las veces que apareció cualquier diputado de Pueblo Soberano. Luego sumar todas las veces que apareció cualquier diputado de Liberación Nacional. Después las del Frente Amplio. Solo entonces podríamos comparar cuánto espacio mediático ocupa realmente cada agrupación.
Y probablemente descubriríamos que la percepción inicial no era tan exacta como parecía.
A veces confundimos presencia con protagonismo, cuando simplemente estamos viendo el resultado natural de la distribución de los números. No siempre quien más aparece es quien más busca aparecer. Muchas veces es quien tiene menos personas con quienes repartir la responsabilidad.
Y quizá esta reflexión también sirva para algo más grande que la política.
Vivimos en una época donde es muy fácil molestarse por cualquier cosa. Siempre habrá una noticia que nos incomode, una declaración que nos irrite, una persona que sintamos que aparece demasiado. Pero muchas veces basta detenerse unos segundos, hacer un pequeño ejercicio de lógica y observar el contexto para descubrir que aquello que nos estaba molestando tiene una explicación mucho más sencilla de lo que imaginábamos.
Y ahí aparece una decisión muy personal.
Podemos pasar el día entero buscando nuevas razones para molestarnos… o podemos hacer el esfuerzo de comprender un poco mejor lo que estamos viendo.
Porque vivir apaciguado no significa dejar de pensar.
Significa pensar un poco más antes de molestarnos.