Recuperar o sostener

Existe una frase que escuchamos con frecuencia cuando alguien pierde algo valioso: «Pagaría lo que fuera por recuperarlo.» Y es una reacción completamente natural. Cuando perdemos la salud, una amistad, un ser querido, una empresa, una oportunidad o cualquier cosa que apreciábamos, comprendemos de inmediato el verdadero valor que tenía. Entonces aparecen el deseo, la nostalgia y la disposición a hacer sacrificios que antes parecían imposibles.

Sin embargo, pocas veces nos hacemos una pregunta distinta: ¿por qué esperamos a perder las cosas para empezar a luchar por ellas? Mientras todavía las tenemos, solemos pensar que siempre estarán ahí. Nos acostumbramos a su existencia, dejamos de cuidarlas y damos por sentado que nada cambiará. Es solo cuando desaparecen que descubrimos cuánto significaban para nosotros.

Creo que esa misma reflexión aplica para un país. Muchas personas hablan de recuperar Costa Rica, como si la pérdida fuera un hecho consumado. Pero todavía estamos en el momento en que podemos preguntarnos algo mucho más importante: ¿qué es más inteligente, recuperar o sostener?

Recuperar siempre será mucho más costoso que conservar. Reconstruir instituciones toma décadas. Recuperar la confianza de una sociedad puede tomar generaciones. Restaurar la seguridad, la estabilidad y el respeto por la ley no ocurre de un día para otro. Cuando un país pierde esos pilares, las consecuencias rara vez duran un año o un período de gobierno. Pueden extenderse durante treinta años o más, afectando no solo a quienes vivimos el proceso, sino también a nuestros hijos y, probablemente, a nuestros nietos.

Por eso me preocupa cuando veo personas convencidas de que, si las cosas salen mal, algún día simplemente las volveremos a arreglar. Tal vez sí. Pero quizá ya no seamos nosotros quienes tengamos esa oportunidad. Tal vez serán las generaciones futuras las que deban pagar el enorme precio de recuperar lo que nosotros no fuimos capaces de sostener.

Sostener un país exige ciudadanos presentes. Exige personas que participen, que piensen, que fiscalicen, que propongan, que defiendan los principios democráticos y que comprendan que el futuro también depende de las pequeñas acciones de hoy. La indiferencia nunca ha sido una estrategia para proteger una nación.

Si estás esperando el momento de trabajar para recuperar el país, quizá todavía estás a tiempo de trabajar para sostenerlo. Porque conservar lo bueno siempre será más sencillo, menos doloroso y costoso que intentar reconstruirlo después de haberlo perdido.

Y eso, definitivamente, no se hace desde un sillón.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio