La patria no se defiende con aplausos

Durante décadas los costarricenses hicimos alarde de haber abolido el ejército. Lo repetíamos con orgullo como una muestra de paz, de neutralidad y de madurez democrática. Muchos crecimos creyendo que ese era el único significado de aquella decisión histórica. Hoy entendemos que aquella decisión fue mucho más profunda. Si Costa Rica hubiera conservado un ejército, probablemente hoy ya no tendríamos una República como la conocemos. Cuando un poder intenta concentrar cada vez más autoridad, la existencia de una fuerza armada bajo su control puede convertirse en el golpe definitivo contra la democracia. Nuestra verdadera fortaleza nunca fueron los fusiles. Nuestra fortaleza siempre fue la Constitución Política, la independencia de los poderes de la República y la convicción de un pueblo que entendía que ningún gobernante debía estar por encima de la ley.

Hoy seguimos siendo un país libre porque todavía existen personas que no se han rendido. Magistrados que defienden el Estado de derecho con las únicas armas que les permite la Constitución. Diputados y asesores que trabajan jornadas interminables, soportan ataques, campañas de desprestigio y enormes presiones para impedir que el equilibrio democrático desaparezca. No importa de cuál partido político provengan. En este momento importa que todavía haya costarricenses dispuestos a sostener la República cuando otros quieren debilitarla.

Por eso quiero hacer un llamado a todos los costarricenses conscientes. Olvidemos por un momento los colores partidarios. Dejemos de preguntarnos quién ganará la próxima elección y empecemos a preguntarnos si queremos seguir viviendo en un país donde existan jueces independientes, una Asamblea Legislativa capaz de controlar al Ejecutivo y una Constitución que siga siendo respetada. Porque eso es lo que verdaderamente está en juego. No estamos discutiendo una campaña política. Estamos discutiendo el futuro del sistema democrático costarricense.

Todavía existe una enorme cantidad de personas que respaldan este rumbo. Algunos convencidos. Otros desinformados. Otros simplemente seducidos por un discurso fácil que señala enemigos todos los días y convierte cualquier límite constitucional en una supuesta conspiración. Mientras tanto, una poderosa maquinaria de propaganda, de troles y de voces estridentes intenta convencer al país de que defender las instituciones es atacar la democracia, cuando en realidad ocurre exactamente lo contrario. La democracia solo existe cuando las instituciones pueden poner límites al poder.

Pero ahora quiero hablarles de otra realidad que muy pocos ven.

Detrás de cada artículo serio que usted lee, detrás de cada video, cada investigación, cada publicación bien fundamentada y cada denuncia responsable, hay horas de estudio, reuniones, llamadas, revisión de documentos, consultas, desplazamientos, cafés, combustible, equipos, plataformas digitales y muchísimo trabajo silencioso. Nada de eso aparece en la pantalla, pero todo eso cuesta dinero.

Quiero dirigirme a ustedes, influencers, generadores de contenido, escritores, comunicadores, líderes sociales y movimientos democráticos que están entregando su tiempo para defender la institucionalidad del país. Gracias. Porque mientras muchos únicamente observan, ustedes están trabajando.

Y quiero hablarle también a quien consume ese contenido.

¿Alguna vez se ha preguntado cuánto cuesta producir todo eso? ¿Cuánto cuesta investigar antes de escribir? ¿Cuánto cuesta asistir a reuniones, recorrer el país, entrevistar personas, verificar información, mantener plataformas, equipos, sitios web y dedicar horas que podrían invertirse en generar ingresos para la propia familia?

Todo eso tiene un costo.

Y, sin embargo, la inmensa mayoría lo está haciendo por usted.

Lo está haciendo por mí.

Lo está haciendo por nuestros hijos.

Lo está haciendo por las futuras generaciones de Costa Rica.

Lo mínimo que podemos hacer es apoyarlos.

No basta con poner un «me gusta». No basta con compartir una publicación. No basta con escribir «fuerza», «no aflojemos» o «algo hay que hacer». Porque la democracia no se sostiene con comentarios. Se sostiene con participación. Con trabajo. Con tiempo. Con voluntariado. Con organización. Y, cuando cada quien puede hacerlo, también con apoyo económico para quienes están dedicando una parte importante de su vida a esta causa.

Si usted cree en un movimiento democrático, acérquese. Pregunte en qué puede ayudar. Ofrezca unas horas de trabajo. Ponga sus conocimientos al servicio de la causa. Si tiene posibilidades, haga una contribución económica. Lo que para usted pueden ser unos pocos miles de colones, para un movimiento ciudadano puede representar la posibilidad de imprimir material, mantener una plataforma, desplazarse a una reunión, producir contenido o continuar una lucha que beneficia a todo el país.

Desde Apacigua seguiremos haciendo nuestra parte. Seguiremos tendiendo puentes, promoviendo el diálogo, trabajando con instituciones, con centros educativos, con distintos sectores de la sociedad y ofreciendo nuestras capacidades a otros movimientos democráticos que compartan la defensa de la República. No competimos con nadie. Queremos sumar donde haga falta. Porque entendemos que ninguna organización, por sí sola, podrá sostener el enorme desafío que enfrenta Costa Rica.

Si logramos rescatar la patria, todos podremos sentirnos orgullosos de haber formado parte de ese esfuerzo colectivo. Y si las circunstancias terminaran siendo más fuertes que nosotros, al menos podremos mirar a nuestros hijos y decirles que no fuimos espectadores. Que no nos quedamos cómodamente detrás de un teclado escribiendo, una y otra vez, «algo hay que hacer». Podremos decir que hicimos lo que estaba en nuestras manos. Que aportamos tiempo, esfuerzo, trabajo y recursos para defender la libertad de Costa Rica.

Porque hay momentos en la historia en los que la patria no necesita aplausos.

Necesita ciudadanos que den un paso al frente.

Si algo reforzaría aún más este artículo, sería cerrar con una frase muy breve y contundente, por ejemplo:

«La República no la perderán quienes la atacan. La perderemos nosotros si dejamos de defenderla.»

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