Cuando los asesores terminan perjudicando al diputado

La reciente publicación de doña Cindy Murillo contra doña Claudia Dobles me parece profundamente desafortunada. Más allá de la discusión sobre si una fotografía fue real, modificada o construida con inteligencia artificial, utilizar una pieza para llamar “mentirosa” a otra figura política y acusarla de estar “engañando al país” me parece innecesariamente agresivo y poco útil para el debate público.

Ahora bien, tampoco sé si fue doña Cindy quien redactó el texto, escogió la imagen o diseñó la estrategia de esa publicación. Es perfectamente posible que haya sido preparada por alguien de su equipo o por algún asesor. Y si así fue, entonces el problema es todavía más evidente: los asesores están para ayudar a cuidar la imagen, el criterio y la comunicación de quien ocupa un cargo público, no para meterlo en conflictos que terminan deteriorándolo.

Pero esto no es exclusivo de doña Cindy.

Recientemente también se presentó una situación alrededor del despacho de doña Claudia Dobles, cuando una persona que se presenta como asesor externo suyo hizo una publicación atacando públicamente a una figura vinculada al Bloque Democrático, a pesar de estar él mismo relacionado con un despacho perteneciente a ese mismo bloque. Podrá alegarse que se trató de una opinión personal, pero cuando alguien está públicamente vinculado a un despacho legislativo, esa frontera entre lo estrictamente personal y lo político se vuelve bastante más difícil de separar.

Y ese es precisamente el punto.

Doña Cindy debería revisar con cuidado quiénes están construyendo o aconsejando su comunicación. Doña Claudia también debería observar con atención quiénes hablan, actúan o confrontan desde su entorno. Y el llamado puede extenderse perfectamente al resto de los diputados.

Un asesor debería aportar prudencia, estrategia, criterio y capacidad para anticipar consecuencias. Si en lugar de eso crea conflictos, ataca a personas del mismo espacio político, provoca enfrentamientos innecesarios o termina poniendo al diputado en una posición incómoda, entonces algo está fallando.

Los diputados pueden delegar muchas tareas. Pueden delegar la redacción de un comunicado, una publicación en redes o la preparación de una imagen. Pero hay algo que nunca pueden delegar: la responsabilidad política por las personas de las que deciden rodearse.

Y a veces convendría recordar algo muy sencillo: un mal asesor puede hacerle más daño a un diputado que cualquiera de sus adversarios.

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