Hasta decorar la casa parece molestar

Nunca imaginé que llegaría el día en que alguien pudiera criticarme por decorar mi casa con los colores patrios. He estado subiendo fotografías de mi decoración de Independencia, algunos videos, comentarios sobre setiembre, sobre la patria, sobre nuestras tradiciones y sobre lo bonito que es celebrar a Costa Rica. Nada particularmente revolucionario: banderas, azul, blanco y rojo, recuerdos de nuestra historia, entusiasmo por el mes patrio y ganas de vivir estas fechas como las he vivido prácticamente toda mi vida. Y aun así aparecen personas molestas. Personas que, por alguna razón que todavía trato de comprender, convierten una fotografía de decoración patria en una oportunidad para atacarme políticamente. Algunos parecen molestos porque celebro la Independencia, otros porque hablo de Costa Rica con entusiasmo y otros simplemente porque soy yo quien lo hace.

Entonces uno empieza a preguntarse qué nos está pasando, porque una cosa es tener diferencias políticas. Es completamente normal. Podemos discutir sobre el Gobierno, sobre la Asamblea Legislativa, sobre instituciones, sobre candidatos, sobre decisiones públicas y hasta sobre nuestra interpretación del país. Todo eso forma parte de una democracia. Pero ¿desde cuándo decorar una casa con los colores de Costa Rica tiene partido político? ¿Desde cuándo colocar una bandera significa estar contra alguien? ¿Desde cuándo celebrar la Independencia se convirtió en una provocación? A veces pareciera que algunas personas han decidido vivir permanentemente en oposición. Si uno critica, se enojan. Si uno propone, se enojan. Si uno guarda silencio, probablemente también encontrarán alguna razón para enojarse. Y ahora descubrí que incluso si uno decora la casa de azul, blanco y rojo también puede convertirse en objeto de ataque.

Una de dos: o algunas personas han empezado a sentirse tan identificadas con una corriente política que olvidaron que antes que cualquier cosa somos costarricenses, o han decidido simplemente estar en contra de absolutamente todo aquello que haga quien consideran su adversario. Y cualquiera de las dos posibilidades me parece triste, porque la patria no pertenece a un Gobierno, no pertenece a un presidente, no pertenece a un partido político, no pertenece a quienes apoyan ni a quienes adversan a determinada administración. Costa Rica es de todos. También de quienes pensamos diferente, también de quienes discutimos, también de quienes criticamos, también de quienes defendemos instituciones, de quienes cuestionamos decisiones y de quienes vemos el país desde lugares completamente distintos.

Por eso pienso seguir decorando mi casa. Voy a seguir poniendo banderas, voy a seguir hablando de la Independencia, voy a seguir disfrutando setiembre y voy a seguir sintiendo emoción cuando vea el azul, blanco y rojo por todas partes, porque esos colores no representan a ningún político: representan muchísimo más que eso. Y si las cosas son así, ya les advierto algo desde ahora: en noviembre pienso hacer comunicados diarios invitando a todo el mundo a decorar sus casas para Navidad. Con Santas, trineos, luces, pastoras, coronas, árboles y todo lo que se atraviese. Así que, con un poco de suerte, también “me paseo” en la Navidad de los chavistas y entonces no celebran nada.

Aunque pensándolo bien, creo que sí la van a celebrar, porque empiezo a sospechar que no se trata realmente de estar en contra de todo, sino solamente de estar en contra de aquello que, en determinado momento, creen que les conviene rechazar. Y eso me devuelve al tema original. Qué triste sería descubrir que ciertas personas han permitido que una preferencia política pese más que el cariño por la patria. Tal vez por ahí va la explicación. Tal vez ahora entiendo muchas cosas que antes no entendía.

Porque nunca imaginé que alguien pudiera molestarse porque otro costarricense decorara su casa para celebrar a Costa Rica. Pero aquí estamos. Y precisamente por eso, este año pienso poner todavía más banderas.

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