Antes de que despertemos, alguien ya está defendiendo nuestra comida

Mientras la mayoría de nosotros todavía duerme, alguien ya está despierto mirando el cielo. Antes de que suene nuestro despertador, antes de que preparemos café, antes de que pensemos en el tráfico, en la oficina o en las diligencias del día, hay agricultores costarricenses que ya están caminando entre cultivos, revisando hojas, tocando la tierra, mirando si la lluvia de la noche fue suficiente o excesiva, si el viento dañó algo, si apareció una plaga o si el frío golpeó más de la cuenta. Para muchos de nosotros la mañana empieza cuando abrimos los ojos. Para ellos puede haber empezado mucho antes, con una pregunta mucho más seria: ¿aguantó la cosecha?

Eso es algo que casi nunca vemos. Nosotros vemos el resultado final. Vemos la papa en una bolsa, el tomate rojo, la zanahoria limpia, la lechuga fresca, la leche en una botella. Todo llega a nosotros ordenado, empacado, dispuesto para comprar. Pero antes de ese momento hubo incertidumbre. Hubo noches en las que alguien se acostó sin saber exactamente con qué iba a encontrarse al amanecer. Hubo semanas de trabajo expuestas a una lluvia demasiado fuerte, a un sol demasiado seco, a una enfermedad del cultivo, a un aumento en los insumos o a un precio que bajó justo cuando llegó el momento de vender.

Por eso me cuesta escuchar cuando se habla de agricultura únicamente como si fuera una actividad más dentro de una tabla económica. No lo es. El agricultor asume riesgos que muchas veces no controla y que, sin embargo, pueden decidir el futuro de su familia. Si una cosecha falla, no se pierde solamente un producto. Se puede perder la capacidad de pagar una deuda, de sostener a trabajadores, de preparar la siguiente siembra o de mantener viva una finca que quizá lleva generaciones en la misma familia. Y aun así, al día siguiente vuelve a levantarse temprano y vuelve a intentarlo.

Hoy, en medio de la discusión sobre la incorporación de Costa Rica al Acuerdo Transpacífico, creo que esa realidad debería estar presente en cada conversación. Porque es muy fácil hablar de competencia, de apertura comercial y de oportunidades desde un escritorio. Mucho más difícil es pensar qué significa competir para alguien que ya vive expuesto al clima, al precio, a los intermediarios, al costo del combustible, a los fertilizantes, a la maquinaria y a todo aquello que puede hacer que una cosecha rentable deje de serlo.

No estoy diciendo que el agricultor costarricense deba ser protegido de cualquier cambio ni que el país deba cerrarse al comercio. Lo que digo es que no podemos analizar nuevas condiciones comerciales ignorando el punto desde el que parten nuestros productores. No todos compiten con las mismas herramientas ni bajo las mismas circunstancias. Si aumentamos la presión sobre quienes ya trabajan con márgenes estrechos y altos niveles de incertidumbre, tenemos que saber exactamente qué respaldo tendrán y qué pasará si esa competencia termina empujando a algunos fuera de la actividad.

Porque detrás de cada finca hay más de una vida. Está la familia del productor, están quienes trabajan con él, está el transportista, está quien compra insumos, está quien vende en la feria y, al final, estamos nosotros. La agricultura forma una cadena humana mucho más larga de lo que solemos imaginar. Cuando un agricultor pierde, muchas veces la pérdida no termina en su portón.

Tal vez por eso sería bueno que alguna mañana, antes de preparar el desayuno, pensemos por un momento en todo lo que tuvo que suceder antes para que ese alimento llegara hasta nosotros. Alguien sembró. Alguien esperó. Alguien arriesgó dinero. Alguien pasó una noche preocupado por el clima. Alguien se levantó antes que nosotros para revisar si todo seguía en pie.

Y quizá esa imagen nos ayude a entender mejor lo que está en juego. Porque mientras nosotros dormimos, hay personas que ya están trabajando para que el país siga comiendo. Y si queremos defender nuestra capacidad de producir alimentos, tenemos que empezar por reconocer eso. Antes de que despertemos, alguien ya está defendiendo nuestra comida.

Vinicio Jarquín

Sembramos nuestro futuro

Apacigua

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio