Las coaliciones: un nuevo reto para el votante

Metáfora

¿Les ha pasado que compran jocotes en la calle? Uno va manejando, se detiene en un semáforo y aparece alguien ofreciendo una bolsa. Todo sucede en segundos: preguntás cuánto cuestan, pagás, recibís el cambio y seguís tu camino. Si los jocotes vienen en una bolsa transparente, en una mirada rápida podés tener una idea bastante clara de lo que estás comprando. Ves los de arriba, los del centro y hasta algunos del fondo. No tenés tiempo de revisarlos uno por uno, pero la transparencia de la bolsa te permite, al menos, saber más o menos qué estás llevando.

Pero si la bolsa no es transparente, la cosa cambia. Solo podés ver los jocotes que están arriba. Pueden ser grandes, maduros, bonitos y perfectos, pero no sabés qué hay debajo. Tal vez todos estén igual de buenos. Tal vez no. La compra se convierte un poco en una lotería, no necesariamente porque alguien quiera engañarte, sino porque estás tomando una decisión sobre todo el contenido conociendo solamente una parte. Estás comprando la bolsa completa por lo que alcanzaste a ver arriba, y ahí es donde la metáfora empieza a parecerse demasiado a la política.

Las coaliciones

Una coalición puede ser perfectamente legítima. Distintos partidos pueden encontrar coincidencias, compartir objetivos y decidir presentarse juntos ante el electorado. Eso no tiene por qué ser malo. Incluso puede ser una manera válida de sumar fuerzas, construir acuerdos y presentar una opción común. Pero precisamente porque una coalición reúne a distintas fuerzas políticas, creo que exige al ciudadano un trabajo adicional. Ya no basta con conocer al candidato que aparece arriba de la bolsa. Hay que preguntarse quiénes están detrás, cuáles partidos la integran, qué principios tiene cada uno, quiénes son los demás candidatos, qué acuerdos hicieron, qué negociaron, cómo se financiarán y cuál será realmente el rumbo común.

Y posiblemente Costa Rica necesitará hacer justamente eso durante los próximos meses: mirar las coaliciones con lupa. No porque una coalición sea sospechosa por definición, ni porque debamos desconfiar automáticamente de quienes deciden unirse, sino porque cuando varias agrupaciones políticas se meten dentro de una misma bolsa, la responsabilidad del votante aumenta. El nombre de la coalición, su candidato más visible, sus colores, sus mensajes de campaña o la simpatía que nos produzca una de las personas que la integran no deberían ser suficientes para tomar una decisión. Si la bolsa no es transparente, hay que abrirla. Hay que preguntar. Hay que investigar. Hay que saber quién está arriba, quién está en el centro y quién está al fondo.

Porque cuando compramos jocotes en la calle, si el último salió malo simplemente lo tiramos y se acabó el problema. En política municipal no funciona así. Ahí no estamos comprando algo para comérnoslo en cinco minutos, sino escogiendo personas y agrupaciones que podrían quedarse tomando decisiones sobre nuestra comunidad durante cuatro años. Por eso, si antes bastaba con conocer bien a un candidato y a su partido, frente a una coalición la tarea es mucho más grande. Hay que revisar toda la bolsa.

Ese jocote de abajo podría quedarse en mi comunidad durante cuatro años. Cuidado con las bolsas que no son transparentes.

Nota: Terminé este artículo, se lo leí a una amiga y su comentario fue: «Preferiría que no estuvieras hablando de jocotes, sino de mamones».

Que entienda quien entienda.

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