
Señor, ayúdame a dirigir Apacigua desde mis principios cristianos.
Ayúdame a aceptar y respetar a todos, incluso a quienes piensan distinto a mí. Que nuestras diferencias siempre se expresen con respeto. Y ayúdame también a abrazar, desde mi lugar, a todas las personas, sin fijarme en dónde hayan puesto su fe, su esperanza o su espiritualidad.
Que mi voz no busque imponer la razón, sino apaciguar.
Hazme instrumento de tu paz.
Cuando yo vea odio, ayúdame a responder con amor. Si recibo una ofensa, enséñame a perdonar. Cuando haya discordia, permíteme acercar. Si alguien duda, no me dejes juzgar. Si hay desesperanza, recuérdame que siempre puede haber un mañana. Cuando todo parezca oscuro, déjame encender aunque sea una pequeña luz. Y si hay tristeza, que mi presencia lleve un poco de alegría.
Enséñame a dar el primer paso: a consolar, a comprender, a amar.
Y cuando tenga que decidir, regálame sabiduría para mirar más allá de lo evidente; entendimiento para escuchar incluso lo que no se dice; consejo para escoger el bien; fortaleza para sostenerme; conocimiento para aprender; y piedad para no olvidarme nunca de la humildad, la compasión y el servicio.
No quiero temerte, Dios. Quiero amarte y sentirme amado por vos, y que ese amor se refleje en cómo trato a los demás.
Y cuando el ruido me quiera sacar del centro, recordame por qué empezó todo esto:
para apaciguar.
Amén.