
Recientemente, la encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica reflejó un dato que no podemos pasar por alto: un altísimo porcentaje de personas asegura que sí irá a votar, pero todavía no sabe por quién. Ese grupo —los indecisos— es, en este momento, el verdadero protagonista de la campaña.
Si estas personas tuvieran clara su intención de apoyar el continuismo, muy probablemente lo habrían manifestado ya a favor de doña Laura Fernández, quien aparece con una ventaja significativa en la encuesta. Pero el hecho de que no lo hayan hecho podría interpretarse de otra manera: que su inclinación, consciente o no, es no seguir con el actual rumbo, aunque todavía no sepan a quién darle su voto.
Desde esa lectura, el país parece debatirse entre dos pulsos emocionales: continuar con lo conocido, representado por doña Laura y el peso político del presidente Rodrigo Chaves, o buscar una alternativa entre la amplia lista de opciones que están al otro lado del espectro electoral.
Y entonces, si la encuesta es correcta, y mi análisis es medianamente correcto, quiere decir que en este momento doña Laura Fernández tendría una intención de voto de aproximadamente un 25% del electorado, y el restante 75% estaría dividido entre todos los demás candidatos.
Eso, como ya lo dije, si el proceso llegara a una segunda ronda, podría cambiar completamente el panorama. Pero también es importante decirlo con humildad: puedo estar perfectamente equivocado.
Si doña Laura Fernández logra en la primera ronda alcanzar el porcentaje suficiente para ganar la presidencia, el debate se habrá cerrado: la mayoría decidió seguir con el continuismo, y esa es la expresión legítima de la voluntad popular.
Pero si no lo logra, el panorama cambia por completo. En una segunda ronda, el terreno sería más complicado. Es probable que muchos de los indecisos —que hoy representan una cifra altísima— terminen escogiendo entre los otros candidatos. Y eso haría la contienda mucho más reñida.
Y si la cosa es así, entonces creo que quienes están a favor del continuismo tendrán que trabajar muy duro para atraer votantes y lograr que doña Laura Fernández gane en la primera ronda, donde le resultará más fácil que en una segunda, porque ese 75% estaría repartido entre todos los demás candidatos y ella ya tendría su 25% asegurado, supuestamente.
Mientras tanto, quienes no están a favor del continuismo —o simplemente desean un cambio— deberían considerar apoyar al candidato no oficialista que tenga más posibilidades de dar una buena lucha, de manera que se pueda llegar a una segunda ronda.
Pero bueno, ya veremos qué sucede. Lo cierto es que esta elección se perfila como una de las más interesantes en años, con varios candidatos que, al menos en sus planes de gobierno, parecen realmente tener la intención de hacer algo bueno por el país.