Las distracciones del poder

Esta mañana leí un artículo de Jaime Ordóñez titulado “Lo que realmente importa”. En él, Ordóñez señala algo que muchos sentimos, pero pocos logramos poner en palabras: cómo, en medio de una crisis profunda, se nos distrae con temas menores, con titulares que buscan ruido, no conciencia.

Y mientras el país se hunde en problemas reales —narcotráfico, desempleo, deserción educativa, inseguridad, colapso institucional—, hay quienes deciden hablar de micrófonos, de misas, de teorías conspirativas o de decretos imposibles. Es la vieja técnica del prestidigitador: mientras todos miran la mano que se mueve, la otra esconde lo esencial.

No es nuevo. Es una estrategia emocional, diseñada para provocarte miedo, rabia o euforia, pero nunca pensamiento. Como bien explica Ordóñez, cuando reaccionas desde el cerebro límbico —el de las emociones—, pierdes la capacidad de razonar. Y eso es exactamente lo que el poder necesita para que nadie pregunte, para que nadie exija, para que nadie despierte.

Pero si algo necesita Costa Rica hoy no es más ruido, sino lucidez. No necesitamos más confrontación, sino inteligencia emocional. No más gritos, sino análisis. Porque cuando los políticos buscan dividirnos con símbolos y emociones, lo que están haciendo es robarte el derecho a pensar en conjunto.

Mientras ellos distraen con humo, los problemas crecen bajo el mantel. Y cuando despertemos, quizás ya no haya país que discutir.

Por eso, más que nunca, apacigua tu ser interior. No te dejes provocar. No reacciones a la emoción del momento. Piensa, analiza, elige con calma.
Porque cuando los poderosos te ofrecen espectáculo, lo que están intentando es que no veas el truco.

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