Costa Rica, Entre el ruido y la ceguera

Costa Rica fue, durante décadas, un ejemplo de estabilidad, de civismo, de respeto. Un país donde la palabra “paz” no era una etiqueta turística, sino una forma de vida. Pero hoy el espejo está agrietado.

Según un reciente artículo del periódico Le Monde, nuestra nación enfrenta una crisis creciente de narcotráfico y violencia: ya no somos solo país de tránsito, sino también de exportación, con cifras alarmantes de homicidios ligados al crimen organizado.
¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Por descuido? ¿Por omisión? ¿O por esa peligrosa indiferencia que se disfraza de normalidad?

No se trata de buscar culpables con nombre y apellido, sino de mirar hacia dentro y reconocer que algo profundo se rompió en el alma nacional.

Mientras los políticos se atacan entre sí, mientras los líderes religiosos callan o se acomodan, mientras los ciudadanos se insultan en redes como si eso fuera patriotismo, el país que conocimos —el país que fue modelo de educación, justicia y sensatez— se nos está deshaciendo entre los dedos.

Y mientras tanto, muchos gritan —sin leer, sin saber, sin investigar, sin entender, sin conciencia— que estamos mejor que nunca. Que hemos “abierto los ojos”, que “vamos para adelante”, que “estamos creciendo”. Ignorancia de ignorancias. Sumidos y cautivados por un tono y por un discurso, sin notar que bajo sus pies todo se tambalea y se pudre.

No ven que dentro de unos años podría no quedar nada de lo que hoy aún tenemos, o que el paisaje que conocemos se habrá transformado en algo irreconocible. Pero sí, dicen que vamos hacia adelante, que despertamos, que ahora vemos la verdad. ¿Abierto los ojos a qué? Pamplinas, fantoches.

Y sí, lo sé: no me salgan con que “finalmente hemos abierto los ojos a la corrupción”, porque no hemos abierto los ojos a nada. Tenemos cuarenta años de conocerla. Hoy aparece quien grita en micrófonos y pantallas sobre la corrupción y todos le aplauden. No se trata de decirlo ni de aplaudirlo, ni de que vengan a repetirnos lo que ya sabíamos: se trata de actuar, de hacer el trabajo para el que los contratamos, para el que le pagamos nosotros, no “otros”.
¿Que “quedó evidenciada”? ¿Qué hemos hecho contra la corrupción en casi cuatro años? Nada. ¿Quedó “evidenciada”? No. ¿Ya lo sabíamos o vivían en un planeta paralelo? Se nos ofrece un gran discurso de 30, 40, 50, 70 años de corrupción… que no resolvió nada.
Y mientras tanto, todos aplauden a quien declara lo que ya sabíamos, mientras por debajo a Costa Rica se la lleva el caño.

No me vengás con insultos ni con comentarios insolentes: usá ese tiempo para investigar cómo están los niveles de seguridad, el narcotráfico, el consumo de drogas, el Ministerio de Educación, la calidad educativa, la salud, la cultura. No perdás el tiempo insultando, porque igual te voy a bloquear. Si tenés un mínimo de curiosidad, andá y verificá cómo está Costa Rica; entonces sí, con orgullo y responsabilidad, vas y marcás una X por quien te parezca que de veras puede sacarnos del punto en el que estamos.

No repitás que esta es tu patria amada mientras actuás desde el resentimiento; lo que te seduce no es la verdad, es el tono: te identificás con el que grita como te gustaría gritar, y así mismo venís a comentar.

Costa Rica no necesita más gritos, necesita conciencia. Necesita ciudadanos que cuestionen, que lean, que investiguen, que exijan sin odio. Porque la democracia no muere cuando gana el equivocado: muere cuando el pueblo deja de pensar, y aplaude sin entender lo que aplaude.

Su ignorancia los hace cómplices. Porque el derecho al voto no es un juego de simpatías ni de frases fáciles: es una responsabilidad sagrada. Cada voto puede ser un ladrillo en la reconstrucción o un golpe más contra los cimientos del país.

No podemos seguirnos detrás de aquel que grita más fuerte o “habla como la calle” como si la simpleza bastara para gobernar. Deberíamos seguir a quien, con preparación, serenidad y amor por esta tierra, pueda salvar la Costa Rica que tuvimos. Esa Costa Rica que aún late debajo del ruido, esperando que alguien la despierte con conciencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio