Diecinueve posibilidades de ganar

Estamos frente a las elecciones presidenciales de 2026. Veinte partidos políticos, veinte candidatos a la presidencia, veinte personas luchando por lo que creen, por lo que quieren, por lo que sueñan… o, en algunos casos, por lo que les conviene. Cada uno de esos veinte candidatos tiene exactamente lo mismo: una posibilidad de ganar. Una entre veinte. Un número en la rifa democrática.

Pero al margen de ese tablero de candidatos, estamos nosotros. Vos. Yo. La ciudadanía. Apacigua tu ser interior. Y es aquí donde la lógica cambia por completo, porque mientras cada candidato carga con una sola posibilidad, nosotros tenemos diecinueve. Diecinueve formas de ganar. Diecinueve escenarios posibles en los que la democracia sigue viva, las instituciones se respetan y el poder se entrega cuando corresponde.

Visto así, la matemática es brutalmente clara: en realidad, solo hay una forma de perder. Una sola. Y eso quiere decir algo muy importante que a veces se nos escapa cuando el ruido sube: estamos mucho más cerca de la victoria de lo que algunos creen. Porque no dependemos de que gane “el correcto”, ese ideal perfecto que cada quien imagina. Dependemos, más bien, de que no gane el incorrecto. Dependemos de que el país no cruce esa línea que, una vez cruzada, cuesta décadas volver a desandar.

Apacigua tu ser interior no compite contra diecinueve candidatos. Compite contra una sola posibilidad. Y mientras el debate público se llena de gritos, de egos, de consignas vacías y de promesas infladas, acá hay algo mucho más simple y, paradójicamente, mucho más poderoso: la defensa de la democracia como base mínima. No como ideología. No como bandera partidaria. Como piso común que nos permite seguir en pie, discutir, reclamar, corregir y volver a elegir dentro de cuatro años.

Diecinueve números nos sirven. Diecinueve resultados nos mantienen dentro del juego democrático. Diecinueve escenarios permiten ajustar el rumbo, dialogar, mejorar y seguir construyendo país. Solo uno no. Por eso no estamos en desventaja, aunque a veces así se sienta. Estamos, de hecho, en una posición privilegiada si logramos leer el tablero con calma y no desde la ruleta emocional del miedo.

Y cuando se entiende esto, algo se ordena por dentro. El miedo baja, la ansiedad se acomoda y el camino se aclara. Porque cuando solo hay una forma de perder, defender diecinueve formas de ganar no es una utopía ingenua. Es una estrategia serena. Es madurez democrática. Es recordar que la verdadera victoria no es un nombre propio, sino que la democracia siga siendo posible.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio