Apaciguamiento 2.0

Estamos en la recta final.

Con el año viejo dejamos atrás la parte más oscura de estas elecciones. Dejemos también las frases negativas, los tonos ásperos y todo aquello que nos roba la paz y la armonía. No porque el conflicto no exista, sino porque no todo conflicto merece tu energía. Hay batallas que desgastan más de lo que construyen, y hay silencios que protegen más de lo que cualquier argumento podría hacerlo.

Recordá algo esencial: la democracia es la mamá de esta patria. Es el norte. Es el fin. Es el orgullo. Es lo que nos sostiene incluso cuando no estamos de acuerdo, incluso cuando pensamos distinto. Sin ella, nada de lo demás existe. No hay discusión posible, no hay derechos, no hay futuro compartido. Todo lo demás se apoya sobre esa base invisible que solo notamos cuando empieza a resquebrajarse.

No respondás mensajes de quienes, aun escribiendo con educación, no parecen respetar la democracia como vos la respetás. No porque sean malas personas, sino porque ya eligieron no escuchar. Ignoralos. No como desprecio, sino como un acto de cuidado personal y colectivo. Seguí adelante. Siempre hacia adelante. No todo intercambio merece tu tiempo ni tu calma.

Dejemos atrás el concepto del continuismo como eje emocional. No porque no exista, sino porque quedarse atrapados en lo que rechazamos nos obliga a mirar hacia atrás. Y un país no se construye mirando por el retrovisor. Enfoquémonos en la luz. En la victoria entendida no como la derrota del otro, sino como la afirmación serena de lo que sí queremos construir juntos.

Soltemos el discurso del “no más esto” y el “no más aquello”. Ese lenguaje nace del cansancio, no de la claridad. Empecemos a hablar, con intención y coherencia, de lo que sí queremos. Caminemos hacia la Costa Rica que somos, la que anhelamos, la que vive en nosotros y en la que nosotros vivimos todos los días, aun cuando no nos demos cuenta.

Que tus pensamientos se reflejen en tus acciones. Y que tus acciones se reflejen en tu forma de comunicar.

La maestría del apaciguamiento no es pasividad. Es dirección. Es elegir conscientemente hacia dónde poner la palabra, la atención y el corazón. Es dejar de reaccionar para empezar a avanzar. Es entender que la serenidad también es una forma de firmeza.

Vamos hacia donde queremos ir. De la mano de quien queremos ir. Sea cual sea la creencia que te sostenga. Vamos hacia adelante. Con fe. Con esperanza. Y con la serenidad de quien sabe que cuidar la democracia también es cuidar la forma en que se habla de ella.

Si la democracia fuera un “ella”, hoy estaría enojada. Furiosa con quienes usan su nombre para defender algo que no están defendiendo. Se sentiría usada. Asfixiada. Harta de que en su nombre se grite, se manipule y se justifique el abuso de poder o los intereses personales.

Tal vez diría: “Estoy para proteger, no para que se sirvan de mí. Antes de venir a defenderme, mírense a ustedes mismos. Hagan un examen de conciencia. No usen mi nombre para fines que no representan el bien común. Sean dignos de mi energía y de mi calidez”.

Basta ya de usar la democracia como escudo mientras se la hiere. Cuidarla también implica apaciguarse. Porque solo desde la claridad se protege lo que de verdad importa.

Finalmente, la democracia va a ganar, el país va a ganar y pronto dejaremos atrás este oscuro capítulo, para vivir, otra vez, en paz.

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