{"id":3122,"date":"2026-03-23T02:51:08","date_gmt":"2026-03-23T02:51:08","guid":{"rendered":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/?p=3122"},"modified":"2026-03-23T02:51:10","modified_gmt":"2026-03-23T02:51:10","slug":"transilvania","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/transilvania\/","title":{"rendered":"Transilvania"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Una historia de vida<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"800\" height=\"800\" data-src=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/IMG_6373.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-3123 lazyload\" data-srcset=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/IMG_6373.png 800w, https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/IMG_6373-300x300.png 300w, https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/IMG_6373-150x150.png 150w, https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/IMG_6373-768x768.png 768w\" data-sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 800px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 800\/800;\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Est\u00e1bamos en Transilvania, Rumania. Acab\u00e1bamos de visitar la casa en la que naci\u00f3 Vlad III de Valaquia, el Empalador, conocido como Dr\u00e1cula. Hay algo extra\u00f1o en esos lugares que uno conoce primero desde el mito y luego pisa en la vida real\u2026 como si la imaginaci\u00f3n no se apagara del todo cuando lleg\u00e1s, sino que m\u00e1s bien se quedara rondando, mezcl\u00e1ndose con lo que ves. El aire se sent\u00eda fr\u00edo, no solo por la temperatura, sino por una especie de silencio pesado que parec\u00eda quedarse pegado en las paredes de piedra, en las calles estrechas, en cada rinc\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasamos a almorzar a un lugar de apariencia completamente normal, muy cerca de esa casa. Tan normal\u2026 que casi resultaba sospechoso. Una puerta sencilla, madera algo gastada, un r\u00f3tulo discreto que apenas llamaba la atenci\u00f3n. Por dentro, el ambiente era tranquilo, pero con esa calma que no necesariamente es comodidad\u2026 m\u00e1s bien una pausa larga, como si el lugar estuviera conteniendo algo que no se ve a simple vista.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos sentamos. El sonido de las sillas al moverse sobre el piso de madera fue m\u00e1s fuerte de lo esperado, como si el espacio amplificara cada peque\u00f1o ruido. Hab\u00eda pocas mesas ocupadas, y las conversaciones se escuchaban en un murmullo bajo, en un idioma que no entend\u00edamos, pero que igual se sent\u00eda distante. Pedimos de comer, intentando seguir con el plan\u2026 almorzar y luego ir al castillo en el que, seg\u00fan la historia, vivi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero algo no terminaba de encajar.<\/p>\n\n\n\n<p>No era nada concreto. No hab\u00eda nada que se\u00f1alar directamente. Y sin embargo\u2026 hab\u00eda una sensaci\u00f3n. Esa incomodidad sutil que aparece cuando todo parece estar en su lugar\u2026 pero algo dentro te dice que prestes atenci\u00f3n. Como si el cuerpo percibiera algo antes que la mente.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo parec\u00eda moverse distinto ah\u00ed adentro. M\u00e1s lento. M\u00e1s denso.<\/p>\n\n\n\n<p>Y mientras esper\u00e1bamos la comida, con esa mezcla entre curiosidad y una ligera tensi\u00f3n que no sab\u00edas explicar del todo\u2026 el ambiente se manten\u00eda igual. Quieto. Demasiado quieto.<\/p>\n\n\n\n<p>Afuera, sab\u00edas que el d\u00eda segu\u00eda. Que el itinerario estaba claro. Que despu\u00e9s vendr\u00eda el castillo, otro punto m\u00e1s en la lista.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en ese momento\u2026 sentado ah\u00ed, en ese lugar aparentemente normal, a pocos metros de donde naci\u00f3 una de las historias m\u00e1s oscuras que ha contado la humanidad\u2026 algo empezaba a sentirse diferente.<\/p>\n\n\n\n<p>Como si ese almuerzo no fuera solo una pausa en el camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Como si apenas estuviera comenzando algo m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Ped\u00ed el ba\u00f1o\u2026 o que me indicaran d\u00f3nde estaba. No hubo mayor explicaci\u00f3n. Alguien, sin expresi\u00f3n, sin gesto, casi como si no le importara si entend\u00eda o no, se\u00f1al\u00f3 hacia una columna. Al lado, unas begonias negras que no terminaban de sentirse naturales. Como si estuvieran ah\u00ed no para decorar, sino para marcar algo. Me dijo que girara a la izquierda\u2026 que bajara las gradas.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Y uno, en ese estado de turista tranquilo, en un lugar lejano, donde todo parece parte de la experiencia\u2026 simplemente hace caso.<\/p>\n\n\n\n<p>Empec\u00e9 a caminar hacia all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Al girar en la columna, algo cambi\u00f3. No de forma brusca\u2026 pero s\u00ed clara. La estructura ya no era la misma. Lo que arriba se sent\u00eda sencillo, casi cotidiano, abajo empezaba a volverse m\u00e1s antiguo\u2026 m\u00e1s pesado. Y ah\u00ed estaban las escaleras. Grandes. Anchas. Imponentes. No eran unas gradas cualquiera. Eran de esas que no solo se usan\u2026 se atraviesan.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda algo en ellas que ped\u00eda respeto. Que suger\u00eda cautela. Pero no lo not\u00e9. O tal vez lo not\u00e9\u2026 y decid\u00ed ignorarlo. Y empec\u00e9 a bajar.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos pisos hacia abajo que no se sent\u00edan como dos pisos. Cada paso parec\u00eda alargar el espacio, como si el lugar se estirara hacia abajo m\u00e1s de lo que deb\u00eda. La luz se iba apagando poco a poco, no de golpe, sino en capas. Primero tenue\u2026 luego escasa\u2026 luego casi inexistente. El sonido tambi\u00e9n cambiaba. Mis pasos ya no sonaban igual. Se escuchaban m\u00e1s\u2026 huecos. M\u00e1s profundos.<\/p>\n\n\n\n<p>Como si no estuviera solo. O como si el lugar no estuviera vac\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar abajo, el aire era distinto. M\u00e1s fr\u00edo. M\u00e1s denso. Frente a m\u00ed, una reja cerraba un arco de piedra. No era una puerta cualquiera\u2026 era de esas que no invitan a cruzar. Era m\u00e1s bien una advertencia. Una frontera. Un \u201chasta aqu\u00ed\u201d. Impenetrable.<\/p>\n\n\n\n<p>Gir\u00e9 a la derecha, siguiendo un peque\u00f1o signo que indicaba caballeros. Un detalle casi absurdo en medio de ese ambiente. Como si intentara normalizar algo que claramente no lo era. Y ah\u00ed encontr\u00e9 el lugar donde har\u00eda mi necesidad inmediata.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ya no era solo eso. Ya no era solo un ba\u00f1o. Hab\u00eda cruzado algo. Y lo sab\u00eda\u2026 aunque no supiera exactamente qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras de pie evacuaba el exceso de l\u00edquidos de mi cuerpo, la mente hizo algo curioso\u2026 empez\u00f3 a recorrer el d\u00eda completo. Como si necesitara ubicarse. Como si, de pronto, hiciera falta entender c\u00f3mo hab\u00eda llegado hasta ah\u00ed. Y en ese recorrido interno apareci\u00f3 la imagen completa, casi de golpe: estaba en Transilvania, a pocos metros de la casa donde naci\u00f3 Dr\u00e1cula\u2026 dos pisos bajo tierra\u2026 solo\u2026 expuesto.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la palabra apareci\u00f3 sin pedir permiso. V\u00edctima.<\/p>\n\n\n\n<p>No porque algo hubiera pasado\u2026 sino porque algo pod\u00eda pasar.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en ese instante, un fr\u00edo me recorri\u00f3 la espalda. No era el fr\u00edo del lugar\u2026 era otro. M\u00e1s interno. M\u00e1s profundo. De esos que no vienen de afuera, sino de la conciencia repentina de d\u00f3nde est\u00e1s, de c\u00f3mo est\u00e1s\u2026 y de lo poco que controlas. La piel se eriz\u00f3 sin consultar. El cuerpo entendi\u00f3 antes que la cabeza. Y todo lo que antes hab\u00eda sido curiosidad\u2026 se convirti\u00f3 en alerta.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed tom\u00e9 consciencia de todo. Del inicio\u2026 y de un posible final.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque cuando el miedo aparece as\u00ed, sin l\u00f3gica clara, no necesita explicaci\u00f3n. Se instala. Se expande. Y empieza a llenar los espacios con posibilidades. No con hechos\u2026 con posibilidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Termin\u00e9. Sin pasar al lavatorio. Sin detenerme. Sin pensar en nada m\u00e1s que salir de ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Emprend\u00ed la caminata de regreso. O tal vez\u2026 de huida.<\/p>\n\n\n\n<p>Abr\u00ed la puerta y empec\u00e9 a subir. Las mismas escaleras, pero ahora completamente distintas. Ya no eran imponentes\u2026 eran largas. Demasiado largas. Cada paso se sent\u00eda m\u00e1s r\u00e1pido, m\u00e1s urgente, pero el trayecto no parec\u00eda acortarse. La luz segu\u00eda siendo poca. El eco de mis pasos, m\u00e1s fuerte. Como si el lugar supiera que quer\u00eda irme.<\/p>\n\n\n\n<p>Y a medio camino\u2026 todav\u00eda con el cuerpo en alerta, todav\u00eda con ese fr\u00edo instalado\u2026 me top\u00e9 con una se\u00f1ora. Tal vez turista como yo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sonri\u00f3. Una sonrisa normal. Demasiado normal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEl ba\u00f1o? \u2014me pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en ese instante\u2026 algo no calz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque para ella\u2026 era solo un ba\u00f1o. Pero para m\u00ed\u2026 ya no lo era. Esa fue mi oportunidad.<\/p>\n\n\n\n<p>No de ayudar\u2026 no de orientar\u2026 sino de hacer algo mucho m\u00e1s sutil y, al mismo tiempo, mucho m\u00e1s humano. Transferir. Pasar ese miedo que ya no quer\u00eda sostener solo. Esa sensaci\u00f3n que se hab\u00eda instalado en el cuerpo sin permiso, esa incomodidad que no sab\u00eda explicar\u2026 y que, en ese instante, pod\u00eda dejar de ser \u00fanicamente m\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en ese momento lo entend\u00ed. Si no soy el \u00fanico\u2026 deja de ser tan pesado.<\/p>\n\n\n\n<p>Entrecerr\u00e9 los ojos apenas. Lo suficiente para enfocar. La mir\u00e9 directo. Sostuve la mirada con una calma que no s\u00e9 de d\u00f3nde sali\u00f3, pero que apareci\u00f3 justo cuando la necesit\u00e9. Baj\u00e9 un poco la voz\u2026 la hice m\u00e1s grave\u2026 m\u00e1s lenta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Dos gradas hacia abajo\u2026 y gire a la izquierda.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada palabra la dije con intenci\u00f3n. No como quien da una indicaci\u00f3n\u2026 sino como quien deja caer algo en el otro. Como si las palabras no se quedaran en el aire, sino que entraran, que resonaran, que se acomodaran dentro de su cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hice una pausa breve.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014En la reja\u2026 gire a la derecha\u2026 no toque la reja.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed estuvo el detalle. No toque la reja. No era necesario decirlo. Pero lo dije.<\/p>\n\n\n\n<p>Respir\u00e9 profundo. Sin quitarle la mirada. Sin cambiar la expresi\u00f3n. Como si todo fuera completamente normal\u2026 o como si nada lo fuera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Buenas tardes.<\/p>\n\n\n\n<p>Y segu\u00ed subiendo. Ya no igual. Ya no con el mismo peso. Hab\u00eda algo que se hab\u00eda movido. Algo que ya no cargaba solo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y mientras sub\u00eda, con cada escal\u00f3n acerc\u00e1ndome nuevamente a la luz, a lo conocido, a lo seguro\u2026 no pude evitar notar una sensaci\u00f3n distinta.<\/p>\n\n\n\n<p>No era alivio. Era otra cosa. Una mezcla extra\u00f1a entre control\u2026 y conciencia. Porque a veces, el miedo no desaparece. Solo cambia de lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pude notar c\u00f3mo el rostro de la se\u00f1ora cambi\u00f3. Fue sutil, pero suficiente. Esa sonrisa tranquila con la que me hab\u00eda detenido empez\u00f3 a desdibujarse, como si algo se hubiera filtrado por dentro sin pedir permiso. Y en ese instante lo supe\u2026 lo hab\u00eda logrado. Hab\u00eda hecho exactamente eso que, segundos antes, parec\u00eda casi instintivo: transferir. Pasar ese miedo, esa incomodidad, esa sensaci\u00f3n que ya no quer\u00eda cargar solo.<\/p>\n\n\n\n<p>Segu\u00ed subiendo las gradas, pero ya no era el mismo trayecto. Algo en m\u00ed se hab\u00eda aligerado\u2026 y algo en ella, probablemente, empezaba a pesar. Y ah\u00ed apareci\u00f3 una idea, casi con un toque de iron\u00eda que no pude evitar reconocer: mis miedos llegaron mientras orinaba\u2026 los de ella, gracias a mi necesidad \u2014o tal vez sed\u2014 de no ser el \u00fanico, le llegaron mucho antes.<\/p>\n\n\n\n<p>Y a un cuerpo que, para hacer sus necesidades, tendr\u00eda que sentarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay algo casi inevitable en eso. En c\u00f3mo, a veces, lo que no sabemos procesar\u2026 lo desplazamos. Lo soltamos donde podemos, como podemos. No siempre con mala intenci\u00f3n, pero tampoco con plena conciencia. Y en ese peque\u00f1o intercambio, en ese cruce de miradas y palabras, pas\u00f3 algo que va m\u00e1s all\u00e1 de ese momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque el miedo no siempre se queda donde nace. A veces viaja.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces se mueve de una persona a otra, de una historia a otra, de una mente a otra\u2026 sin que nadie lo note del todo. Y en ese movimiento, se transforma, se amplifica, o simplemente cambia de lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Y mientras terminaba de subir, acerc\u00e1ndome otra vez a la luz, al ruido del restaurante, a lo cotidiano\u2026 algo dentro tambi\u00e9n empez\u00f3 a acomodarse. No como quien resuelve algo\u2026 sino como quien se da cuenta de algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Que no todo lo que sent\u00eds es solo tuyo. Y que no todo lo que solt\u00e1s\u2026 desaparece. A veces\u2026 solo encuentra otro lugar donde quedarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya arriba, entre el \u00faltimo escal\u00f3n y la mesa, saqu\u00e9 el celular y llam\u00e9 a mi t\u00edo en Costa Rica, quien es un experto en miedos y terrores, y que los practic\u00f3 conmigo durante mi ni\u00f1ez.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo llam\u00e9 para contarle lo vivido y la forma en que lo manej\u00e9. Le habl\u00e9 de las gradas, de la oscuridad, de la reja\u2026 y de c\u00f3mo hab\u00eda logrado transferirle el miedo a la se\u00f1ora.<\/p>\n\n\n\n<p>Termin\u00e9 mi historia, dejando un silencio natural, esperando su reacci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Del otro lado no hubo risa. No hubo comentario. Solo una pregunta. La pregunta que har\u00eda un experto del terror:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY la se\u00f1ora estar\u00eda viva?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una historia de vida Est\u00e1bamos en Transilvania, Rumania. 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