{"id":385,"date":"2025-07-02T16:37:18","date_gmt":"2025-07-02T16:37:18","guid":{"rendered":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/?p=385"},"modified":"2025-08-04T03:04:15","modified_gmt":"2025-08-04T03:04:15","slug":"cirugia-de-cataratas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/cirugia-de-cataratas\/","title":{"rendered":"Cirug\u00eda de cataratas"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"1000\" height=\"667\" data-src=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/4163fa65-799b-431e-9c2a-0d85398b6917.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-387 lazyload\" data-srcset=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/4163fa65-799b-431e-9c2a-0d85398b6917.png 1000w, https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/4163fa65-799b-431e-9c2a-0d85398b6917-300x200.png 300w, https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/4163fa65-799b-431e-9c2a-0d85398b6917-768x512.png 768w\" data-sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 1000px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 1000\/667;\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>30 de junio de 2025<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Amigos!<\/p>\n\n\n\n<p>Ma\u00f1ana tengo cirug\u00eda de catarata. Agradezco sus oraciones, buenas vibras y buenos deseos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>1 de julio 2025<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>MENSAJE DICTADO: disculpen las faltas<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que pas\u00f3 hoy con la cirug\u00eda de cataratas<\/p>\n\n\n\n<p>Hace alg\u00fan tiempo, la doctora me dijo que ten\u00eda cataratas en los dos ojos y que hab\u00eda que esperar a que maduraran. Lo dijo con esa calma que tienen los m\u00e9dicos cuando no quieren asustarte, pero que igual uno sabe que en alg\u00fan momento se viene algo. Yo lo acept\u00e9 tranquilo. Despu\u00e9s de todo, ver borroso no era lo peor que pod\u00eda pasarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo curioso es que maduraron muy r\u00e1pido. Casi de un d\u00eda para otro not\u00e9 la diferencia. Est\u00e1bamos en San Jos\u00e9, todo estaba bien. Cogimos un vuelo y, al aterrizar en nuestro destino, fue como si el mundo se hubiera vuelto de ne\u00f3n. Los postes parec\u00edan ruedas de Chicago, con un halo de colores bailando a su alrededor. Como si alguien hubiera encendido una feria detr\u00e1s de cada luz. En ese momento supe que ya estaban listos. Que el momento hab\u00eda llegado.<\/p>\n\n\n\n<p>Al regresar, y al poco tiempo, fui de nuevo a consulta. La doctora me volvi\u00f3 a revisar y me dijo que s\u00ed, que ya estaban de operar, que cuando yo quisiera. Y lo programamos. Sab\u00edamos que ven\u00edan semanas con muchas actividades importantes, viajes, salidas, cosas que no se pueden postergar. As\u00ed que elegimos la primera fecha disponible.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy fue el d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegamos a la cl\u00ednica con todo claro: las instrucciones preoperatorias, las posoperatorias, y una mezcla rara de tranquilidad y expectativa. Me pasaron a una salita, me pidieron que me pusiera esa bata hospitalaria que nadie se ve bien con ella \u2014ni George Clooney en urgencias\u2014 y me sent\u00e9 a esperar. (\u00a1Mentira! George s\u00ed)<\/p>\n\n\n\n<p>En ese momento lleg\u00f3 mi doctora a saludar. Me volvi\u00f3 a explicar, con la misma paciencia y ternura, lo que ya me hab\u00eda dicho antes. Que iba a estar despierto todo el tiempo. Que me pegar\u00eda el p\u00e1rpado arriba para poder trabajar mejor. Que iba a sentir algunas cosas, cosquilleos, presiones leves. Que nada ser\u00eda demasiado molesto. Que se apoyar\u00eda en mi frente y en mis mejillas. Que lavar\u00eda constantemente el ojo, as\u00ed que sentir\u00eda el agua bajando por mi cuello. Que tratara de mantener la mirada fija en una luz mientras ella trabajaba. Y que me ir\u00eda dando indicaciones durante el proceso.<\/p>\n\n\n\n<p>La escuch\u00e9 con atenci\u00f3n, como si cada palabra suya fuera parte del tratamiento. Y respir\u00e9 hondo. Porque ya est\u00e1bamos en eso.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez que la doctora me dio todas las instrucciones y se fue, vino una enfermera \u2014tranquila, amable\u2014 y me llev\u00f3 a la sala de operaciones. Caminamos por un pasillo que no recuerdo bien, porque iba m\u00e1s pendiente de mi respiraci\u00f3n que del entorno. Entramos. Me pidi\u00f3 que me recostara en una camilla, obviamente boca arriba, y lo hice con cuidado, como quien empieza un viaje raro, interno, silencioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pusieron una cobija encima. Era delgada, pero daba una sensaci\u00f3n de contenci\u00f3n. Luego comenzaron a conectar las cosas. Un medidor de presi\u00f3n en el brazo, un medidor de ox\u00edgeno en un dedo, tapones en el torso para medir el ritmo cardiaco, y luego la parte que m\u00e1s me cuesta: la v\u00eda. Me la colocaron en la mu\u00f1eca, y s\u00ed, doli\u00f3. Esas agujas gruesas nunca pasan desapercibidas. Apret\u00e1s los dientes, fing\u00eds que no duele tanto, pero s\u00ed duele. Y despu\u00e9s otra en el brazo, por si hac\u00eda falta otra entrada. Yo respiraba lento. No estaba nervioso, pero s\u00ed estaba alerta. Como cuando est\u00e1s a punto de algo importante.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya recostado, rodeado de esas peque\u00f1as atenciones cl\u00ednicas, escuch\u00e9 que la puerta se abr\u00eda. Era ella. Mi doctora. Lleg\u00f3 preguntando si todo estaba listo. Una presencia firme, serena, que me tranquiliz\u00f3 con solo verla. Uno de los asistentes respondi\u00f3: \u201csolo falta una gota\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa gota era para m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pusieron unas gotas en el ojo derecho, las \u00faltimas antes de empezar. Y entonces \u00e9l dijo: \u201cya est\u00e1n listos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Se supon\u00eda que yo ten\u00eda que estar atento. Que deb\u00eda seguir instrucciones. Que cuando la doctora me dijera que moviera el ojo, que mirara hacia la luz, que no parpadeara o que me quedara muy quieto, yo responder\u00eda con precisi\u00f3n. As\u00ed lo hab\u00edamos conversado. Ella me lo hab\u00eda explicado con mucho detalle: que sentir\u00eda agua cayendo, que podr\u00eda notarla apoyada en mi frente, sus dedos firmes en mis mejillas, que escuchar\u00eda voces, ruidos del procedimiento. Que estar\u00eda presente en todo momento. Y yo lo entend\u00ed. Estaba preparado para estar ah\u00ed, completamente consciente.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero mi cuerpo ten\u00eda otros planes.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde hace a\u00f1os s\u00e9 que tengo una particularidad con la anestesia: mi cuerpo la absorbe con rapidez inusual. No es tolerancia. Es otra cosa. La dentista que me ha atendido durante mucho tiempo ya lo sabe bien: mientras a un paciente promedio le basta una sola dosis, a m\u00ed me tiene que aplicar tres o cuatro en un solo procedimiento. Un d\u00eda, ella misma me sugiri\u00f3 que siempre informara de esto a cualquier anestesista antes de cualquier intervenci\u00f3n. Lo tom\u00e9 como una instrucci\u00f3n vital.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed lo hice esta vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando llegamos a la cl\u00ednica, me asegur\u00e9 de hablar con el anestesista. Le cont\u00e9 mi condici\u00f3n. Le dije con claridad: mi cuerpo absorbe muy r\u00e1pido la anestesia, me despierto con facilidad. Al principio me mir\u00f3 con una ceja arqueada y me pregunt\u00f3: \u201c\u00bfQu\u00e9 quiere decir? \u00bfQue con poquita le hace?\u201d No, no era eso. Le expliqu\u00e9 de nuevo. Necesito que sepa que mi cuerpo neutraliza muy r\u00e1pido cualquier intento de dormirme. Para que est\u00e9 preparado. Y aunque por un momento me pareci\u00f3 que no le dio importancia, algo en su reacci\u00f3n posterior me tranquiliz\u00f3. Creo que s\u00ed lo tom\u00f3 en serio, porque adem\u00e1s la doctora, en mi presencia, tambi\u00e9n se lo dijo. Y seguramente \u00e9l aplic\u00f3 tanto a estos 66 kilitos, que me rulearon por completo. \u00a1Qu\u00e9 bendici\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>Y bueno, vuelvo al momento clave. Me recost\u00e9 en la camilla. Me pusieron la cobija, el monitor de presi\u00f3n, las v\u00edas. Escuch\u00e9 que alguien dijo \u201cya est\u00e1 listo\u201d. Me pusieron la \u00faltima gota en el ojo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ah\u00ed se detiene mi memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo pr\u00f3ximo que recuerdo fue cuando me estaban ayudando a subirme a una silla de ruedas. Como si se hubiera cortado la pel\u00edcula y me hubieran sacado de la sala de edici\u00f3n. No recuerdo voces, luces, indicaciones, ni sensaciones. Nada. Absolutamente nada. No sent\u00ed el agua cayendo por mi cuello, no escuch\u00e9 instrumentos, no percib\u00ed la mano de la doctora apoyada en mi frente. La cirug\u00eda entera se fue en un vac\u00edo profundo, como una noche sin sue\u00f1os. Me durmieron profundamente, eso est\u00e1 claro.<\/p>\n\n\n\n<p>Salimos del quir\u00f3fano y me llevaron al vestidor. Luis Fer me ayud\u00f3 a vestirme. Salimos de la cl\u00ednica, llegamos al carro. Y luego, finalmente, a casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Norma, mi querida amiga, me ten\u00eda lista una sopa de carne. Humeante, generosa, esper\u00e1ndome con papas, arroz y cari\u00f1o. No me dio carne \u2014\u201cmejor no todav\u00eda, despu\u00e9s del ayuno\u201d, dijo ella\u2014 pero el caldo y las papas sab\u00edan a hogar. A premio. A que todo hab\u00eda salido bien. Me com\u00ed aquello con gusto, con un hambre mansa, como quien vuelve del otro lado con agradecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s me acost\u00e9 a dormir un rato m\u00e1s. Cerr\u00e9 el ojo operado y el que no, y descans\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo sali\u00f3 bien. Todo sali\u00f3 perfecto. Y ma\u00f1ana, a las nueve en punto, tendr\u00e9 la cita de revisi\u00f3n con la doctora. Ah\u00ed veremos con m\u00e1s claridad \u2014literal y simb\u00f3licamente\u2014 c\u00f3mo qued\u00f3 todo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2 de julio de 2025<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>D\u00eda 1 despu\u00e9s de la cirug\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La noche fue tranquila.<\/p>\n\n\n\n<p>No hubo dolor, ni molestias, ni sensaciones extra\u00f1as. Ninguna secreci\u00f3n, ninguna alarma. Dorm\u00ed bien, con una paz que no esperaba tener tan pronto despu\u00e9s de una cirug\u00eda. Lo \u00fanico que not\u00e9 fue que este ojo, el derecho \u2014el que fue intervenido\u2014 es el que m\u00e1s me llora. Muy poquito, pero m\u00e1s que el izquierdo. Tal vez sea normal. Tal vez sea simplemente que ahora est\u00e1 m\u00e1s despierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante la noche, en un par de ocasiones, sent\u00ed que me hab\u00eda tocado el parche. Ese escudo pl\u00e1stico c\u00f3ncavo, r\u00edgido, que cubre el ojo como si fuera una burbuja protectora. Y s\u00ed, me di cuenta de algo importante: el parche cumple su funci\u00f3n. Porque si no lo hubiera tenido, probablemente me habr\u00eda rascado o tocado el ojo sin querer. Dormir con \u00e9l es inc\u00f3modo, pero claramente necesario.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta ma\u00f1ana, al despertar, sent\u00ed el ojo m\u00e1s despejado. Me quit\u00e9 el parche con cuidado, y la primera sorpresa fue con el ojo izquierdo \u2014el que a\u00fan no ha sido operado\u2014: est\u00e1 viendo bastante bien. Tal vez mejor que en d\u00edas anteriores. Pero lo verdaderamente impresionante fue el ojo derecho. Ese s\u00ed ve <em>s\u00faper bien<\/em>. N\u00edtido. Claro. Como si me hubieran limpiado una ventana que llevaba tiempo empa\u00f1ada.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso s\u00ed, mientras tengo puesto el parche, la visi\u00f3n se distorsiona. Porque este pl\u00e1stico con huequitos, que refleja la luz, me interfiere con lo que intento ver. Y s\u00ed, a ratos pienso que es inc\u00f3modo andar as\u00ed. Pero cuando lo comparo con la magnitud del procedimiento por el que acabo de pasar \u2014que me abrieran el ojo, trabajaran dentro de \u00e9l, y hoy est\u00e9 viendo as\u00ed de bien\u2014, solo puedo quedarme en silencio ante el asombro. La medicina y la tecnolog\u00eda, en serio, son impresionantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora me toca quitarme el parche para ba\u00f1arme. Cerrar los ojos, hacerlo con cuidado, sin apuros. Y luego nos iremos donde la doctora. Quiero contarle todo esto. Y quiero que vea lo bien que estoy. Porque lo estoy.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cita con la Dra. Iris Chin<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esta ma\u00f1ana tuve la primera cita de control postoperatorio con la Dra. Iris Chin. Me revisaron el ojo en dos m\u00e1quinas distintas, con esas luces intensas que uno apenas puede mirar fijamente sin entrecerrar los p\u00e1rpados, y seg\u00fan la doctora, todo est\u00e1 perfecto. No \u201cbien\u201d, no \u201caceptable\u201d. <em>Perfecto<\/em>. Esa fue la palabra que us\u00f3, y me la guardo como quien guarda una medalla en el pecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Me explic\u00f3 que la herida que dej\u00f3 la cirug\u00eda es m\u00ednima: apenas 2.5 mm. Sin embargo, cuando ella siente que una herida no ha cerrado exactamente como quiere, prefiere asegurarse y colocar un punto de sutura. En mi caso, eso hizo. Ese peque\u00f1o punto ser\u00e1 retirado en dos o tres semanas, dependiendo de c\u00f3mo evolucione.<\/p>\n\n\n\n<p>Reforz\u00f3 las recomendaciones que ya conoc\u00eda: evitar el polvo, no mojar el ojo, no hacer esfuerzos f\u00edsicos, y usar anteojos oscuros cuando salga a la calle, no tanto por el sol, sino para proteger del viento y el polvo. Los anteojos deben ser sin aumento. En unas cuatro o cinco semanas, despu\u00e9s de operado el segundo ojo, podremos hacer la medici\u00f3n para saber si voy a necesitar lentes para leer o si, con suerte, quedar\u00e1 todo perfectamente corregido.<\/p>\n\n\n\n<p>Me dio permiso para hacer vida normal \u2014dentro de los l\u00edmites, claro\u2014. Puedo usar la computadora, el tel\u00e9fono, puedo pintar, especialmente si lo hago desde la segunda mesa, viendo hacia abajo, sin ning\u00fan problema.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la cita, fuimos a la \u00f3ptica. Tom\u00e9 mis anteojos de siempre y les pedimos que quitaran el lente derecho. Ahora, el lente izquierdo sigue igual que siempre, mientras que el ojo derecho va descubriendo su nueva manera de ver el mundo. A veces siento como si dentro de mi cabeza una lente de c\u00e1mara estuviera ajust\u00e1ndose, movi\u00e9ndose hacia adelante, buscando el mejor encuadre. Mi pobre cerebro est\u00e1 haciendo malabares para encontrar un equilibrio entre la vida vieja y esta nueva visi\u00f3n que se abre paso.<\/p>\n\n\n\n<p>Y claro\u2026 cuando me operen el otro ojo, dejar\u00e9 de usar anteojos. No crean que voy a ser tan tonto como para pedir que me quiten el segundo lente y andar por ah\u00ed con los aros vac\u00edos. <em>Jaja.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La siguiente operaci\u00f3n ser\u00e1 el pr\u00f3ximo martes. Y el mi\u00e9rcoles tendr\u00e9 nuevamente la cita con la doctora. Seguimos el proceso.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando escrib\u00ed en redes sobre la cirug\u00eda, lo hice con la esperanza de que mis amigos me enviaran buena vibra, oraciones, pensamientos positivos. Y as\u00ed fue. Muchos \u201cme gusta\u201d, muchos mensajes de apoyo. Aunque no estaba nervioso, yo s\u00ed necesitaba esa energ\u00eda: paz, tranquilidad, esperanza. Pero con el tiempo me di cuenta de que no todo se trataba de m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos amigos me escribieron. Ambos tendr\u00e1n procedimientos similares dentro de poco. Y me contaron que lo que he compartido les ha ayudado a estar m\u00e1s tranquilos, a saber qu\u00e9 esperar, a perder un poco el miedo. As\u00ed que seguir\u00e9 escribiendo, aunque sea en textos m\u00e1s cortos, este d\u00eda a d\u00eda visual. Porque si puede servirle a alguien m\u00e1s, entonces vale doble.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto tambi\u00e9n ir\u00e1 para el blog. Y para m\u00ed. Porque esta historia no es solo de ojos: es de luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, en medio de la revisi\u00f3n con la doctora Iris Chin, le coment\u00e9 algo que me pareci\u00f3 importante: que a una amiga m\u00eda le iban a hacer la cirug\u00eda de cataratas en ambos ojos el mismo d\u00eda. Le pregunt\u00e9 qu\u00e9 pensaba ella de eso. Si lo recomendaba. Y su respuesta fue clara: <em>no<\/em>. Me dijo que ella no lo hace, que no lo recomienda y que, de hecho, ella nunca se lo har\u00eda a s\u00ed misma. Fue enf\u00e1tica. Solo opera los dos ojos en el mismo d\u00eda en casos muy espec\u00edficos o extremos, como por ejemplo en personas con s\u00edndrome de Down, donde es preferible hacer todo en una sola intervenci\u00f3n bajo anestesia general, para no exponer al paciente a dos situaciones de estr\u00e9s, incomodidad o riesgo.<\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00ed me gust\u00f3 escuchar eso. Me dio confianza saber que no estaba frente a una doctora que hace las cosas por rapidez o conveniencia, sino con criterio, con cuidado, y pensando en la experiencia del paciente desde la empat\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y hablando de anestesia, le cont\u00e9 que yo no recordaba absolutamente nada de la cirug\u00eda. Nada. Cero. Como si me hubieran apagado un switch y encendido otro despu\u00e9s. Ella me explic\u00f3 que eso tambi\u00e9n es parte del efecto de la anestesia: produce amnesia, tanto antes como despu\u00e9s del procedimiento. No siempre, pero s\u00ed es com\u00fan. En mi caso, como le hab\u00edamos advertido al anestesista que mi cuerpo absorbe la anestesia muy r\u00e1pido, probablemente \u00e9l decidi\u00f3 poner una dosis un poco m\u00e1s alta. Y eso hizo que no solo estuviera relajado, sino completamente dormido durante toda la cirug\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que esa \u201camnesia anest\u00e9sica\u201d fue, en mi caso, una bendici\u00f3n. Dorm\u00ed profundamente. Y hoy, literalmente, amanec\u00ed viendo mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n le coment\u00e9 a la doctora algo que me hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n: que a una amiga le hab\u00edan pedido que escogiera el tipo de lente intraocular que le iban a poner. Que si multifocal, monofocal, con filtro de no s\u00e9 qu\u00e9, con correcci\u00f3n para cerca o para lejos, y un mont\u00f3n de opciones m\u00e1s. A m\u00ed, en cambio, nadie me pregunt\u00f3 nada. Nadie me dio un cat\u00e1logo ni me habl\u00f3 de elecciones. Solo me operaron.<\/p>\n\n\n\n<p>Y se lo dije. No como queja, sino como curiosidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella sonri\u00f3 \u2014como solo sonr\u00ede alguien que sabe lo que est\u00e1 haciendo\u2014 y me explic\u00f3 que ella escoge el mejor lente, de una vez. Que no hace falta marear al paciente con opciones t\u00e9cnicas que muchas veces no entiende o que lo angustian m\u00e1s de lo que ayudan. Ella sabe qu\u00e9 necesita cada ojo, cada persona, y simplemente lo hace. Me lo dijo con la misma naturalidad con la que alguien te prepara un caf\u00e9 sabiendo exactamente c\u00f3mo te gusta.<\/p>\n\n\n\n<p>Y claro, eso tiene a\u00fan m\u00e1s sentido conmigo. Porque yo la conozco desde que era una ni\u00f1a. La he visto crecer, estudiar, formarse, convertirse en la mujer y profesional que es hoy. As\u00ed que entre nosotros, esa confianza no se negocia. Es un acuerdo silencioso, viejo, profundo. Yo, en t\u00e9rminos oftalmol\u00f3gicos, hago lo que ella diga que es mejor para m\u00ed. Punto.<\/p>\n\n\n\n<p>No necesito escoger. No necesito entender todas las variables. Necesito confiar. Y lo hago.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>8 de julio de 2025<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La segunda cirug\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Mis ojitos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mis ojitos. Mis dos peque\u00f1os testigos. Callados, constantes, pacientes. Se han pasado la vida observando el mundo como quien escucha un cuento sin interrumpir. A veces me han visto llorar, a veces se han llenado de luz. Y otras veces \u2014como ahora\u2014 han tenido que cerrar un rato para sanar. Uno de ellos, herido por el tiempo, ha sido abierto, limpiado, iluminado por manos sabias. El otro, a\u00fan espera. A\u00fan duda. Y yo los abrazo a los dos. Les hablo. Les agradezco. Porque gracias a ellos veo. Pero tambi\u00e9n, gracias a ellos, recuerdo, dibujo, sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Mis ojitos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El martes de la semana pasada, prepararon a mi ojito derecho. Mientras yo estaba absolutamente anestesiado \u2014en cuerpo, en mente, en todo\u2014, unas manos cuidadosas hicieron su magia. Lo abrieron, lo limpiaron, lo sanaron. Como quien levanta el polvo del cristal de una fotograf\u00eda muy querida. Yo no supe nada. Me fui por completo. Y cuando volv\u00ed, \u00e9l ya estaba distinto.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, mi\u00e9rcoles, fuimos donde la doctora. Me revis\u00f3 con esas m\u00e1quinas que parecen faros luminosos y me dijo que todo estaba bien. Que el ojito hab\u00eda respondido como deb\u00eda. Que pod\u00edamos seguir adelante. Y eso hicimos.<\/p>\n\n\n\n<p>De camino a casa, pasamos por la \u00f3ptica. Y tomamos una decisi\u00f3n sencilla, pero simb\u00f3lica: quitamos el lente derecho de mis anteojos. Dejamos solo el izquierdo, intacto, firme. As\u00ed, el ojo derecho podr\u00eda empezar a acostumbrarse a su nueva vida, a esta claridad repentina que se parece tanto a un milagro. El izquierdo, mientras tanto, seguir\u00eda siendo lo que ha sido por alg\u00fan tiempo: una constante, una especie de punto de referencia mientras todo cambia.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed pas\u00e9 los d\u00edas siguientes: con un ojo viendo el presente n\u00edtido y el otro todav\u00eda instalado en el pasado. Como si uno ya hubiera cruzado la frontera y el otro a\u00fan estuviera haciendo maletas. Como si uno ya supiera el secreto y el otro estuviera a punto de descubrirlo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Mis ojitos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La semana ha transcurrido con absoluta normalidad. Una normalidad cuidadosamente cuidada. No ha habido sobresaltos, pero s\u00ed una vigilancia constante, silenciosa, amorosa. Como si todo mi cuerpo estuviera al servicio de ese ojito reci\u00e9n renacido.<\/p>\n\n\n\n<p>He evitado el polvo con disciplina mon\u00e1stica. No he entrado a las bodegas, aunque s\u00e9 que hay cosas que quiero ordenar, revisar, tocar. Pero no. He preferido quedarme afuera. Como si supiera que entrar ah\u00ed ser\u00eda traicionar el pacto de calma que hice con mi cuerpo esta semana.<\/p>\n\n\n\n<p>Me he ba\u00f1ado cada d\u00eda con los ojos cerrados. Cada gota de agua ha sido un acto de confianza. Como si aprendiera de nuevo a navegar mi propia piel sin mirar.<\/p>\n\n\n\n<p>He aplicado las gotas en el ojo derecho con la devoci\u00f3n de quien cuida un bons\u00e1i, una herida sagrada, una semilla de luz. Y desde el domingo, tambi\u00e9n he empezado a preparar al izquierdo. Ese que esta tarde pasar\u00e1 por el mismo ritual, por la misma transformaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>No ha habido dolor. Ni una sola punzada. No ha habido molestias. Solo una sensaci\u00f3n creciente de claridad. De nitidez. El mundo se va volviendo m\u00e1s n\u00edtido. M\u00e1s visible. Como si ese ojito derecho \u2014mi primer pionero\u2014 estuviera ense\u00f1\u00e1ndome de nuevo c\u00f3mo se ve lo simple: una hoja, una sombra, una letra, un rostro.<\/p>\n\n\n\n<p>Y mientras tanto, el izquierdo espera. Tranquilo. En silencio. Como si supiera que su turno est\u00e1 por llegar. Que tambi\u00e9n le toca ver mejor.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Martes antes de la segunda cirug\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hoy es martes. Estoy desayunando a las siete de la ma\u00f1ana. Es el l\u00edmite. No puedo pasarme. El ayuno tiene su propio reloj y su propia l\u00f3gica. Y aunque me tom\u00e9 mi tiempo escribi\u00e9ndoles, ahora tengo que volver al desayuno, a terminarlo todo, porque a este cuerpecito lo llevar\u00e1n esta tarde hasta la sala de cirug\u00eda. Otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy le tocar\u00e1 al ojo izquierdo. Ese que ha estado esperando con paciencia, con respeto, mientras el derecho aprend\u00eda a ver de nuevo. Hoy le cambiar\u00e1n el lente. Le abrir\u00e1n su peque\u00f1a ventana al mundo. Y con eso, quiz\u00e1 podr\u00e9 decirle adi\u00f3s a los anteojos. Tal vez solo por un tiempo. Tal vez para siempre. En unas semanas sabremos si necesito ayuda para leer, o si los dos ojos lograron quedar al cien.<\/p>\n\n\n\n<p>La semana pasada estaba m\u00e1s asustado. Era nuevo, era incierto. Hoy no. Hoy hay m\u00e1s confianza. No porque sepa lo que va a pasar, sino porque ya pas\u00e9 por ah\u00ed. Porque ya un ojo volvi\u00f3 de ese viaje. Y volvi\u00f3 mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo espero que el anestesista \u2014o anestesi\u00f3logo, como prefieran\u2014 haya dormido bien, que recuerde mi condici\u00f3n, que no subestime lo que le dijimos. Que me escuche. Y que haga su parte con la misma maestr\u00eda con la que yo har\u00e9 la m\u00eda: entregarme. Cerrar los ojos. Confiar.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El anestesista<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 es tan importante el trabajo del anestesista?<\/p>\n\n\n\n<p>Por razones obvias, claro. Es quien se encarga de quitar el dolor, de dar paz, de brindar ese estado de suspensi\u00f3n en el que el cuerpo puede ser intervenido sin sufrir. Pero m\u00e1s all\u00e1 de lo obvio, hay algo profundamente humano en lo que hace.<br>El anestesista \u2014o anestesi\u00f3logo, seg\u00fan prefieran\u2014 es el guardi\u00e1n del umbral. No corta, no sutura, no extrae nada. Pero sin \u00e9l, nadie podr\u00eda entrar con confianza en la sala de cirug\u00eda. Es el que prepara el terreno emocional y f\u00edsico para que todo fluya.<\/p>\n\n\n\n<p>En mi caso particular, su rol es a\u00fan m\u00e1s delicado. Mi cuerpo metaboliza la anestesia con una rapidez inusual. No es que resista. Es que la disuelve. Como si la absorbiera con ansias, y luego la dejara ir demasiado pronto. Eso hace que sea fundamental que el anestesista lo sepa y lo tenga en cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p>La vez pasada, lo supo. Y me durmi\u00f3 por completo. Tan profundamente, que no recuerdo absolutamente nada de lo que pas\u00f3 en sala. Ni luces, ni sonidos, ni palabras. Nada. Solo un apag\u00f3n suave y luego el regreso a la claridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy espero lo mismo. Voy a volver a dec\u00edrselo esta ma\u00f1ana, o esta tarde, cuando lo vea. Voy a anotarlo tambi\u00e9n en la hoja de autorizaci\u00f3n, por si acaso, por si en medio del ritmo de la cl\u00ednica alguien olvida ese detalle que para m\u00ed es tan grande.<br>No es una exageraci\u00f3n. Es <strong>tremendamente importante para m\u00ed<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque no se trata solo de evitar el dolor. Se trata de poder entregarme con tranquilidad. Confiar. Saber que mientras mis ojitos est\u00e1n siendo tocados, cuidados, reparados\u2026 alguien m\u00e1s est\u00e1 velando por mi descanso. Y eso, para m\u00ed, no es poca cosa.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El ayuno antes de la cirug\u00eda.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 es tan importante el ayuno?<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de la primera operaci\u00f3n, la verdad, me parec\u00eda un poco majadero. Seis horas sin comer ni beber antes de una cirug\u00eda que, en teor\u00eda, dura media hora, es ambulatoria y con anestesia local. Pens\u00e9 que tal vez era para evitar ganas de ir al ba\u00f1o en medio del procedimiento, para que no hubiera incomodidades o contratiempos pr\u00e1cticos. Pero no entend\u00eda por qu\u00e9 tanta rigurosidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, investigando antes de la cirug\u00eda del primer ojo, me di cuenta de que la raz\u00f3n es mucho m\u00e1s seria \u2014y mucho m\u00e1s importante\u2014 de lo que imaginaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando uno est\u00e1 anestesiado \u2014aunque sea de forma local\u2014 ciertos reflejos naturales del cuerpo se vuelven m\u00e1s lentos o se apagan temporalmente. Por ejemplo, el reflejo de degluci\u00f3n, el de tos o el cierre autom\u00e1tico de la tr\u00e1quea si algo intenta pasar donde no debe. Esto significa que si ten\u00e9s comida o l\u00edquido en el est\u00f3mago, puede devolverse por el es\u00f3fago, y en lugar de salir por la boca, terminar <em>aspirado<\/em> hacia los pulmones.<\/p>\n\n\n\n<p>Y eso puede ser grav\u00edsimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese contenido g\u00e1strico, al entrar a los pulmones, puede causar una condici\u00f3n llamada <strong>neumonitis por aspiraci\u00f3n<\/strong>, o algo peor: una asfixia qu\u00edmica. Y s\u00ed, aunque la cirug\u00eda sea peque\u00f1a y la anestesia sea local, el riesgo sigue existiendo. Uno podr\u00eda morirse por no haber respetado esas horas de ayuno. As\u00ed de simple.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que ahora lo entiendo. Ya no me parece un capricho, ni un formalismo m\u00e9dico. Me parece un acto de cuidado. De respeto por el cuerpo. De prevenci\u00f3n silenciosa pero vital.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy desayun\u00e9 exactamente a las 7:00 a.m., ni un minuto m\u00e1s. Porque esta tarde, mis ojitos pasar\u00e1n por su segunda transformaci\u00f3n. Y quiero que todo est\u00e9 alineado para que ese momento sea, otra vez, seguro, limpio y lleno de luz.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ep\u00edlogo \u2013 La despedida<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed, sin m\u00e1s ni m\u00e1s, queridos amigos, amigas, testigos silenciosos de esta historia, hace sesenta a\u00f1os, estos ojitos se abrieron al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Vieron por primera vez el rostro de mi madre. Vieron la luz tibia de una ma\u00f1ana cualquiera. Vieron los colores antes de que supiera nombrarlos. Vieron el movimiento de las sombras, el temblor de las cortinas, el cielo de mi infancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Con ellos aprend\u00ed a mirar, a entender, a descubrir. Me vieron crecer, estudiar, vivir. Vieron mis primeros trazos, mis primeros libros, mis primeros viajes. Vieron todos los amores, los paisajes, las calles. Vieron l\u00e1grimas y risas. Vieron despedidas que nunca quise. Y milagros que nunca esper\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Han visto tantas cosas. Muchas que me gustar\u00eda contar. Y muchas que prefiero callar.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, sesenta a\u00f1os despu\u00e9s de abrirlos al mundo, me despido de ellos. No con tristeza. Con una gratitud tan honda, que no cabe en estas l\u00edneas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, simb\u00f3licamente, cambiamos de ojos. No son los mismos. Estos nuevos lentes, transparentes, modernos, sin historia a\u00fan, llegan para reemplazar los filtros envejecidos por el tiempo. Ellos no tienen memoria. No saben nada de lo que mis antiguos ojos vieron.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero mi cerebro sigue siendo el mismo. El mismo de aquel ni\u00f1o curioso, de aquel joven idealista, de este hombre que sigue pintando la vida con asombro.<\/p>\n\n\n\n<p>El cuerpo tambi\u00e9n es el mismo \u2014maravilloso, leal, sabio\u2014. Solo que ahora, la luz llega sin obst\u00e1culos. El mundo empieza a verse distinto. Probablemente como lo ve\u00eda hace treinta a\u00f1os. N\u00edtido. Vivo. Inmenso.<\/p>\n\n\n\n<p>En las pr\u00f3ximas semanas, todo se ir\u00e1 ajustando. Los colores ser\u00e1n nuevos. Las texturas m\u00e1s precisas. La sombra m\u00e1s sombra. La luz m\u00e1s luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy me despido de los dos ojitos enfermitos que abr\u00ed hace sesenta a\u00f1os. Y les digo gracias. Gracias por mostrarme tanto. Gracias por no fallarme. Gracias por llevarme hasta aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora, que descansen. Ya cumplieron. Ahora me toca seguir\u2026 con estos nuevos ojos. Y con el mismo coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nota de autor<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Estas dos acuarelas que hoy presento no son simplemente dos obras m\u00e1s. Son las <strong>\u00faltimas dos que pint\u00e9 con los ojos que abr\u00ed hace sesenta a\u00f1os<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Con ellos vi por primera vez la luz del mundo, los colores de mi infancia, el rostro de mi madre. Con ellos aprend\u00ed a mirar, a imaginar, a crear. Con ellos llor\u00e9, so\u00f1\u00e9, viaj\u00e9, me enamor\u00e9. Y con ellos, ayer, pint\u00e9 por \u00faltima vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy me cambian el lente de mi segundo ojo. Y aunque tal vez no pinte hoy, ni ma\u00f1ana, la pr\u00f3xima acuarela que salga de mis manos ser\u00e1 hecha <strong>con ojos nuevos<\/strong>. Nuevos no porque olviden, sino porque ver\u00e1n el mundo con otra claridad. Sin el velo del tiempo. Sin la opacidad del desgaste. Ver\u00e1n como no ve\u00eda desde hace d\u00e9cadas. Y eso lo cambia todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas dos acuarelas, entonces, no son solo im\u00e1genes sobre papel. Son <strong>una despedida callada<\/strong>. Una carta de amor a mis ojos viejos. Un adi\u00f3s agradecido a los dos testigos fieles de toda mi vida. No son perfectas. No quieren serlo. Solo quieren decir: <em>estuvimos aqu\u00ed<\/em>. Hasta el final. Pintando.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La segunda cirug\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>(martes 8 de julio de 2025)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ayer fue martes. El martes de la segunda cirug\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00edamos sido citados para las doce y media, aunque las cirug\u00edas estaban previstas para comenzar a la una. Todo fue bastante puntual. No recuerdo con exactitud la hora en que entr\u00e9 a quir\u00f3fano, ni la hora en que volv\u00ed a casa, pero debi\u00f3 ser alrededor de las cuatro de la tarde cuando abr\u00ed la puerta con la mirada entornada y el cuerpo a\u00fan suave, en ese estado intermedio entre el sue\u00f1o y el regreso.<\/p>\n\n\n\n<p>En la sala de recepci\u00f3n de la cl\u00ednica, todo parec\u00eda repetirse con un aire de d\u00e9j\u00e0 vu. El mismo silencio tenue de los consultorios, las mismas sillas discretas, la misma puntualidad costarricense que por una vez no fall\u00f3. Vi entrar a la doctora, r\u00e1pida, precisa, centrada, como siempre. La enfermera se acerc\u00f3 y puso una gota en mi ojo izquierdo, el que ser\u00eda operado esta vez. Unos minutos despu\u00e9s vino con otra. Y otra. As\u00ed fueron cayendo las gotas sobre mi pupila como diminutas advertencias de lo que vendr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Llen\u00e9 el formulario de ingreso, como la vez anterior. Pero me asegur\u00e9 de advertirles que en el formulario original ya hab\u00eda dejado constancia: metabolizo muy r\u00e1pido la anestesia. El anestesista deb\u00eda saberlo. No era un capricho, era una advertencia con la que uno entra a ese territorio tan fr\u00e1gil donde los m\u00e9dicos deciden todo y uno solo quiere confiar, cerrar los ojos y entregarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pasaron entonces a una de esas salas intermedias, donde te pon\u00e9s esa bata espantosa, arrugada, verde quir\u00f3fano, que no le queda bien a nadie. Por fortuna, debajo de la fealdad hospitalaria, yo llevaba unos calzoncillos hermosos \u2014s\u00ed, hermosos\u2014 y unas medias rosadas con amarillo, un destello de dignidad y belleza entre tanta tela que parec\u00eda dise\u00f1ada para apagar el alma.<\/p>\n\n\n\n<p>Me qued\u00e9 solo ah\u00ed un rato, como en la vez anterior. Pero esta vez no fue tan inmediato el paso al quir\u00f3fano. La enfermera me pregunt\u00f3 si quer\u00eda una cobija. Le pregunt\u00e9 cu\u00e1nto iba a tardar esto. Me dijo que estaban esperando al anestesista. Entonces, sin dudarlo, ped\u00ed la cobija. El fr\u00edo de esas salas no es met\u00e1fora. Es f\u00edsico, quir\u00fargico, cl\u00ednico. Supongo que es para evitar bacterias, virus o simplemente el calor humano, que en esos espacios parece estar en cuarentena.<\/p>\n\n\n\n<p>La doctora entr\u00f3, y entre el murmullo de pasos y suspiros bajos, me record\u00f3 que hab\u00eda visto el video que le mand\u00e9: la despedida de los ojos. Me pidi\u00f3 que lo vi\u00e9ramos juntos. Ah\u00ed mismo, frente a m\u00ed, lo puso en su tel\u00e9fono. Y mientras se reproduc\u00eda el video, hablamos de cosas importantes y peque\u00f1as: de la vista blanca del mundo despu\u00e9s de la primera cirug\u00eda, de c\u00f3mo me hab\u00eda ido con la anestesia anterior, de lo dulce que fue dormir as\u00ed, sin dolor, sin conciencia, solo como flotando en un par\u00e9ntesis. Me dijo que le comentar\u00eda al anestesista.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco despu\u00e9s lleg\u00f3 \u00e9l. El mismo anestesista. La vez pasada me hab\u00eda puesto la v\u00eda dentro de la sala de cirug\u00eda. Esta vez lleg\u00f3 directo a esa salita donde yo lo esperaba, con todo su equipo, y ah\u00ed mismo me instal\u00f3 la v\u00eda. Ni lo sent\u00ed. Ni un pinchazo. No s\u00e9 si mi cuerpo estaba distinto, o si \u00e9l, por segunda vez, ya me hab\u00eda tomado cari\u00f1o y lo hizo con m\u00e1s cuidado.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras preparaba todo, le dije medio en broma que me pusiera un shot. Y \u00e9l, sin dejar de sonre\u00edr, contest\u00f3 que sin bocas, como un trago sin aperitivos. Me re\u00ed. Le dije que ojal\u00e1 fuera un chifrijo. Y \u00e9l, entre risas, respondi\u00f3 que ya ten\u00eda el suyo ah\u00ed. Le dije: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 grosero! Yo tengo seis horas de estar en ayunas\u00bb. Nos re\u00edmos. Fue un momento humano, ligero, c\u00f3mplice, justo antes de que el quir\u00f3fano volviera a ser protagonista.<\/p>\n\n\n\n<p>Minutos despu\u00e9s, me pasaron a la sala de cirug\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Acabo de recordar que lo \u00faltimo que tengo presente de esa tarde, antes de dormirme, fue mientras las enfermeras me colocaban los sensores: esos peque\u00f1os tapones adhesivos que miden el ritmo card\u00edaco en el pecho, y la faja el\u00e1stica para la presi\u00f3n arterial en el brazo. Yo, todav\u00eda con humor, les coment\u00e9 lo del anestesista y su chifrijo. Entonces una de las enfermeras dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ah, lo pueden compartir.<\/p>\n\n\n\n<p>Y \u00e9l, sin pensarlo, respondi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, con \u00e9l no lo voy a compartir. Tiene seis horas de ayuno y probablemente me dejar\u00eda sin nada. Todos re\u00edmos. Y esa risa fue lo \u00faltimo que recuerdo. Despu\u00e9s, todo se volvi\u00f3 blanco. Silencio. Nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo siguiente fue despertarme ya vestido, en esa salita post-operatoria. Recuerdo vagamente estar en la silla de ruedas, a medio dormir, a medio despertar, con la sensaci\u00f3n de flotar entre el sue\u00f1o y la conciencia. En un momento, me tap\u00e9 el ojo nuevo y llam\u00e9 la atenci\u00f3n del Ruiz. Cuando \u00e9l me vio, quit\u00e9 lentamente la mano y le dije:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ah\u2026 quer\u00eda que vos fueras la primera persona que yo viera con el ojo nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de eso tengo apenas fragmentos. Me mont\u00e9 al carro. Cerr\u00e9 los ojos. Recuerdo que al llegar a casa vi, entreabiertos, los portones del garaje abri\u00e9ndose, y al fondo, como una bendici\u00f3n c\u00e1lida, estaba Norma. Mi querida amiga Norma. Que cuida de m\u00ed con esa intensidad serena de quien no necesita demostrar nada. Ella hab\u00eda preparado una sopa de carne deliciosa, un caldo con papas y ternura. Me com\u00ed dos tandas. Y en ese instante pens\u00e9, medio en broma, medio en serio, que prefer\u00eda infinitamente ese caldo casero, a cualquier chifrijo recalentado que tal vez el anestesista se comer\u00eda esa noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de comer, fui a mi cama, agradecido, y me dorm\u00ed profundamente. Hasta que Luis Cer vino a despertarme para ponerme las primeras gotas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Me cambiaron las luces<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>(Entrada para el diario visual)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Hay un detalle del que me hab\u00eda dado cuenta, pero no hab\u00eda <em>ca\u00eddo en cuenta<\/em> \u2014que no es lo mismo\u2014 hasta ayer, mientras esper\u00e1bamos al anestesista.<\/p>\n\n\n\n<p>La doctora me mir\u00f3, sonriendo, como si ya supiera la respuesta, y me pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9? \u00bfEst\u00e1s viendo m\u00e1s blanco?<\/p>\n\n\n\n<p>Y ah\u00ed fue. En ese instante lo entend\u00ed. Lo hab\u00eda sentido, s\u00ed, pero no lo hab\u00eda comprendido del todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de las operaciones, yo cre\u00eda que ve\u00eda normal. Con mis anteojos, claro. Con las dificultades nocturnas, con los reflejos molestos de las luces por la catarata, s\u00ed\u2026 pero en general, ve\u00eda. El mundo ten\u00eda un tono, una luz, una forma de ser\u2026 que asum\u00ed como cierta. Como lo real. Como <em>la verdad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero despu\u00e9s de que me operaron el primer ojo, pas\u00f3 algo notable.<\/p>\n\n\n\n<p>Si tapaba el ojo nuevo y miraba con el antiguo, todo era como siempre. Amarillo. C\u00e1lido. Un poco opaco. Como una fotograf\u00eda vieja que sigue siendo bella. Pero si tapaba el ojo viejo y miraba con el nuevo\u2026 todo se volv\u00eda <strong>blanco<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>No gris, no lavado. <strong>Blanco. <\/strong>Como si alguien le hubiera cambiado los bombillos a la vida. Como si hubiera pasado de un carro viejo a luces LED. M\u00e1s claridad. M\u00e1s contraste. Y una blancura que no sab\u00eda que me faltaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo pensaba que el blanco era el blanco que ve\u00eda. Pero resulta que estaba viendo un blanco gastado. Un blanco deste\u00f1ido por los a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, con los dos ojos ya operados, el cambio es total.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hoy, el mundo es blanco.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los verdes son verdes de verdad. El verde claro es m\u00e1s intenso. Las paredes ya no tienen ese velo amarillento. La luz entra distinta. El d\u00eda se ve m\u00e1s iluminado, como si alguien hubiera levantado la cortina completa.<\/p>\n\n\n\n<p>No solo me cambiaron los lentes.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Me cambiaron las luces.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Y por eso, esta ma\u00f1ana, cuando miro\u2026 siento que no solo veo mejor. Siento que estoy viendo distinto. Como si el mundo fuera nuevo. O, tal vez, como si fuera yo quien ha vuelto a ver por primera vez.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Querido Dr. Iba\u00f1ez:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En mi vida, he procurado estar despierto en los momentos m\u00e1s significativos: nacimientos, viajes, grabaciones, estudios&#8230; Esos instantes donde uno celebra poder ver, estar, vivir, y recordar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero con usted, las cosas son distintas.<\/p>\n\n\n\n<p>Me alegra profundamente saber que usted ha estado presente en momentos clave de mi historia. Y aunque suene parad\u00f3jico, me hace a\u00fan m\u00e1s feliz saber que en su compa\u00f1\u00eda, yo puedo estar profundamente dormido.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto no es una groser\u00eda, es un elogio. Un agradecimiento sincero. Porque usted fue quien cuid\u00f3 mi anestesia en ambas cirug\u00edas de ojos. Quien prest\u00f3 atenci\u00f3n al detalle \u2014ese que le compart\u00ed sobre lo r\u00e1pido que metabolizo\u2014 y quien me sumi\u00f3, con delicadeza y precisi\u00f3n, en un sue\u00f1o seguro y profundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dorm\u00ed confiado. Y al despertar, en ambas ocasiones, lo supe: hab\u00eda sido usted quien cuid\u00f3 de m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias por su profesionalismo, su humanidad, y \u2014no me cabe duda\u2014 tambi\u00e9n su cari\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Espero sinceramente que haya disfrutado su chiflijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Con gratitud despierta, <strong>Vinicio Jarquin<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>30 de junio de 2025 \u00a1Amigos! Ma\u00f1ana tengo cirug\u00eda de catarata. 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