{"id":4518,"date":"2026-07-06T22:21:12","date_gmt":"2026-07-06T22:21:12","guid":{"rendered":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/?p=4518"},"modified":"2026-07-06T22:30:59","modified_gmt":"2026-07-06T22:30:59","slug":"la-fabrica-del-odio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/la-fabrica-del-odio\/","title":{"rendered":"La f\u00e1brica del odio"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"589\" height=\"393\" data-src=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-8.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4520 lazyload\" data-srcset=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-8.jpg 589w, https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-8-300x200.jpg 300w\" data-sizes=\"(max-width: 589px) 100vw, 589px\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 589px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 589\/393;\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Odiemos a la prensa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa parec\u00eda ser la consigna. No bastaba con se\u00f1alar errores period\u00edsticos, que por supuesto existen como existen en cualquier profesi\u00f3n humana. No. Hab\u00eda que odiarla. Hab\u00eda que convertir a periodistas y medios de comunicaci\u00f3n en enemigos p\u00fablicos. Hab\u00eda que se\u00f1alar, ridiculizar, desacreditar y repetir una y otra vez que no eran dignos de confianza. Poco a poco dejamos de discutir noticias espec\u00edficas y comenzamos a rechazar a la prensa como un todo, como si todos los periodistas pensaran igual, todos mintieran igual y todos respondieran a un mismo inter\u00e9s. El objetivo ya no era cuestionar el contenido de una publicaci\u00f3n, sino despertar una emoci\u00f3n mucho m\u00e1s poderosa: el desprecio. Y funcion\u00f3. Much\u00edsima gente aprendi\u00f3 a desconfiar antes de leer, a rechazar antes de escuchar y a odiar antes de analizar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego vinieron los diputados. No algunos diputados. Todos los diputados. Y cuando no alcanz\u00f3 con odiarlos en grupo, empezamos a odiarlos uno por uno. Que si este era un corrupto, que si aquella era una in\u00fatil, que si el otro era un vendido, que si aquel era un vago. Poco a poco dejamos de ver personas con ideas distintas, capacidades distintas y comportamientos distintos, para comenzar a ver una sola masa uniforme de enemigos. Ya no importaba que algunos trabajaran seriamente o que otros defendieran causas con las que pod\u00edamos coincidir. Lo importante era que la palabra \u00abdiputado\u00bb produjera autom\u00e1ticamente rechazo. El odio colectivo result\u00f3 mucho m\u00e1s \u00fatil que el an\u00e1lisis individual. Y as\u00ed aprendimos a odiar a los diputados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s lleg\u00f3 el turno de la Contralora General de la Rep\u00fablica. Tampoco bast\u00f3 con cuestionar decisiones concretas o criterios t\u00e9cnicos. Hab\u00eda que convertir a una funcionaria en el s\u00edmbolo de todos los males administrativos del pa\u00eds. La mayor\u00eda de los costarricenses jam\u00e1s ha le\u00eddo un informe de la Contralor\u00eda, a lo mejor desconoce cu\u00e1les son exactamente sus funciones y nunca ha conversado con quien ocupa ese cargo. Pero eso dej\u00f3 de importar. Bast\u00f3 construir una narrativa emocional para que muchas personas sintieran rechazo hacia una instituci\u00f3n cuya existencia precisamente busca vigilar el uso correcto de los recursos p\u00fablicos. El debate dej\u00f3 de ser t\u00e9cnico para convertirse en una historia sencilla de h\u00e9roes y villanos. Y nuevamente funcion\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y entonces lleg\u00f3 el turno del Poder Judicial. No fue de un d\u00eda para otro. Primero aparecieron cr\u00edticas leg\u00edtimas. Juicios demasiado largos. Sentencias dif\u00edciles de comprender. Casos que parec\u00edan no terminar nunca. Todo eso merece ser discutido. Ninguna instituci\u00f3n humana est\u00e1 libre de errores. Pero lentamente la cr\u00edtica dej\u00f3 de dirigirse a problemas espec\u00edficos y comenz\u00f3 a dirigirse contra toda la instituci\u00f3n. Ya no era un juez el que pod\u00eda equivocarse; era el Poder Judicial completo el que pasaba a ser se\u00f1alado como enemigo del pa\u00eds. Las palabras fueron cambiando de tono. Ya no se hablaba de diferencias jur\u00eddicas, sino de alcahuetas, de c\u00f3mplices, de defensores de delincuentes, de obst\u00e1culos para el desarrollo y enemigos de la seguridad nacional. Cuando un ciudadano escucha suficiente tiempo que una instituci\u00f3n es responsable de todos sus problemas, termina crey\u00e9ndolo. Es mucho m\u00e1s sencillo odiar que comprender c\u00f3mo funciona el derecho. Mucho m\u00e1s f\u00e1cil culpar que estudiar. Y as\u00ed aprendimos a odiar al Poder Judicial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s lleg\u00f3 el Tribunal Supremo de Elecciones. Tal vez una de las instituciones que m\u00e1s prestigio internacional le ha dado a Costa Rica. La misma que organiz\u00f3 elecciones durante d\u00e9cadas, la misma que valid\u00f3 victorias de todos los partidos pol\u00edticos, la misma que permiti\u00f3 alternancias pac\u00edficas en el poder y que fue observada como ejemplo democr\u00e1tico por muchos otros pa\u00edses. Pero tampoco eso bast\u00f3. Porque cuando una sociedad empieza a vivir desde la emoci\u00f3n, la confianza deja de construirse sobre la historia y empieza a depender \u00fanicamente de si el resultado coincide con nuestros deseos. Si gana quien yo quer\u00eda, el sistema funciona. Si pierde, alguien hizo trampa. Y entonces comenzaron las insinuaciones. No hac\u00eda falta presentar pruebas; bastaba sembrar dudas. Bastaba preguntar si habr\u00eda algo extra\u00f1o, si alguien mover\u00eda los hilos desde las sombras o si el Tribunal estar\u00eda favoreciendo a unos sobre otros. Poco a poco se fue sembrando desconfianza en una instituci\u00f3n que durante d\u00e9cadas hab\u00eda sido motivo de orgullo nacional. Y as\u00ed aprendimos tambi\u00e9n a odiar al Tribunal Supremo de Elecciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego llegaron las universidades p\u00fablicas. Aquellos lugares donde miles de costarricenses de familias humildes encontraron la oportunidad de estudiar, convertirse en profesionales y transformar la vida de generaciones enteras. Universidades que formaron m\u00e9dicos, ingenieros, investigadores, cient\u00edficos, economistas, abogados, artistas y profesores. Instituciones que producen investigaci\u00f3n, conocimiento y desarrollo para el pa\u00eds. Claro que tienen problemas. Claro que pueden existir excesos administrativos y asuntos que deben corregirse. Pero una cosa es discutir reformas y otra muy distinta es convencer a la poblaci\u00f3n de que las universidades son el enemigo. De pronto dejaron de verse como centros de conocimiento para convertirse en fortalezas ideol\u00f3gicas, en privilegios injustificados y en s\u00edmbolos de todo lo malo. Cuando una sociedad aprende a desconfiar del conocimiento y de quienes investigan, termina desconfiando del pensamiento mismo. Y as\u00ed aprendimos tambi\u00e9n a odiar a las universidades p\u00fablicas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s les toc\u00f3 a las emisoras de radio. Durante generaciones acompa\u00f1aron a los costarricenses en los hogares, en los autom\u00f3viles, en las oficinas y en los campos. Informaron, entretuvieron, denunciaron y sirvieron de puente entre las comunidades y el resto del pa\u00eds. Pero lleg\u00f3 un momento en que una entrevista inc\u00f3moda, una pregunta insistente o un periodista que simplemente hac\u00eda su trabajo bastaban para convertir a toda una emisora en enemiga. Ya no importaban a\u00f1os de credibilidad ni d\u00e9cadas de servicio. Bastaba una transmisi\u00f3n inc\u00f3moda para desacreditar al medio completo. El periodista dejaba de ser periodista y pasaba a convertirse en adversario pol\u00edtico. La radio dejaba de ser un espacio de informaci\u00f3n para convertirse en un enemigo m\u00e1s dentro de la lista. Y as\u00ed aprendimos tambi\u00e9n a odiar a las emisoras de radio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s tarde les toc\u00f3 a los agricultores. Y eso resulta especialmente triste en un pa\u00eds cuya historia est\u00e1 profundamente ligada al trabajo de la tierra. Hombres y mujeres que se levantan antes del amanecer, que viven pendientes del clima, de las plagas, de las sequ\u00edas, de los precios internacionales y de una actividad econ\u00f3mica donde pocas veces existe certeza sobre el resultado final. Personas que producen los alimentos que todos consumimos. Sin embargo, un d\u00eda dejaron de ser productores para convertirse en sospechosos. Dejaron de ser quienes alimentaban al pa\u00eds para convertirse en un sector al que hab\u00eda que se\u00f1alar. Ya no importaban las dificultades del campo ni la incertidumbre permanente de producir alimentos. Lo importante era encontrar un nuevo grupo al cual responsabilizar de los problemas nacionales. Y as\u00ed aprendimos tambi\u00e9n a odiar a los agricultores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y por supuesto lleg\u00f3 la Iglesia. No una congregaci\u00f3n espec\u00edfica. No una persona determinada. No un sacerdote concreto. La Iglesia en general. Una instituci\u00f3n que, como cualquier otra creada por seres humanos, ha cometido errores graves y algunos imperdonables. Pero tambi\u00e9n una instituci\u00f3n que ha acompa\u00f1ado al pa\u00eds durante generaciones construyendo escuelas, hogares de ancianos, programas sociales, centros educativos y redes de ayuda para miles de personas. Nada de eso parec\u00eda importar. Cuando el odio se convierte en h\u00e1bito desaparecen los matices. Ya no existen diferencias entre unos y otros. Ya no existen personas buenas y personas malas. Todo se mezcla bajo una sola etiqueta que facilita el rechazo colectivo. Porque el odio necesita simplificar. Necesita caricaturas. Necesita enemigos f\u00e1ciles de identificar. Y as\u00ed aprendimos tambi\u00e9n a odiar a la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y ahora, con mucha m\u00e1s fuerza, parece haber llegado el turno de los privados de libertad. Ya no basta con que una persona cumpla una condena impuesta por un tribunal. Ya no basta con que pague por el delito cometido. Hay que odiarla tambi\u00e9n. Hay que recordarle permanentemente que nunca volver\u00e1 a formar parte de la sociedad. Hay que convertirla en el siguiente enemigo colectivo. Porque cuando una sociedad entra en la l\u00f3gica del odio permanente, siempre necesita nuevos destinatarios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y entonces me hago una pregunta sencilla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00e1 cuando ya no queden m\u00e1s grupos por odiar?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque a este ritmo vamos agotando la lista. Primero fueron los periodistas. Despu\u00e9s los diputados. Luego la Contralora. M\u00e1s tarde los jueces. Despu\u00e9s el Tribunal Supremo de Elecciones. Luego las universidades, las emisoras de radio, los agricultores, la Iglesia, los privados de libertad\u2026 y seguimos buscando nuevos enemigos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hasta que inevitablemente llegar\u00e1 tu turno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal vez te odiar\u00e1n por la universidad donde estudiaste. Por el barrio donde vives. Por la cantidad de hijos que tienes. Por la profesi\u00f3n que escogiste. Por la iglesia a la que asistes. Por el partido pol\u00edtico que apoyas. Por el color de tu piel. Por tu nivel econ\u00f3mico. O simplemente por tu cara.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque esa es la naturaleza del odio cuando se convierte en herramienta pol\u00edtica o cultural. Nunca se conforma. Siempre necesita un nuevo enemigo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y cuando finalmente te toque a ti, cuando el dedo acusador apunte en tu direcci\u00f3n y descubras que ahora eres t\u00fa quien ocupa el lugar del enemigo de turno, me pregunto qui\u00e9n quedar\u00e1 para defenderte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque tal vez para entonces ya habremos aprendido a odiar a todos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y si hemos llegado a odiar a todos, descubriremos demasiado tarde que tambi\u00e9n terminamos odi\u00e1ndonos a nosotros mismos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Odiemos a la prensa. Esa parec\u00eda ser la consigna. 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