{"id":4539,"date":"2026-07-09T02:26:53","date_gmt":"2026-07-09T02:26:53","guid":{"rendered":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/?p=4539"},"modified":"2026-07-09T02:26:54","modified_gmt":"2026-07-09T02:26:54","slug":"el-algodon-de-azucar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/el-algodon-de-azucar\/","title":{"rendered":"El algod\u00f3n de az\u00facar"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"590\" height=\"393\" data-src=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-13.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4540 lazyload\" data-srcset=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-13.jpg 590w, https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-13-300x200.jpg 300w\" data-sizes=\"(max-width: 590px) 100vw, 590px\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 590px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 590\/393;\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay d\u00edas que parecen escritos por un novelista. Uno sale de casa pensando que simplemente ir\u00e1 a compartir una comida con la familia y termina regresando con una historia que dice mucho m\u00e1s sobre las personas que sobre los hechos. Hoy fue uno de esos d\u00edas. Nuestra sobrina vino de visita desde Estados Unidos junto con su esposo y sus hijas, as\u00ed que aprovechamos para reunirnos en uno de esos restaurantes elegantes de Santa Ana donde el ambiente invita a conversar sin prisa y donde cada mesa parece guardar una historia diferente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Apenas llegamos, vimos que tambi\u00e9n acababan de llegar ellos, as\u00ed que nos sentamos en la mesa que ya ten\u00edamos reservada. Mientras comenz\u00e1bamos a conversar, levant\u00e9 la vista y reconoc\u00ed a la doctora Mar\u00eda Luisa \u00c1vila, exministra de Salud. Me acerqu\u00e9 a saludarla porque siempre me ha parecido una persona muy amable. Estaba acompa\u00f1ada por otra doctora y, como suele ocurrir cuando uno se encuentra con personas agradables, la conversaci\u00f3n fue breve pero muy c\u00e1lida. Nos tomamos una fotograf\u00eda y, justo cuando ya me desped\u00eda, lleg\u00f3 mi oftalm\u00f3loga para unirse a ellas. Otro saludo cari\u00f1oso, algunas palabras m\u00e1s y regres\u00e9 a nuestra mesa con esa sensaci\u00f3n de que el mundo, aunque parezca enorme, siempre termina siendo sorprendentemente peque\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras tanto, en una mesa cercana fueron llegando dos parejas. Uno de los se\u00f1ores me observaba constantemente. Debo reconocer que esa parte ya no me resulta extra\u00f1a. Durante los \u00faltimos a\u00f1os muchas personas me han reconocido por los art\u00edculos, las fotograf\u00edas, los videos o por alguna entrevista. Siempre me alegra cuando alguien se acerca a saludarme. De hecho, disfruto mucho esas conversaciones espont\u00e1neas porque permiten descubrir personas interesantes y agradecerles el cari\u00f1o. Sin embargo, he notado que en lugares muy elegantes ocurre algo curioso. La gente parece pensar que acercarse podr\u00eda ser una falta de educaci\u00f3n. Entonces vuelven a ver, comentan algo entre ellos, a veces revisan el tel\u00e9fono y contin\u00faan con su cena. Si supieran que a m\u00ed realmente me gusta que me saluden, probablemente muchas de esas miradas terminar\u00edan convirti\u00e9ndose en una conversaci\u00f3n agradable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noche transcurr\u00eda entre historias familiares, risas y buenos recuerdos, hasta que ocurri\u00f3 algo completamente inesperado. A la mesa de aquellas dos parejas les llevaron un enorme algod\u00f3n de az\u00facar. No era un peque\u00f1o detalle decorativo. Era uno de esos algodones gigantes que inmediatamente despiertan al ni\u00f1o que uno lleva por dentro. Lo vi una vez. Volv\u00ed a verlo. Y pens\u00e9 exactamente lo mismo que habr\u00eda pensado cualquier chiquillo: \u00bfc\u00f3mo es posible que alguien est\u00e9 comiendo algod\u00f3n de az\u00facar y que yo no?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi sobrina, que conoce muy bien mi personalidad, sonri\u00f3 y me lanz\u00f3 un reto. Me pregunt\u00f3 si ser\u00eda capaz de ir a pedirles un poco. La verdad es que nunca he entendido por qu\u00e9 deber\u00eda dar verg\u00fcenza hablar con desconocidos cuando uno lo hace con respeto y buen humor. As\u00ed que me levant\u00e9, camin\u00e9 hasta su mesa y, con una sonrisa, les dije: \u00abMi familia no cree que yo sea capaz de venir a pedirles que me regalen algod\u00f3n de az\u00facar\u00bb. Los cuatro soltaron una carcajada. Les aclar\u00e9 inmediatamente que era una broma, pero insistieron con tanta naturalidad que termin\u00e9 tomando un peque\u00f1o pedazo del algod\u00f3n de az\u00facar. Les di las gracias, regres\u00e9 a nuestra mesa y las carcajadas ahora eran de mi propia familia, que no pod\u00eda creer que realmente hubiera ido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pens\u00e9 que la historia terminaba ah\u00ed, convertida simplemente en una an\u00e9cdota divertida para recordar en futuras reuniones familiares. Pero unos minutos despu\u00e9s apareci\u00f3 un mesero caminando directamente hacia nuestra mesa. Tra\u00eda dos enormes algodones de az\u00facar. Eran cortes\u00eda de aquella mesa de desconocidos. Todos sonre\u00edmos. Les agradecimos el gesto desde lejos y ellos respondieron con la misma cordialidad. Fue uno de esos momentos peque\u00f1os que parecen insignificantes para quien los observa desde afuera, pero que tienen un enorme valor porque nacen de manera completamente espont\u00e1nea. Cuatro personas que no nos conoc\u00edan decidieron regalarnos un momento de alegr\u00eda simplemente porque s\u00ed. Sin preguntar qui\u00e9nes \u00e9ramos, qu\u00e9 pens\u00e1bamos o por qui\u00e9n vot\u00e1bamos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando terminaron de cenar comenzaron a despedirse. Nosotros tambi\u00e9n les agradecimos nuevamente el detalle y parec\u00eda que aquella historia iba a terminar exactamente como hab\u00eda comenzado: con una sonrisa. Sin embargo, una de las se\u00f1oras regres\u00f3 sola hasta nuestra mesa. Muy amablemente me pregunt\u00f3 qui\u00e9n era el dise\u00f1ador de mi ropa. Le respond\u00ed, tambi\u00e9n sonriendo, que mi dise\u00f1ador era Vinicio Jarqu\u00edn. Ella me dijo que no me conoc\u00eda y le respond\u00ed que pod\u00eda buscarme en las redes sociales. Hasta ah\u00ed, la conversaci\u00f3n segu\u00eda siendo completamente agradable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue entonces cuando, de manera inesperada, el ambiente cambi\u00f3. La se\u00f1ora comenz\u00f3 a decir, con bastante insistencia: \u00abYo voy con Laura&#8230; con Laura y Rodrigo\u00bb. Lo repiti\u00f3 varias veces. No era el hecho de que simpatizara con ellos lo que llamaba la atenci\u00f3n. Cada persona tiene absoluto derecho a apoyar al candidato o al gobierno que considere mejor. Lo que sorprend\u00eda era la intensidad con que parec\u00eda necesitar dejarlo claro, como si aquella conversaci\u00f3n necesitara obligatoriamente convertirse en una declaraci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo curioso era que en nuestra propia mesa hab\u00eda personas que apoyan al oficialismo y personas que no lo hacen. Nadie estaba discutiendo de pol\u00edtica. Nadie intentaba convencer a nadie. \u00c9ramos simplemente una familia disfrutando de una comida. Por eso el contraste me llam\u00f3 tanto la atenci\u00f3n. Hac\u00eda apenas unos minutos hab\u00edamos compartido algod\u00f3n de az\u00facar con personas que, probablemente, tambi\u00e9n simpatizaban con el oficialismo y aquello no hab\u00eda tenido absolutamente ninguna importancia. Hab\u00edamos re\u00eddo, hab\u00edamos compartido y nos hab\u00edan regalado un detalle precioso sin preguntarnos por nuestras ideas. En cambio, ahora aparec\u00eda esa necesidad de convertir una conversaci\u00f3n casual en una especie de declaraci\u00f3n de pertenencia pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La se\u00f1ora me observ\u00f3 como esperando una respuesta similar. Entonces le respond\u00ed con toda tranquilidad que yo procuro ser una especie de puente entre la ciudadan\u00eda y los poderes de la Rep\u00fablica, que mi trabajo consiste precisamente en poder conversar con todos y que muy pocas personas saben por qui\u00e9n voto. Alguien de nuestra mesa hizo un comentario en tono de broma y todos sonre\u00edmos. La se\u00f1ora tambi\u00e9n sonri\u00f3, se despidi\u00f3 cordialmente y regres\u00f3 con su grupo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras regresaba a casa segu\u00eda pensando en la curiosa secuencia de acontecimientos que hab\u00eda vivido durante apenas un par de horas. Primero apareci\u00f3 un gesto profundamente humano: compartir un algod\u00f3n de az\u00facar entre completos desconocidos. Despu\u00e9s apareci\u00f3 la necesidad de dejar claro un color pol\u00edtico. Y comprend\u00ed que, sin propon\u00e9rselo, aquella noche me hab\u00eda dejado una reflexi\u00f3n mucho m\u00e1s grande que el propio episodio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las ideas pol\u00edticas son necesarias. Las diferencias de opini\u00f3n tambi\u00e9n lo son. La democracia vive precisamente de que existan personas que piensen distinto. Lo que comienza a preocuparme es cuando dejamos de ser personas para convertirnos \u00fanicamente en seguidores, cuando la identidad pol\u00edtica empieza a ocupar el lugar de la identidad humana y sentimos la necesidad de anunciar permanentemente de qu\u00e9 lado estamos, incluso cuando nadie lo ha preguntado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta noche, unas personas que probablemente simpatizan con el oficialismo tuvieron con nosotros un gesto precioso que recordar\u00e9 durante mucho tiempo. Ojal\u00e1 esa sea siempre la parte m\u00e1s fuerte de quienes somos. La que comparte antes de dividir, la que conversa antes de etiquetar, la que regala un algod\u00f3n de az\u00facar antes que una consigna pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque, al final de cuentas, Costa Rica necesita ciudadanos que puedan pensar distinto sin dejar de verse como personas. Y quiz\u00e1, mientras aprendemos nuevamente a hacerlo, nos vendr\u00edan muy bien menos fanatismos&#8230; y muchos m\u00e1s algodones de az\u00facar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay d\u00edas que parecen escritos por un novelista. 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