{"id":4708,"date":"2026-07-27T20:44:45","date_gmt":"2026-07-27T20:44:45","guid":{"rendered":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/?p=4708"},"modified":"2026-07-27T20:46:43","modified_gmt":"2026-07-27T20:46:43","slug":"las-tarjetas-de-amistad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/las-tarjetas-de-amistad\/","title":{"rendered":"Las tarjetas de amistad"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"589\" height=\"393\" data-src=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-59.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4709 lazyload\" data-srcset=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-59.jpg 589w, https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-59-300x200.jpg 300w\" data-sizes=\"(max-width: 589px) 100vw, 589px\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 589px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 589\/393;\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recientemente particip\u00e9 en un seminario con m\u00e1s de treinta personas. Despu\u00e9s de varios d\u00edas compartiendo experiencias, conversaciones, ejercicios, silencios, risas, abrazos y unas cuantas emociones dif\u00edciles de explicar fuera de aquel sal\u00f3n, termin\u00e9 queriendo mucho a todos mis compa\u00f1eros. Pero en alg\u00fan momento del seminario les cont\u00e9 una analog\u00eda que desde hace tiempo utilizo para explicarme lo que creo que sucede cuando uno llega a un grupo nuevo. Imaginemos que cada vez que entramos a uno de esos espacios llevamos en el bolsillo una peque\u00f1a cantidad de tarjetas de amistad. No todos llevamos la misma cantidad. Algunos llegan con tres, otros con seis, quiz\u00e1s alguien lleva doce y habr\u00e1 quien parezca haber llegado con veinte. Depender\u00e1 de la facilidad que cada persona tenga para acercarse, confiar, conversar, abrirse o permitir que alguien nuevo entre en su vida. Lo importante es que, al principio, uno siente que esas tarjetas son limitadas y comienza, casi sin darse cuenta, a decidir a qui\u00e9n podr\u00eda entreg\u00e1rselas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces miramos alrededor. Observamos qui\u00e9n nos resulta simp\u00e1tico, qui\u00e9n parece pensar parecido a nosotros, qui\u00e9n tiene una energ\u00eda que nos atrae, qui\u00e9n nos hace re\u00edr, qui\u00e9n nos inspira confianza o simplemente qui\u00e9n estaba sentado cerca cuando comenz\u00f3 todo. Y empezamos a repartir nuestras tarjetas imaginarias. A veces lo hacemos muy r\u00e1pido. Basta una conversaci\u00f3n, una sonrisa o una primera impresi\u00f3n para pensar: \u00abCon esta persona voy a llevarme bien\u00bb. Y mentalmente le entregamos una tarjeta. A otra persona quiz\u00e1s la observamos desde lejos y pensamos que probablemente tendremos poco en com\u00fan. A esa no le damos ninguna. No necesariamente porque nos caiga mal, sino porque todav\u00eda no encontramos una raz\u00f3n para acercarnos. As\u00ed comienza ese peque\u00f1o juego silencioso que hacemos los seres humanos cuando llegamos a un grupo: clasificamos, intuimos, escogemos, suponemos y empezamos a construir afinidades antes de conocer realmente a quienes tenemos enfrente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero pasan las horas. Despu\u00e9s pasan los d\u00edas. Y ocurre algo maravilloso: nuestras primeras impresiones comienzan a equivocarse. De pronto terminamos conversando profundamente con alguien a quien jam\u00e1s habr\u00edamos escogido durante las primeras horas. Descubrimos sensibilidad donde cre\u00edamos que hab\u00eda distancia, humor donde imagin\u00e1bamos seriedad, profundidad detr\u00e1s de alguien que parec\u00eda reservado o una historia extraordinaria escondida en una persona que durante el primer d\u00eda apenas hab\u00edamos notado. Y tambi\u00e9n puede suceder lo contrario. Aquella persona a quien entregamos inmediatamente una de nuestras mejores tarjetas resulta agradable, querida e importante, pero quiz\u00e1 la conexi\u00f3n no llega a ser tan profunda como hab\u00edamos imaginado. No porque haya ocurrido nada malo, sino porque las relaciones humanas tienen la hermosa costumbre de no obedecer nuestros pron\u00f3sticos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces llega un momento extra\u00f1o en el que uno quisiera revisar los bolsillos. Porque ahora hay personas a quienes no les entregamos tarjeta y sentimos que la merec\u00edan desde el principio. Incluso podemos descubrir que hemos construido una amistad m\u00e1s cercana con alguien que nunca estuvo en nuestra selecci\u00f3n inicial que con algunas personas a quienes escogimos durante las primeras horas. Y uno quisiera regresar al primer d\u00eda, sacar m\u00e1s tarjetas y repartirlas de otra manera. Pero hay algo importante en todo esto: no siempre podemos hacerlo. Algunas decisiones, algunas din\u00e1micas y algunos espacios de encuentro no dependen solamente de nosotros. A veces las tarjetas simb\u00f3licas ya fueron repartidas. A veces las circunstancias hicieron las parejas, formaron los equipos, acercaron a unos y alejaron a otros. Y quiz\u00e1s precisamente ah\u00ed est\u00e1 una parte de la ense\u00f1anza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque al final del seminario ocurri\u00f3 algo todav\u00eda m\u00e1s interesante. Ya no pod\u00eda recordar con claridad a qui\u00e9nes hab\u00eda entregado aquellas tarjetas imaginarias durante los primeros d\u00edas. Despu\u00e9s de tantas horas juntos, esa clasificaci\u00f3n inicial hab\u00eda perdido importancia. Hab\u00eda personas con tarjeta y personas sin tarjeta que ahora ocupaban espacios igualmente valiosos. Algunos se hab\u00edan convertido en compa\u00f1eros cercanos; otros, en personas a quienes aprend\u00ed a querer desde cierta distancia; algunos me hab\u00edan ense\u00f1ado cosas sin siquiera saberlo y otros hab\u00edan aparecido en momentos espec\u00edficos con una palabra, una mirada o un abrazo que termin\u00f3 siendo mucho m\u00e1s importante de lo que cualquiera de los dos habr\u00eda podido imaginar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y entonces entend\u00ed que quiz\u00e1s las tarjetas solamente sirven al principio, cuando todav\u00eda necesitamos alguna manera de orientarnos entre desconocidos. Despu\u00e9s dejan de tener sentido. Porque cuando uno realmente conoce a las personas descubre que la amistad no siempre comienza cuando entregamos una tarjeta. Algunas veces comienza mucho despu\u00e9s. Algunas veces estaba ocurriendo mientras nosotros mir\u00e1bamos hacia otro lado. Y otras veces alguien entra silenciosamente en nuestra vida sin pedir permiso, sin haber sido seleccionado y sin necesitar absolutamente ninguna tarjeta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al terminar aquellos d\u00edas, cuando miraba alrededor, ya no ve\u00eda a los que hab\u00eda escogido y a los que no. Ve\u00eda a mis compa\u00f1eros. A todos. Y me resultaba imposible pensar qui\u00e9n hab\u00eda recibido tarjeta durante aquellas primeras horas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1s porque, sin darme cuenta, para entonces ya no quedaba ninguna en mis bolsillos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero hay algo m\u00e1s en esta historia de las tarjetas que me parece todav\u00eda m\u00e1s importante, y quiz\u00e1s tambi\u00e9n m\u00e1s dif\u00edcil de reconocer. Mientras nosotros estamos ocupados mirando alrededor, escogiendo personas, administrando nuestras pocas tarjetas y decidiendo a qui\u00e9n queremos entreg\u00e1rselas, f\u00e1cilmente podemos caer en la ilusi\u00f3n de que todo el proceso depende de nosotros. Pensamos en qui\u00e9n nos interesa conocer, con qui\u00e9n sentimos afinidad, qui\u00e9n nos inspira confianza y a qui\u00e9n queremos acercarnos. Estamos tan concentrados en nuestras propias decisiones que podemos olvidar algo elemental: en ese mismo sal\u00f3n hay otras treinta personas haciendo exactamente lo mismo. Nosotros no somos solamente quienes entregamos tarjetas. Tambi\u00e9n somos personas a quienes alguien puede estar intentando entregar una.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y ah\u00ed las cosas cambian. Porque tal vez aquella persona a quien yo no le entregu\u00e9 una tarjeta, simplemente porque ten\u00eda pocas y escog\u00ed a otras, s\u00ed hab\u00eda escogido entregarme una de las suyas. Quiz\u00e1s mientras yo estaba mirando hacia otro lado, tratando de acercarme a quienes hab\u00eda seleccionado, alguien estaba tratando de acercarse a m\u00ed. Quiz\u00e1s intent\u00f3 iniciar una conversaci\u00f3n, busc\u00f3 sentarse cerca, quiso compartir algo, me hizo una pregunta o encontr\u00f3 alguna peque\u00f1a manera de decirme, sin decirlo: \u00abMe gustar\u00eda conocerte\u00bb. Pero yo estaba demasiado ocupado repartiendo mis propias tarjetas como para darme cuenta de que alguien ten\u00eda una extendida frente a m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y probablemente ah\u00ed est\u00e9 uno de los puntos m\u00e1s delicados de esta analog\u00eda. Porque cuando no vemos la tarjeta, tampoco vemos el desaire. Desde nuestra perspectiva no ocurri\u00f3 absolutamente nada. No rechazamos a nadie conscientemente, no quisimos ser indiferentes y mucho menos pretendimos lastimar. Simplemente no nos dimos cuenta. Pero del otro lado la historia puede sentirse completamente diferente. Para quien reuni\u00f3 el valor de acercarse, para quien decidi\u00f3 escogernos entre muchas otras personas, para quien quiz\u00e1s ten\u00eda solamente tres tarjetas y quiso entregarnos una, nuestra distracci\u00f3n puede sentirse como rechazo. Nuestra falta de atenci\u00f3n puede parecer indiferencia. Nuestro silencio puede ser interpretado como una respuesta. Y sin haber querido hacer absolutamente nada, podemos terminar lastimando a alguien.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo curioso es que probablemente comprender\u00edamos perfectamente esa sensaci\u00f3n si las posiciones estuvieran invertidas. Si fu\u00e9ramos nosotros quienes caminamos hacia alguien con una de nuestras pocas tarjetas entre las manos y esa persona no la recibiera, seguramente comenzar\u00edamos a preguntarnos qu\u00e9 pas\u00f3. Quiz\u00e1s pensar\u00edamos que no le interesamos, que escogi\u00f3 a otros, que no somos suficientemente importantes para esa persona o que simplemente no quiso abrirnos un espacio. Y posiblemente nuestro personaje limitante tendr\u00eda material de sobra para completar la historia con explicaciones que nadie nos dio. Porque cuando una tarjeta no es recibida, rara vez sabemos por qu\u00e9. Solamente sabemos que seguimos sosteni\u00e9ndola en la mano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y quiz\u00e1s por eso, adem\u00e1s de aprender a escoger a qui\u00e9n entregamos nuestras tarjetas, deber\u00edamos aprender a mirar de vez en cuando nuestras propias manos y luego levantar la mirada para observar las manos de los dem\u00e1s. Porque puede haber alguien cerca sosteniendo una tarjeta que lleva nuestro nombre y esperando solamente una oportunidad para entreg\u00e1rnosla. No significa que tengamos que convertirnos en amigos \u00edntimos de todas las personas que quieran acercarse a nosotros, ni que estemos obligados a corresponder todos los afectos con la misma intensidad. La amistad tampoco funciona as\u00ed. Pero s\u00ed podemos recibir una tarjeta. Podemos reconocerla. Podemos agradecer el gesto. Podemos hacerle saber al otro que vimos su intenci\u00f3n y que valoramos haber sido escogidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque una cosa es no poder corresponder una amistad de la manera que alguien esperaba, y otra muy diferente es no darnos cuenta de que alguien estaba intentando ofrec\u00e9rnosla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal vez, entonces, el aprendizaje no sea solamente llevar m\u00e1s tarjetas la pr\u00f3xima vez. Quiz\u00e1s sea caminar por los grupos un poco menos preocupados por repartir las nuestras y un poco m\u00e1s atentos a las que otros intentan entregarnos. Porque mientras nosotros estamos escogiendo personas, tambi\u00e9n estamos siendo escogidos. Mientras buscamos a qui\u00e9n acercarnos, alguien puede estar buscando c\u00f3mo acercarse a nosotros. Y mientras sentimos el dolor de alguna tarjeta nuestra que no fue recibida, podemos estar provocando exactamente la misma sensaci\u00f3n en alguien cuya tarjeta nunca vimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al final, las amistades no se construyen solamente con las tarjetas que entregamos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n se construyen con aquellas que somos capaces de ver cuando alguien las extiende hacia nosotros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recientemente particip\u00e9 en un seminario con m\u00e1s de treinta personas. 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