{"id":4828,"date":"2026-08-18T22:21:12","date_gmt":"2026-08-18T22:21:12","guid":{"rendered":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/?p=4828"},"modified":"2026-08-18T22:21:14","modified_gmt":"2026-08-18T22:21:14","slug":"la-carcel-la-novela-presidencial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/la-carcel-la-novela-presidencial\/","title":{"rendered":"La c\u00e1rcel, la novela presidencial"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"589\" height=\"196\" data-src=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/image-17.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4829 lazyload\" data-srcset=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/image-17.jpg 589w, https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/image-17-300x100.jpg 300w\" data-sizes=\"(max-width: 589px) 100vw, 589px\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 589px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 589\/196;\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tema de los privados de libertad se ha ido convirtiendo en una novela. Una de esas cuyos cap\u00edtulos se desarrollan tan lentamente, y aparentemente tan dentro de la ley, que resulta dif\u00edcil darse cuenta de que estamos en medio de una historia que alguien escribe p\u00e1gina por p\u00e1gina, d\u00eda tras d\u00eda. No sabemos todav\u00eda qui\u00e9n es el protagonista, quiz\u00e1 tampoco sabemos qui\u00e9n es realmente el villano, pero s\u00ed comenzamos a descubrir que todos nosotros aparecemos en alg\u00fan lugar del reparto. La historia empez\u00f3 casi sin ruido: un proyecto de ley por aqu\u00ed, una declaraci\u00f3n por all\u00e1, una nueva regla, una restricci\u00f3n, alg\u00fan comentario que parec\u00eda aislado. Y mientras tanto, casi solapadamente, comenzaban a construirse dos nuevos bandos: los de afuera y los de adentro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En medio quedaron otros: los de las filas. Las madres, los padres, los hijos, las esposas, los hermanos; personas que nunca fueron condenadas por ning\u00fan tribunal, pero que terminaron cumpliendo, de alguna manera, parte de la sentencia impuesta a alguien que aman. Son los da\u00f1os colaterales de esta novela, v\u00edctimas silenciosas del delito cometido por uno de los suyos y, ahora tambi\u00e9n, de todo aquello que decidamos hacer con quien est\u00e1 preso. Cap\u00edtulo tras cap\u00edtulo, la historia se cuenta despacito, tan despacito que casi nadie levanta la voz. Pero el desenlace empieza a parecer predecible, al menos para este escritor que observa c\u00f3mo las p\u00e1ginas se van llenando de letras impresas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Primero apareci\u00f3 el cap\u00edtulo de los derechos humanos. Despu\u00e9s llegaron los microondas y los televisores, luego las visitas, las restricciones de comida, los uniformes naranja y otros cap\u00edtulos que poco a poco van llegando a nuestro conocimiento, siempre con gotero: uno hoy, otro dentro de unas semanas, otro despu\u00e9s. Y los dejamos pasar, porque ellos est\u00e1n dentro y nosotros estamos afuera. A medio libro pareciera que hemos hecho todo lo posible por despojarlos lentamente de su condici\u00f3n humana y convertirlos en una especie de animales maltratados. Perd\u00f3n por la comparaci\u00f3n, porque es profundamente injusta: no con los animales, sino con los seres humanos a quienes terminamos describiendo de esa manera, como si haber cometido un delito los sacara de la especie, de la dignidad y de su condici\u00f3n humana. Pero tampoco parece importar demasiado. Ellos siguen dentro y nosotros seguimos afuera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras tanto, en las filas contin\u00faan los da\u00f1os colaterales, y hasta para ellos encontramos culpabilidad. \u201cLas madres no supieron educarlos\u201d, gritan algunas mujeres desde la seguridad de sus propias casas, convencidas quiz\u00e1 de que la educaci\u00f3n de sus hijos viene con garant\u00eda de f\u00e1brica y certificado de inmunidad para toda la vida. Como si una madre pudiera controlar cada decisi\u00f3n de un hijo adulto, como si el amor de una familia desapareciera con una sentencia judicial, como si acompa\u00f1ar a quien cometi\u00f3 un delito significara compartir su culpa. La novela se vuelve entonces todav\u00eda m\u00e1s cruel, porque ya no basta castigar al condenado: poco a poco comenzamos tambi\u00e9n a se\u00f1alar a quienes lo esperan, lo visitan o simplemente siguen queri\u00e9ndolo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El libro contin\u00faa y las p\u00e1ginas siguen llen\u00e1ndose. Entonces aparece otro cap\u00edtulo particularmente interesante: nos anuncian que, cuando algunos de ellos salgan de prisi\u00f3n, saldr\u00e1n marcados. Marcados f\u00edsica, social o institucionalmente. Y quiz\u00e1 entonces resulte m\u00e1s dif\u00edcil conseguir trabajo, m\u00e1s dif\u00edcil reconstruir una vida, m\u00e1s dif\u00edcil regresar a la sociedad. Algunos volver\u00e1n al delito y la sociedad reclamar\u00e1 porque reincidieron, pero tal vez nadie recuerde que primero hicimos todo lo posible para cerrarles las puertas. Nos indignaremos nuevamente, pediremos m\u00e1s castigo, m\u00e1s c\u00e1rceles, m\u00e1s controles, y el c\u00edrculo volver\u00e1 a empezar sin que nadie se pregunte en qu\u00e9 momento dejamos de intentar que una condena tuviera tambi\u00e9n una puerta de salida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero todav\u00eda falta el giro de la historia. Porque hasta aqu\u00ed todo parec\u00eda relativamente sencillo: ellos estaban encerrados y nosotros est\u00e1bamos afuera. Hasta que aparece un nuevo cap\u00edtulo y el argumento cambia. Ahora podr\u00edamos ser nosotros quienes terminemos encerrados detr\u00e1s de verjas, c\u00e1maras, muros, alarmas y portones dentro de nuestras propias casas, mientras ellos est\u00e1n afuera. Entonces quiz\u00e1 comprendamos que la frontera entre \u201clos de adentro\u201d y \u201clos de afuera\u201d nunca fue tan sencilla como parec\u00eda. Los uniformes naranja ya no existir\u00e1n ni importar\u00e1n demasiado; quiz\u00e1 para entonces alguien ya habr\u00e1 ganado una fortuna confeccion\u00e1ndolos, mientras nosotros seguimos pagando sistemas de seguridad para sentirnos protegidos de aquellos a quienes alg\u00fan d\u00eda decidimos devolver a la calle sin demasiadas posibilidades de volver realmente a formar parte de ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y as\u00ed el lector contin\u00faa pasando p\u00e1ginas, una detr\u00e1s de otra, hasta que casi llegando al final ocurre lo verdaderamente inquietante: descubre que aquello que estuvo leyendo no era una novela, no era ficci\u00f3n, no era una fantas\u00eda pol\u00edtica ni una historia escrita para entretenerlo. Era la vida real. Y nosotros nunca fuimos simplemente los lectores; \u00e9ramos los personajes. Quiz\u00e1 incluso aquellos personajes que, p\u00e1gina tras p\u00e1gina, permitimos que alguien m\u00e1s escribiera el argumento sin preguntarnos c\u00f3mo terminaba. La c\u00e1rcel deja entonces de ser solamente un edificio lleno de personas privadas de libertad y se convierte en el escenario de algo mucho m\u00e1s grande: una historia sobre el poder, el miedo, la indiferencia y lo f\u00e1cil que resulta aceptar determinadas cosas cuando creemos que solamente les ocurrir\u00e1n a otros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque durante buena parte del libro pudimos dormir tranquilos repiti\u00e9ndonos que ellos estaban dentro y nosotros afuera. Ese era nuestro consuelo, nuestra distancia y quiz\u00e1 tambi\u00e9n nuestra excusa para no mirar demasiado. Hasta que un d\u00eda pasamos la p\u00e1gina y descubrimos que alguien cambi\u00f3 los papeles, que aquella divisi\u00f3n que parec\u00eda protegernos era apenas parte del argumento y que nosotros tambi\u00e9n hab\u00edamos estado dentro de la historia desde el principio. Entonces tal vez queramos volver unas p\u00e1ginas atr\u00e1s, releer algunos cap\u00edtulos, entender cu\u00e1ndo empez\u00f3 todo y preguntarnos por qu\u00e9 nadie dijo nada antes. Pero las novelas permiten volver atr\u00e1s; la historia real no siempre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Suerte! Porque todav\u00eda no sabemos exactamente cu\u00e1ntos cap\u00edtulos faltan, qui\u00e9n est\u00e1 escribiendo el siguiente ni cu\u00e1l ser\u00e1 el desenlace. Solo queda esperar que, cuando lleguemos a la \u00faltima p\u00e1gina, todav\u00eda podamos reconocer el pa\u00eds, la sociedad y a nosotros mismos dentro de esta extra\u00f1a y maquiav\u00e9lica historia. Y, sobre todo, que tengamos la suerte de llegar al cap\u00edtulo final.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El tema de los privados de libertad se ha ido convirtiendo en una novela. 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