{"id":5200,"date":"2026-09-28T01:55:12","date_gmt":"2026-09-28T01:55:12","guid":{"rendered":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/?p=5200"},"modified":"2026-09-28T01:55:13","modified_gmt":"2026-09-28T01:55:13","slug":"vengo-del-planeta-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/vengo-del-planeta-tierra\/","title":{"rendered":"Vengo del planeta Tierra"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img decoding=\"async\" width=\"589\" height=\"196\" data-src=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-41.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5201 lazyload\" style=\"--smush-placeholder-width: 589px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 589\/196;aspect-ratio:3.0051020408163267;width:589px;height:auto\" data-srcset=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-41.jpeg 589w, https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/image-41-300x100.jpeg 300w\" data-sizes=\"(max-width: 589px) 100vw, 589px\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No s\u00e9 exactamente c\u00f3mo llegu\u00e9 a aquel planeta. Tampoco importa demasiado. Lo cierto es que estaba ah\u00ed, en un lugar lejano, sentado frente a varios de sus habitantes, que me observaban con una curiosidad semejante a la m\u00eda. Su mundo era \u00e1rido, inmenso, de colores terrosos, con grandes extensiones de suelo y formaciones rocosas que se levantaban a lo lejos. No hab\u00eda \u00e1rboles, ni pasto, ni flores. No hab\u00eda nada verde.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En alg\u00fan momento me preguntaron de d\u00f3nde ven\u00eda y respond\u00ed, con la naturalidad con que uno dice el nombre de su barrio, que ven\u00eda del planeta Tierra. Entonces uno de ellos me hizo una pregunta que jam\u00e1s me hab\u00edan hecho: por qu\u00e9 se llamaba Tierra. No tuve respuesta. Nunca lo hab\u00eda pensado. Supuse que ser\u00eda porque hab\u00eda mucha tierra, pero inmediatamente me se\u00f1alaron que su planeta tambi\u00e9n estaba lleno de ella. Tuve que corregirme: la diferencia era que en nuestra tierra crec\u00edan cosas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Habl\u00e9 de los \u00e1rboles, de las plantas, del pasto y de las flores, y pronto comprend\u00ed que estaba usando palabras que para ellos no significaban absolutamente nada. Empec\u00e9 por el \u00e1rbol: un ser vivo que nac\u00eda del suelo, que pod\u00eda crecer durante muchos a\u00f1os y alcanzar grandes alturas, con un tronco del que sal\u00edan ramas y ramas de las que nac\u00edan hojas. Algunos produc\u00edan frutos que nosotros com\u00edamos; otros daban flores; muchos animales viv\u00edan entre sus ramas y, cuando hac\u00eda mucho calor, nosotros mismos nos refugi\u00e1bamos debajo de ellos para aprovechar su sombra. Explicar un \u00e1rbol a alguien que nunca ha visto uno es mucho m\u00e1s dif\u00edcil de lo que parece. Mientras hablaba, fui descubriendo la cantidad de cosas extraordinarias que yo hab\u00eda reducido durante toda mi vida a una sola palabra: \u00e1rbol.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces quisieron saber c\u00f3mo hac\u00edamos para mantener vivos tantos \u00e1rboles y tantas plantas, y as\u00ed llegu\u00e9 al agua: un l\u00edquido transparente, indispensable para casi toda la vida que yo conoc\u00eda, que beb\u00edamos nosotros y que necesitaban tambi\u00e9n los animales y las plantas. Naturalmente, preguntaron de d\u00f3nde sac\u00e1bamos suficiente agua para mantener vivo un planeta lleno de vegetaci\u00f3n. Respond\u00ed que, entre otras cosas, ca\u00eda del cielo. Aquello les result\u00f3 dif\u00edcil de creer, y tuve que contarles la lluvia: las nubes, las gotas, los aguaceros que pueden durar horas, el agua cayendo sobre monta\u00f1as, bosques, ciudades y campos. Uno de ellos permaneci\u00f3 pensativo durante unos segundos y resumi\u00f3 mi larga explicaci\u00f3n de una manera que yo nunca habr\u00eda imaginado:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Entonces su cielo los riega.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me qued\u00e9 callado. Hab\u00eda visto llover miles de veces, pero jam\u00e1s hab\u00eda pensado que viv\u00eda en un planeta donde el cielo se encargaba de regar la vida. La siguiente pregunta era inevitable: qu\u00e9 ocurr\u00eda cuando el cielo dejaba de regarnos. Les cont\u00e9 que tenemos temporadas secas y lugares donde puede pasar mucho tiempo sin llover, pero que a\u00fan entonces disponemos de agua, porque tenemos r\u00edos. Otra palabra desconocida. Intent\u00e9 describir un r\u00edo como una corriente de agua que viaja sobre la tierra siguiendo su propio camino: baja de las monta\u00f1as, atraviesa bosques, campos, pueblos y ciudades, y va a encontrarse con otros r\u00edos, con lagos o, finalmente, con el mar. Algunos son peque\u00f1os y tranquilos; otros, enormes y poderosos. Y cuando quisieron saber de d\u00f3nde sal\u00eda toda esa agua si no estaba cayendo del cielo, tuve que confesarles algo que les pareci\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s incre\u00edble: tambi\u00e9n tenemos agua debajo de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Parte de la lluvia, les dije, penetra el suelo y se queda all\u00e1 abajo, viajando lentamente entre las rocas, guardada a veces durante much\u00edsimo tiempo, hasta que en ciertos lugares vuelve a aparecer por s\u00ed misma y brota de la tierra. A eso lo llamamos una naciente. La palabra les gust\u00f3. La repitieron varias veces, como si hubiera algo hermoso en la idea de que el agua pudiera nacer. Uno de ellos intent\u00f3 ordenar todo lo que acababa de escuchar: en mi planeta hab\u00eda agua que ca\u00eda del cielo, agua que corr\u00eda sobre la tierra y agua que sal\u00eda de dentro de ella. Y con toda esa agua, cuando la lluvia no era suficiente, reg\u00e1bamos los cultivos. Tuve que explicar tambi\u00e9n qu\u00e9 era cultivar: sembrar plantas para alimentarnos. Y empec\u00e9 a nombrarlas: mangos, aguacates, naranjas, limones, manzanas, arroz, ma\u00edz, frijoles, papas, tomates, lechugas. Conforme avanzaba, la Tierra empezaba a parecerme, incluso a m\u00ed, cada vez m\u00e1s improbable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En alg\u00fan momento uno record\u00f3 que yo hab\u00eda dicho que algunos animales viv\u00edan en los \u00e1rboles y me pregunt\u00f3 qu\u00e9 era un animal. Me pareci\u00f3 una pregunta sencilla hasta que intent\u00e9 responderla. Eran seres vivos diferentes de las plantas, y la mayor\u00eda pod\u00eda desplazarse por s\u00ed misma. Hab\u00eda millones de especies: animales que caminaban, otros que corr\u00edan, algunos que volaban, otros que se arrastraban; los hab\u00eda diminutos y gigantescos, con dos patas, cuatro, seis, ocho o ninguna. Algunos viv\u00edan debajo de la tierra, otros en los \u00e1rboles, muchos en los r\u00edos y cantidades inimaginables dentro del mar. Tambi\u00e9n les cont\u00e9 que ciertos animales viv\u00edan dentro de nuestras casas. Eso los desconcert\u00f3 particularmente. Les expliqu\u00e9 que los aliment\u00e1bamos, los cuid\u00e1bamos, jug\u00e1bamos con ellos y que, en muchos casos, llegaban a formar parte de nuestra familia. Les dije, sin pensarlo demasiado, que lleg\u00e1bamos a quererlos much\u00edsimo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A esas alturas comprend\u00ed que las palabras ya no eran suficientes. Saqu\u00e9 mi tel\u00e9fono y decid\u00ed mostrarles aquello que intentaba explicar. Primero apareci\u00f3 un \u00e1rbol. Se acercaron a la pantalla y permanecieron en silencio. Despu\u00e9s les ense\u00f1\u00e9 un bosque entero, campos cubiertos de verde, flores de distintos colores, monta\u00f1as llenas de vegetaci\u00f3n y plantaciones extendi\u00e9ndose hasta donde alcanzaba la vista. Les mostr\u00e9 la lluvia cayendo sobre un bosque y les record\u00e9 que aquello era el cielo reg\u00e1ndonos. Luego vinieron las nacientes, las cataratas y los r\u00edos. Finalmente, los animales: un perro, un caballo, una mariposa, un p\u00e1jaro, un elefante, una jirafa y un mono sentado sobre la rama de un \u00e1rbol. Al principio preguntaban por cada imagen, pero poco a poco dejaron de hacerlo. Simplemente miraban.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces les mostr\u00e9 el mar. Busqu\u00e9 una fotograf\u00eda tomada desde una playa, en la que el agua se extend\u00eda hasta confundirse con el horizonte. Uno pregunt\u00f3 si todo aquello era agua. Le dije que s\u00ed. Quiso saber d\u00f3nde terminaba y le expliqu\u00e9 que desde aquel lugar no era posible verlo. Les habl\u00e9 de los oc\u00e9anos, de extensiones de agua tan grandes que separaban continentes enteros, aunque todav\u00eda no me atrev\u00ed a explicarles lo que pod\u00eda existir debajo de aquella superficie. Durante un buen rato pasaron las fotograf\u00edas en silencio: \u00e1rboles, flores, lluvia, monta\u00f1as, r\u00edos, animales, mar. Finalmente uno levant\u00f3 la mirada y me pregunt\u00f3 si nosotros realmente viv\u00edamos ah\u00ed. Le dije que s\u00ed, todos los d\u00edas. Volvi\u00f3 a mirar las im\u00e1genes y dijo algo que me incomod\u00f3 mucho m\u00e1s de lo que esperaba:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Entonces supongo que ustedes pasan la vida maravillados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No supe qu\u00e9 contestarle. Permanecimos un rato en silencio. Ellos segu\u00edan mirando las fotograf\u00edas y yo empezaba a comprender que explicar mi planeta era mucho m\u00e1s dif\u00edcil de lo que hab\u00eda imaginado: cada cosa que para m\u00ed era cotidiana necesitaba, para ellos, una explicaci\u00f3n completa. Entonces record\u00e9 que hab\u00eda algo que no aparec\u00eda en ninguna fotograf\u00eda y que, sin embargo, estaba pr\u00e1cticamente en todas: el viento. Les dije que en la Tierra el aire se mueve. Al principio no entendieron qu\u00e9 quer\u00eda decir. El aire, para ellos, estaba ah\u00ed; era simplemente el espacio que ocupaban y respiraban. Tuve que contarles que en nuestro planeta pod\u00eda desplazarse con tanta suavidad que apenas lo sent\u00edamos sobre la piel, o con tanta fuerza que pod\u00eda doblar \u00e1rboles, levantar objetos y producir enormes tormentas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El viento mov\u00eda las hojas, refrescaba nuestros cuerpos cuando hac\u00eda calor, empujaba las nubes, levantaba las olas del mar y llevaba semillas a lugares donde pod\u00edan nacer nuevas plantas. Incluso hab\u00edamos aprendido a usarlo para mover embarcaciones y producir energ\u00eda. Uno de ellos quiso verlo y tuve que decirle que eso era imposible. Pod\u00eda mostrarle \u00e1rboles movi\u00e9ndose, cabellos levant\u00e1ndose, nubes desplaz\u00e1ndose o enormes olas, pero el viento mismo no pod\u00eda ense\u00f1\u00e1rselo. Aquello pareci\u00f3 desconcertarlos. Uno finalmente dijo que entonces en la Tierra ten\u00edamos algo que no pod\u00edamos ver, pero cuya existencia conoc\u00edamos porque pod\u00edamos sentirlo. Me qued\u00e9 pensando. Sin saber muy bien por qu\u00e9, record\u00e9 lo que acababa de decirles sobre los animales que viven en nuestras casas, y lo mucho que llegamos a quererlos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00ed \u2014respond\u00ed\u2014. Tenemos varias cosas as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No expliqu\u00e9 cu\u00e1les. Despu\u00e9s hablamos del Sol. Eso result\u00f3 m\u00e1s sencillo al principio, porque ellos tambi\u00e9n conoc\u00edan la luz y ten\u00edan una estrella alrededor de la cual giraba su mundo. Pero cuando empec\u00e9 a contar la relaci\u00f3n que el Sol ten\u00eda con casi todo lo que ya les hab\u00eda dicho, incluso yo comenc\u00e9 a verlo de otra manera. El Sol calentaba nuestro planeta y daba energ\u00eda a las plantas; calentaba tambi\u00e9n los mares y hac\u00eda que parte de aquella inmensa cantidad de agua subiera, invisible, hacia el cielo, hasta convertirse en nubes. Las nubes viajaban, el agua volv\u00eda a caer sobre la tierra y comenzaba otra vez su recorrido por monta\u00f1as, r\u00edos, ra\u00edces y nacientes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de ellos empez\u00f3 entonces a reconstruir toda la historia: el Sol calentaba el agua, el agua sub\u00eda, despu\u00e9s ca\u00eda del cielo, alimentaba las plantas, las plantas produc\u00edan frutos, los animales com\u00edan plantas y otros animales, y nosotros nos aliment\u00e1bamos de muchas de aquellas cosas. Nada parec\u00eda estar completamente separado de lo dem\u00e1s. Mientras lo escuchaba, comprend\u00ed que yo conoc\u00eda todos esos procesos desde ni\u00f1o. Los hab\u00eda estudiado en la escuela, hab\u00eda visto dibujos del ciclo del agua y sab\u00eda perfectamente qu\u00e9 era la fotos\u00edntesis. Sin embargo, hasta ese momento nunca me hab\u00eda detenido a pensar en lo extraordinario de vivir dentro de un sistema donde tantas cosas parec\u00edan necesitarse unas a otras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces comet\u00ed el error de mencionar los volcanes. Tuve que explicar que debajo de algunas de nuestras monta\u00f1as la roca alcanzaba temperaturas tan altas que llegaba a fundirse y que, en determinadas circunstancias, esa materia pod\u00eda subir y salir a la superficie. Les habl\u00e9 de lava, ceniza, gases y erupciones. Despu\u00e9s de haberles descrito bosques, flores, lluvia y animales, probablemente acababa de arruinarles la imagen id\u00edlica que se hab\u00edan hecho de la Tierra. Uno de ellos quiso saber si aquellas monta\u00f1as pod\u00edan ser peligrosas. Le dije que s\u00ed. Pregunt\u00f3 si sab\u00edamos d\u00f3nde estaban, y respond\u00ed que tambi\u00e9n. Entonces quiso saber por qu\u00e9 alguien vivir\u00eda cerca de una monta\u00f1a capaz de lanzar roca derretida, ceniza y gases.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No encontr\u00e9 una explicaci\u00f3n particularmente brillante. Les cont\u00e9 que algunas personas hab\u00edan nacido ah\u00ed, que esas tierras pod\u00edan ser extraordinariamente f\u00e9rtiles, que alrededor de los volcanes hab\u00eda pueblos y ciudades y que, sencillamente, los seres humanos aprend\u00edamos a convivir con muchas de las fuerzas de nuestro planeta. Las estudi\u00e1bamos, las vigil\u00e1bamos y trat\u00e1bamos de comprenderlas, aunque nunca pudi\u00e9ramos controlarlas del todo. Uno de ellos sonri\u00f3. Me dijo que nosotros parec\u00edamos sentir un enorme cari\u00f1o por un planeta que, de vez en cuando, intentaba recordarnos qui\u00e9n mandaba. Tuve que darle la raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras volv\u00edan a pasar las fotograf\u00edas de mi tel\u00e9fono, uno de ellos se detuvo en la del perro y record\u00f3 algo que yo hab\u00eda dicho. Quiso saber qu\u00e9 significaba querer. Eso result\u00f3 mucho m\u00e1s dif\u00edcil de explicar que la lluvia, los \u00e1rboles o los r\u00edos. Le dije que querer era cuando otro ser se volv\u00eda importante para nosotros, pero inmediatamente quiso saber importante para qu\u00e9. Y tuve que admitir que, algunas veces, para nada. Querer a alguien no significa necesariamente necesitar algo de \u00e9l. Es desear que est\u00e9 bien aunque no recibamos nada a cambio; alegrarnos cuando aparece, extra\u00f1arlo cuando no est\u00e1, cuidarlo cuando lo necesita, compartir con \u00e9l nuestro tiempo, nuestra comida, nuestra casa o simplemente sentarnos a su lado. Les cont\u00e9 que pod\u00edamos querer a otras personas y tambi\u00e9n a ciertos animales, y que muchas veces esos animales parec\u00edan querernos tambi\u00e9n, aunque ninguno pudiera usar nuestras palabras para decirlo. Uno de ellos hizo entonces una pregunta todav\u00eda m\u00e1s complicada:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfC\u00f3mo sabe uno que quiere a alguien? \u00bfSe siente en el cuerpo o algo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Instintivamente me llev\u00e9 la mano al pecho, y todos siguieron el movimiento. Les dije que los humanos solemos decir que queremos con el coraz\u00f3n, aunque sabemos que el coraz\u00f3n es un \u00f3rgano que bombea sangre y que aquello que llamamos sentimientos ocurre de una manera much\u00edsimo m\u00e1s compleja. Sin embargo, insist\u00ed en que querer s\u00ed pod\u00eda sentirse en el cuerpo. Cuando vemos a alguien que queremos, podemos sonre\u00edr sin decidir hacerlo; cuando regresa despu\u00e9s de mucho tiempo, sentimos deseos de acercarnos y abrazarlo; si est\u00e1 en peligro, sentimos miedo y, si sufre, algo dentro de nosotros parece sufrir tambi\u00e9n. Y si lo perdemos, duele.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Naturalmente, quisieron saber d\u00f3nde dol\u00eda. Volv\u00ed a llevarme la mano al pecho. Uno de ellos se\u00f1al\u00f3 la contradicci\u00f3n: acababa de decirles que el querer no estaba ah\u00ed y, sin embargo, ahora afirmaba que ah\u00ed pod\u00eda sentirse su ausencia. Me re\u00ed. Tuve que reconocer que los humanos somos bastante complicados. \u00c9l permaneci\u00f3 pensando durante un rato, hasta que dijo que entonces nuestro cuerpo pod\u00eda sentir la ausencia de alguien que ni siquiera estaba dentro de nuestro cuerpo. Le respond\u00ed que s\u00ed. Mir\u00f3 nuevamente la fotograf\u00eda del perro y pareci\u00f3 comprender algo antes que yo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Como su viento \u2014dijo\u2014. Entonces quiz\u00e1 querer es que alguien pueda estar fuera de ti y, aun as\u00ed, puedas sentirlo dentro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo mir\u00e9 en silencio. Hab\u00eda viajado desde la Tierra hasta un planeta lejano para explicarles qu\u00e9 era querer, y termin\u00f3 siendo uno de ellos quien me lo explic\u00f3 a m\u00ed. Ellos siguieron pasando las fotograf\u00edas, y yo empec\u00e9 a sentir algo extra\u00f1o. Llevaba toda mi vida en la Tierra. Hab\u00eda sentido miles de veces el viento sin verlo. Hab\u00eda recibido lluvia sobre mi cara, caminado debajo de \u00e1rboles, bebido agua que alguna vez estuvo dentro de una monta\u00f1a, visto el Sol desaparecer detr\u00e1s del mar y vivido a la vista de volcanes. Hab\u00eda querido personas y animales, hab\u00eda sentido su presencia y tambi\u00e9n la ausencia de algunos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo aquello hab\u00eda estado siempre ah\u00ed, y quiz\u00e1 por eso hab\u00eda dejado de verlo. Empec\u00e9 a sospechar que aquel viaje a otro planeta no me estaba sirviendo para conocer el mundo de ellos, sino para conocer el m\u00edo. Antes de despedirnos, uno de ellos volvi\u00f3 a hacerme la primera pregunta: quiso saber por qu\u00e9 mi planeta se llamaba Tierra. Esta vez no intent\u00e9 buscar una explicaci\u00f3n. Me qued\u00e9 un momento en silencio, con el tel\u00e9fono todav\u00eda en la mano, y respond\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No s\u00e9 por qu\u00e9 le pusieron ese nombre. Pero ahora entiendo por qu\u00e9, cuando estamos lejos, la llamamos nuestra tierra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo dije mirando las fotograf\u00edas que todav\u00eda estaban en mi tel\u00e9fono: los \u00e1rboles, la lluvia, el r\u00edo, el mar, los animales. Pens\u00e9 en el viento que no pod\u00eda ense\u00f1arles, en el Sol, en los volcanes y en todos aquellos seres que pod\u00edan estar fuera de nosotros y, aun as\u00ed, sentirse dentro. Y por primera vez desde que hab\u00eda llegado a aquel planeta, fui yo quien tuvo ganas de volver a casa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No s\u00e9 exactamente c\u00f3mo llegu\u00e9 a aquel planeta. Tampoco importa demasiado. 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