{"id":5372,"date":"2026-10-14T01:48:13","date_gmt":"2026-10-14T01:48:13","guid":{"rendered":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/?p=5372"},"modified":"2026-10-14T01:50:08","modified_gmt":"2026-10-14T01:50:08","slug":"de-una-carreta-de-cafe-al-premio-nobel-de-la-paz-39-anos-despues","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/de-una-carreta-de-cafe-al-premio-nobel-de-la-paz-39-anos-despues\/","title":{"rendered":"De una carreta de caf\u00e9 al Premio Nobel de la Paz: 39 a\u00f1os despu\u00e9s"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por Vinicio Jarqu\u00edn<br><em>13 de octubre de 2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img decoding=\"async\" width=\"589\" height=\"332\" data-src=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/image-26.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5374 lazyload\" style=\"--smush-placeholder-width: 589px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 589\/332;aspect-ratio:1.7740963855421688;width:589px;height:auto\" data-srcset=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/image-26.jpeg 589w, https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/image-26-300x169.jpeg 300w\" data-sizes=\"(max-width: 589px) 100vw, 589px\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta tarde sal\u00ed de la casa de don \u00d3scar Arias S\u00e1nchez con esa sensaci\u00f3n tan particular que experimento cada vez que tengo la oportunidad de visitarlo. Una mezcla de satisfacci\u00f3n, aprendizaje, admiraci\u00f3n y gratitud. Hay encuentros que uno disfruta mientras suceden y otros que, adem\u00e1s, contin\u00faan acompa\u00f1\u00e1ndonos mucho despu\u00e9s de haber terminado. Las conversaciones con don \u00d3scar pertenecen a ambas categor\u00edas. Siempre regreso a mi casa con alguna reflexi\u00f3n nueva, con preguntas que antes no me hab\u00eda planteado y con la sensaci\u00f3n de haber recibido una lecci\u00f3n de historia que dif\u00edcilmente podr\u00eda encontrar en los libros. Desde hace alg\u00fan tiempo nos vemos con cierta regularidad. Nos sentamos a tomar caf\u00e9, unas veces en su biblioteca y otras en la terraza de su casa, y conversamos de muchas cosas. Hablamos de pol\u00edtica internacional, de Ucrania, de Estados Unidos, de los acontecimientos que est\u00e1n transformando el mundo y, con frecuencia, terminamos recorriendo cap\u00edtulos de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Escucharlo es asistir a una c\u00e1tedra extraordinaria, no solamente por sus conocimientos, sino porque buena parte de su vida ha transcurrido cerca de acontecimientos, decisiones y personajes que han marcado la historia contempor\u00e1nea.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero esta tarde nuestra conversaci\u00f3n tom\u00f3 un rumbo diferente. En medio de tantos temas, don \u00d3scar me record\u00f3 que hoy, 13 de octubre, se cumplen exactamente 39 a\u00f1os de uno de los acontecimientos m\u00e1s importantes de su vida. Una fecha que pertenece a la historia de Costa Rica, que forma parte de la historia internacional y que, antes de convertirse en un acontecimiento p\u00fablico, fue una experiencia profundamente humana, vivida por una familia costarricense. Hoy quiero escribir sobre esa familia. No pretendo hacer una biograf\u00eda de don \u00d3scar Arias S\u00e1nchez, ni un an\u00e1lisis pol\u00edtico de sus administraciones. Tampoco quiero convertir estas p\u00e1ginas en una defensa de sus decisiones o de su trayectoria. Quiero contar una historia que conoc\u00ed de cerca, algunos detalles que \u00e9l mismo me comparti\u00f3 esta tarde y una coincidencia que, de alguna manera, me permite sentir que tambi\u00e9n estuve presente en un peque\u00f1o rinc\u00f3n de aquellos acontecimientos. Sobre todo, quiero escribir sobre las personas que existen detr\u00e1s de los nombres que aparecen en los libros de historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una noticia que cambi\u00f3 la vida de una familia<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era martes, 13 de octubre de 1987. Don \u00d3scar se encontraba disfrutando unos d\u00edas de descanso en la playa, acompa\u00f1ado por su entonces esposa, do\u00f1a Margarita Pen\u00f3n G\u00f3ngora, y sus dos hijos, \u00d3scar Felipe y Silvia. La familia hab\u00eda estado celebrando el cumplea\u00f1os de do\u00f1a Margarita, ocurrido apenas dos d\u00edas antes, el 11 de octubre. Don \u00d3scar llevaba poco m\u00e1s de un a\u00f1o ejerciendo la Presidencia de la Rep\u00fablica. Hab\u00eda asumido el poder en mayo de 1986, en una Centroam\u00e9rica convulsionada por conflictos armados, profundas divisiones pol\u00edticas, sufrimiento humano y enormes tensiones internacionales. Desde Costa Rica impulsaba una propuesta de paz que buscaba abrir caminos para que nuestros vecinos pudieran abandonar la violencia y resolver sus diferencias mediante el di\u00e1logo, la democracia y el respeto a la voluntad de sus pueblos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero aquel d\u00eda estaba con su familia. Me gusta imaginar esa escena, no desde la solemnidad de la historia, sino desde la sencillez de la vida cotidiana. Un matrimonio con sus dos hijos, disfrutando unos d\u00edas de playa, compartiendo el cumplea\u00f1os de la mam\u00e1 y encontrando un peque\u00f1o espacio para descansar de las responsabilidades que implicaba dirigir un pa\u00eds. Y entonces lleg\u00f3 la noticia. \u00d3scar Arias S\u00e1nchez hab\u00eda sido galardonado con el Premio Nobel de la Paz de 1987. Me resulta dif\u00edcil imaginar la dimensi\u00f3n de aquel instante. No solamente por lo que significaba para un presidente de la Rep\u00fablica recibir semejante reconocimiento, sino por lo que debi\u00f3 representar para su esposa y sus hijos. Una noticia inesperada, recibida en medio de unas vacaciones familiares, que en cuesti\u00f3n de segundos transform\u00f3 una jornada ordinaria en un recuerdo destinado a permanecer para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pienso en do\u00f1a Margarita. En lo que pudo haber sentido al comprender que los esfuerzos de su esposo, las responsabilidades de aquellos meses, los viajes, las preocupaciones y las largas jornadas de trabajo estaban recibiendo uno de los reconocimientos m\u00e1s importantes del mundo. Pienso tambi\u00e9n en los ni\u00f1os. En cu\u00e1nto habr\u00e1n comprendido de aquella noticia y en c\u00f3mo habr\u00e1n percibido la emoci\u00f3n de sus padres. No conozco los detalles \u00edntimos de ese momento y no pretendo inventarlos. Pero s\u00ed puedo imaginar la extraordinaria emoci\u00f3n de una familia que, sin dejar de ser una familia, acababa de ingresar en uno de los cap\u00edtulos m\u00e1s importantes de la historia de Costa Rica. Porque antes de que el mundo celebrara al Premio Nobel, hubo cuatro costarricenses que recibieron juntos aquella noticia. Y eso, para m\u00ed, tiene una belleza especial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una familia costarricense construyendo patria<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando recordamos a los grandes protagonistas de la historia, solemos hacerlo a trav\u00e9s de sus cargos, sus decisiones, sus discursos y sus reconocimientos. Hablamos de presidentes, gobernantes, diplom\u00e1ticos y estadistas. Estudiamos sus logros, cuestionamos sus errores y analizamos las consecuencias de sus actuaciones. Pero pocas veces nos detenemos a pensar que, mientras esas personas trabajan en asuntos de enorme trascendencia, sus familias contin\u00faan viviendo una existencia cotidiana, con las mismas necesidades afectivas, preocupaciones, ilusiones y dificultades que cualquier otra familia. Don \u00d3scar era presidente de Costa Rica, pero tambi\u00e9n era esposo y padre. Do\u00f1a Margarita desempe\u00f1aba responsabilidades p\u00fablicas como primera dama, pero tambi\u00e9n era esposa y madre. \u00d3scar Felipe y Silvia eran hijos de un presidente, pero segu\u00edan siendo dos ni\u00f1os costarricenses que necesitaban compartir tiempo con sus padres, celebrar sus cumplea\u00f1os, jugar, aprender y crecer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Presidencia de la Rep\u00fablica no se queda encerrada en el despacho presidencial. De una u otra manera, tambi\u00e9n entra en la casa, modifica los horarios, condiciona los viajes, interrumpe momentos familiares y exige sacrificios que dif\u00edcilmente aparecen registrados en los documentos oficiales. No puedo afirmar cu\u00e1les fueron las dificultades particulares que vivieron ellos. Eso pertenece a su intimidad. Pero s\u00ed puedo reconocer que aquella familia comparti\u00f3 una etapa extraordinaria de responsabilidades p\u00fablicas, en momentos en que Costa Rica desempe\u00f1aba un papel fundamental en los esfuerzos por alcanzar la paz en Centroam\u00e9rica. Y aqu\u00ed quiero detenerme en algo que considero esencial. La familia Arias Pen\u00f3n no solamente estaba acompa\u00f1ando a un presidente. Estaba viviendo, desde su propia realidad familiar, un per\u00edodo en el que Costa Rica contribu\u00eda a construir la historia internacional. Mientras don \u00d3scar trabajaba para acercar posiciones entre gobiernos enfrentados, mientras se discut\u00edan acuerdos y se buscaban caminos para detener las guerras, hab\u00eda una familia que compart\u00eda las exigencias de aquella misi\u00f3n. Por eso, cuando pienso en aquel 13 de octubre, no veo \u00fanicamente a un mandatario recibiendo un reconocimiento. Veo a cuatro costarricenses que hab\u00edan recorrido juntos una parte del camino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando Costa Rica ayud\u00f3 a abrir las puertas de la paz<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para comprender la importancia de aquella noticia es necesario recordar la Centroam\u00e9rica de los a\u00f1os ochenta. Nuestra regi\u00f3n estaba marcada por guerras civiles, enfrentamientos ideol\u00f3gicos, intervenciones extranjeras, persecuciones, desplazamientos de poblaci\u00f3n y miles de familias que viv\u00edan bajo el temor de la violencia. Costa Rica, que hab\u00eda abolido su ej\u00e9rcito d\u00e9cadas antes, se encontraba rodeada de pa\u00edses donde las armas segu\u00edan ocupando un lugar determinante en la vida pol\u00edtica. Don \u00d3scar asumi\u00f3 la Presidencia convencido de que la paz no pod\u00eda construirse exclusivamente mediante el poder militar, las amenazas o la imposici\u00f3n de una de las partes sobre las dem\u00e1s. Era necesario abrir espacios para el di\u00e1logo, la reconciliaci\u00f3n, la democratizaci\u00f3n y el respeto a los derechos de los pueblos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su iniciativa diplom\u00e1tica contribuy\u00f3 decisivamente al proceso que culmin\u00f3, el 7 de agosto de 1987, con la firma del acuerdo conocido como Esquipulas II, suscrito por los cinco presidentes centroamericanos. Aquello no signific\u00f3 que las guerras terminaran inmediatamente. Los procesos de paz son complejos, requieren tiempo y dependen de muchas voluntades. Tampoco ser\u00eda justo atribuir a una sola persona los esfuerzos de tantos dirigentes, diplom\u00e1ticos, organizaciones y ciudadanos que trabajaron por la pacificaci\u00f3n de nuestra regi\u00f3n. Pero ser\u00eda igualmente injusto desconocer el liderazgo que ejerci\u00f3 don \u00d3scar Arias y la importancia de la iniciativa que impuls\u00f3 desde la Presidencia de Costa Rica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Premio Nobel de la Paz reconoci\u00f3 precisamente ese esfuerzo. Y aqu\u00ed hay algo que, como costarricense, me conmueve profundamente. Nuestro pa\u00eds no estaba ofreciendo ej\u00e9rcitos para imponer una soluci\u00f3n. Estaba ofreciendo una propuesta de di\u00e1logo. No estaba intentando conquistar territorios. Estaba procurando que otros pueblos pudieran vivir sin guerras. Desde una naci\u00f3n peque\u00f1a, sin ej\u00e9rcito y con recursos limitados, se estaba demostrando que la influencia internacional no depende exclusivamente de la fuerza militar o del tama\u00f1o de una econom\u00eda. Tambi\u00e9n puede depender de la capacidad de proponer, convencer, negociar y construir acuerdos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y esa dimensi\u00f3n nacional qued\u00f3 expresada en las propias palabras de don \u00d3scar cuando recibi\u00f3 el Premio Nobel de la Paz, el 10 de diciembre de 1987. Desde Oslo explic\u00f3 que el reconocimiento no estaba destinado \u00fanicamente a su persona, sino tambi\u00e9n al pueblo costarricense y a los esfuerzos que nuestro pa\u00eds ven\u00eda realizando para alcanzar la paz en Centroam\u00e9rica. Me conmueve pensar que, en uno de los momentos m\u00e1s importantes de su vida, frente a los representantes de la comunidad internacional, don \u00d3scar haya querido colocar a Costa Rica en el centro de aquel reconocimiento. No estaba hablando solamente de sus logros personales. Estaba hablando de la naci\u00f3n que representaba, de su historia pacifista y de la responsabilidad que hab\u00eda asumido junto a otros presidentes centroamericanos. De alguna manera, aquella ceremonia tambi\u00e9n pertenec\u00eda a los maestros, a los agricultores, a los trabajadores, a las familias y a las generaciones de costarricenses que hab\u00edan contribuido a construir un pa\u00eds capaz de proponer el di\u00e1logo como alternativa a las armas. Y eso me parece especialmente significativo: mientras un costarricense recib\u00eda el Premio Nobel en Oslo, nuestra peque\u00f1a naci\u00f3n encontraba una oportunidad extraordinaria para mostrarle al mundo lo que hab\u00eda venido construyendo durante generaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella administraci\u00f3n coloc\u00f3 a Costa Rica en una posici\u00f3n extraordinaria dentro de los esfuerzos internacionales por la paz. Y los frutos de ese trabajo no pertenecen solamente al pasado. La estabilidad democr\u00e1tica que hemos disfrutado, la tradici\u00f3n pacifista que nos distingue y la posibilidad de vivir en una regi\u00f3n que dej\u00f3 atr\u00e1s buena parte de aquellos conflictos armados tienen relaci\u00f3n con los esfuerzos de muchas generaciones de costarricenses y centroamericanos, entre ellos los impulsados durante la primera administraci\u00f3n de don \u00d3scar. Por eso considero que debemos aprender a mirar nuestra historia con gratitud. No se trata de renunciar al pensamiento cr\u00edtico ni de idealizar a nuestros gobernantes. Se trata de reconocer que hubo personas que asumieron responsabilidades enormes y contribuyeron a construir condiciones de vida que hoy, muchas veces, damos por sentadas. Y detr\u00e1s de uno de aquellos esfuerzos estuvo una familia costarricense.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mucho antes de Oslo hubo un boyero<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay otro detalle de nuestra conversaci\u00f3n que me conmovi\u00f3 especialmente. Don \u00d3scar me habl\u00f3 de su abuelo, un boyero que transportaba caf\u00e9 desde Heredia hasta el puerto de Puntarenas. Intento imaginar aquella Costa Rica. Los caminos de tierra, las carretas cargadas de caf\u00e9, las largas jornadas bajo el sol y la lluvia, los bueyes avanzando lentamente y los hombres que necesitaban varios d\u00edas para completar aquellos recorridos. No hab\u00eda autom\u00f3viles modernos, carreteras como las actuales ni las facilidades de transporte que hoy conocemos. Hab\u00eda trabajo, paciencia, esfuerzo f\u00edsico y una enorme determinaci\u00f3n para sacar adelante a las familias. Aquel hombre cargaba su carreta y emprend\u00eda el camino hacia Puntarenas. Probablemente pensaba en cumplir con su trabajo, regresar a casa y procurar el sustento de los suyos. No pod\u00eda imaginar que, generaciones despu\u00e9s, uno de sus descendientes llegar\u00eda a ser presidente de Costa Rica en dos ocasiones y recibir\u00eda el Premio Nobel de la Paz. Mucho menos pod\u00eda imaginar que su historia ser\u00eda recordada, casi cuatro d\u00e9cadas despu\u00e9s de aquel galard\u00f3n, durante una conversaci\u00f3n entre su nieto y un amigo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero as\u00ed se construyen las historias familiares y, de alguna manera, tambi\u00e9n las naciones. No todos los que contribuyen a construir un pa\u00eds aparecen en los libros. Algunos lo hacen desde una oficina p\u00fablica, otros desde una escuela, un hospital o una universidad. Muchos lo hacen desde el campo, los talleres, los peque\u00f1os negocios y los caminos por los que transcurre silenciosamente la vida cotidiana. Aquel boyero formaba parte de esa Costa Rica trabajadora que fue levantando el pa\u00eds generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n. Mientras conduc\u00eda su carreta cargada de caf\u00e9, tambi\u00e9n estaba contribuyendo, sin saberlo, a construir el futuro de su familia y de nuestra naci\u00f3n. Me parece extraordinario pensar en ese recorrido humano. De los caminos entre Heredia y Puntarenas a los salones del Palacio Real de Noruega. De una carreta tirada por bueyes a una ceremonia internacional en Oslo. De un hombre que transportaba caf\u00e9 para ganarse la vida a un nieto reconocido mundialmente por sus esfuerzos para alcanzar la paz. No porque una vida valga m\u00e1s que la otra, sino porque ambas forman parte de una misma historia de trabajo, oportunidades, esfuerzo y superaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un viaje familiar hacia la historia<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Casi dos meses despu\u00e9s del anuncio, la familia Arias Pen\u00f3n viaj\u00f3 a Noruega para participar en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz, celebrada el 10 de diciembre de 1987. Don \u00d3scar me cont\u00f3 esta tarde algunos detalles que dif\u00edcilmente encontrar\u00edamos en los discursos oficiales. Por su condici\u00f3n de jefe de Estado, \u00e9l y su familia fueron recibidos por la monarqu\u00eda noruega y, seg\u00fan me relat\u00f3, se hospedaron en el Palacio Real. Imagino lo que debi\u00f3 representar aquel viaje para los cuatro. Una familia costarricense que hab\u00eda recibido una noticia extraordinaria mientras descansaba en una playa de nuestro pa\u00eds se encontraba ahora en Europa, rodeada de autoridades internacionales, protocolos, ceremonias y acontecimientos que quedar\u00edan registrados para siempre en la historia. Don \u00d3scar recibir\u00eda el Premio Nobel de la Paz. Do\u00f1a Margarita lo acompa\u00f1ar\u00eda en aquel momento trascendental. Y sus hijos tendr\u00edan la oportunidad de vivir una experiencia que pocos ni\u00f1os en el mundo han conocido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero incluso en medio de tanta solemnidad, la vida familiar segu\u00eda su curso. \u00d3scar Felipe cumpl\u00eda ocho a\u00f1os precisamente el 10 de diciembre. El mismo d\u00eda de la ceremonia. Y aqu\u00ed aparece uno de los recuerdos m\u00e1s hermosos que don \u00d3scar comparti\u00f3 conmigo. Seg\u00fan me cont\u00f3, el rey de Noruega mand\u00f3 preparar un queque especial para celebrar el cumplea\u00f1os del ni\u00f1o. Adem\u00e1s, como \u00d3scar Felipe se aburr\u00eda entre tantas actividades de adultos, el monarca le regal\u00f3 un Nintendo. \u00a1Qu\u00e9 escena tan extraordinariamente humana! Mientras su padre recib\u00eda uno de los reconocimientos internacionales m\u00e1s importantes, aquel ni\u00f1o costarricense celebraba sus ocho a\u00f1os con un queque y un videojuego. Puedo imaginarlo mucho m\u00e1s interesado en su regalo que en los discursos, los protocolos o la importancia diplom\u00e1tica de cuanto suced\u00eda a su alrededor. Y me parece maravilloso que as\u00ed fuera. Porque \u00d3scar Felipe no ten\u00eda por qu\u00e9 dejar de ser ni\u00f1o para comprender la importancia del momento hist\u00f3rico que viv\u00eda su padre. Ten\u00eda derecho a celebrar su cumplea\u00f1os, a aburrirse durante las ceremonias y a entusiasmarse con un Nintendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y hay algo todav\u00eda m\u00e1s hermoso que descubr\u00ed al revisar las palabras pronunciadas por don \u00d3scar durante aquella ceremonia. El cumplea\u00f1os de su hijo no qued\u00f3 solamente como una celebraci\u00f3n familiar ni como una an\u00e9cdota del viaje. El propio don \u00d3scar hizo referencia a \u00d3scar Felipe en su discurso de aceptaci\u00f3n del Premio Nobel de la Paz. Frente a las autoridades reunidas en Oslo, record\u00f3 que aquel d\u00eda su hijo cumpl\u00eda ocho a\u00f1os y, aprovechando esa coincidencia, dirigi\u00f3 un mensaje a \u00e9l y a todos los ni\u00f1os costarricenses. Les expres\u00f3 su compromiso de rechazar la violencia y las soluciones militares a los conflictos de Centroam\u00e9rica, y defendi\u00f3 la necesidad de construir la paz mediante el di\u00e1logo, el entendimiento, la tolerancia, el perd\u00f3n, la libertad y la democracia. Me conmueve profundamente imaginar a aquel ni\u00f1o escuchando a su padre hablar de \u00e9l ante el mundo. Porque, en medio de una ceremonia destinada a reconocer esfuerzos diplom\u00e1ticos internacionales, don \u00d3scar encontr\u00f3 la manera de convertir el cumplea\u00f1os de su hijo en un compromiso con las nuevas generaciones. El padre y el presidente estaban hablando al mismo tiempo. El primero reconoc\u00eda un momento importante en la vida de su hijo; el segundo asum\u00eda p\u00fablicamente la responsabilidad de trabajar por un futuro en el que los ni\u00f1os no tuvieran que enfrentar las consecuencias de la guerra. Aquella referencia convierte el episodio del cumplea\u00f1os en algo todav\u00eda m\u00e1s significativo. \u00d3scar Felipe no solamente estuvo presente durante la entrega del Premio Nobel. Su cumplea\u00f1os qued\u00f3 incorporado al mensaje que su padre dirigi\u00f3 al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese peque\u00f1o episodio me record\u00f3 que, detr\u00e1s de los acontecimientos solemnes, la vida sigue teniendo sus propias prioridades. Un cumplea\u00f1os contin\u00faa siendo importante. Un ni\u00f1o sigue necesitando jugar. Y una familia, aunque est\u00e9 participando en un acontecimiento hist\u00f3rico, contin\u00faa siendo una familia. Don \u00d3scar dedic\u00f3 aquel Premio Nobel a sus hijos y a los ni\u00f1os de Centroam\u00e9rica. Esa dedicatoria adquiere una dimensi\u00f3n especialmente conmovedora cuando pensamos en los miles de ni\u00f1os que, mientras \u00d3scar Felipe celebraba su cumplea\u00f1os en Oslo, viv\u00edan las consecuencias de los conflictos armados en nuestra regi\u00f3n. La paz no era solamente un asunto de gobiernos, tratados o diplomacia. Era, y sigue siendo, una condici\u00f3n indispensable para que los ni\u00f1os puedan vivir su infancia. Para que puedan crecer sin miedo, celebrar sus cumplea\u00f1os y construir sus propios sue\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una peque\u00f1a parte de aquella historia tambi\u00e9n me pertenece<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay una coincidencia personal que hace especialmente significativo para m\u00ed este aniversario. El 6 de diciembre de 1987 publiqu\u00e9 un art\u00edculo en el peri\u00f3dico La Naci\u00f3n. Yo era entonces un hombre mucho m\u00e1s joven y no conoc\u00eda personalmente a don \u00d3scar Arias. Sin embargo, aquel mismo d\u00eda recib\u00ed una llamada suya. El presidente de la Rep\u00fablica quer\u00eda conversar conmigo sobre lo que hab\u00eda escrito y me invit\u00f3 a visitarlo en su casa. Al d\u00eda siguiente, 7 de diciembre, acud\u00ed a la invitaci\u00f3n. Conversamos durante algunos minutos. Recuerdo que, en determinado momento, don \u00d3scar me explic\u00f3 que deb\u00eda dar por terminada nuestra reuni\u00f3n porque do\u00f1a Margarita estaba preparando las maletas para el viaje que realizar\u00edan al d\u00eda siguiente. La familia saldr\u00eda hacia Oslo, donde \u00e9l recibir\u00eda el Premio Nobel de la Paz. Y as\u00ed termin\u00f3 nuestro primer encuentro. Yo regres\u00e9 a mi casa y ellos continuaron preparando un viaje que formar\u00eda parte de la historia internacional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante muchos a\u00f1os no volvimos a tener una relaci\u00f3n cercana. Nuestros caminos siguieron direcciones diferentes. \u00c9l continu\u00f3 su trayectoria p\u00fablica, sus actividades internacionales y, a\u00f1os despu\u00e9s, regres\u00f3 a la Presidencia de la Rep\u00fablica. Yo continu\u00e9 construyendo mi propia vida, trabajando, escribiendo, desarrollando proyectos y descubriendo nuevos caminos. Hasta que, en 2025, nuestras historias volvieron a cruzarse. Esta vez fue a trav\u00e9s de Apacigua, el movimiento ciudadano que fund\u00e9 con el prop\u00f3sito de contribuir a la paz, al respeto y a la convivencia democr\u00e1tica de los costarricenses. Lo que hab\u00eda sido un encuentro breve en diciembre de 1987 termin\u00f3 convirti\u00e9ndose, casi cuatro d\u00e9cadas despu\u00e9s, en una amistad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy nos vemos con cierta regularidad. Tomamos caf\u00e9. Conversamos. Y yo contin\u00fao aprendiendo. A veces pienso en aquella primera visita y en lo curioso que resulta el paso del tiempo. En 1987 fui a conversar con el presidente de la Rep\u00fablica, que estaba a punto de viajar a Oslo para recibir el Premio Nobel. Hoy visito a un amigo que puede sentarse tranquilamente en su biblioteca o en su terraza y compartir conmigo sus recuerdos, sus conocimientos y sus reflexiones. Y encuentro en esa diferencia algo profundamente hermoso. Porque las circunstancias cambian, los cargos terminan, las ceremonias pasan y los acontecimientos se convierten en historia. Pero las personas permanecen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una vida que puede mirar hacia atr\u00e1s<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta tarde, mientras convers\u00e1bamos, observ\u00e9 nuevamente el lugar donde don \u00d3scar pasa buena parte de su tiempo. Su sof\u00e1 de cuero, sus libros, su biblioteca y aquella terraza rodeada de ventanas por donde entra la luz. Pens\u00e9 en lo extraordinario que debe ser llegar a un momento de la vida en el que uno puede sentarse tranquilamente y contemplar el camino recorrido. No hablo de una despedida ni de un balance final, porque don \u00d3scar contin\u00faa viviendo, pensando, leyendo, conversando y participando, desde sus propias posibilidades, en la vida de nuestro pa\u00eds. Hablo de algo diferente. De la posibilidad de mirar hacia atr\u00e1s y reconocer lo construido. De recordar los a\u00f1os de juventud, los esfuerzos profesionales, las responsabilidades p\u00fablicas, las decisiones dif\u00edciles y los momentos de enorme satisfacci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De pensar en los hijos, en las personas que nos acompa\u00f1aron durante diferentes etapas de nuestra existencia, en los amigos que permanecen y en aquellos que la vida fue dejando en otros caminos. De recordar las alegr\u00edas, las tristezas, las incertidumbres y las conquistas. Y tambi\u00e9n de comprender que algunas decisiones personales llegaron a tener consecuencias mucho m\u00e1s grandes de lo que originalmente pudimos imaginar. Don \u00d3scar puede mirar hacia atr\u00e1s y reconocer que su vida ha estado vinculada con acontecimientos importantes para Costa Rica y para el mundo. Puede recordar aquella ma\u00f1ana del 13 de octubre de 1987, cuando una noticia inesperada interrumpi\u00f3 unas vacaciones familiares. Puede recordar el viaje a Oslo, la ceremonia del Premio Nobel, el cumplea\u00f1os de \u00d3scar Felipe y aquel Nintendo que el rey le regal\u00f3. Puede recordar tambi\u00e9n los esfuerzos por alcanzar acuerdos entre pa\u00edses que estaban enfrentados por la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero estoy seguro de que, entre tantos recuerdos, existen otros igualmente importantes que no aparecen en los libros de historia. Porque una vida no se mide solamente por sus reconocimientos p\u00fablicos. Tambi\u00e9n se mide por sus afectos, por las personas que nos acompa\u00f1aron y por aquello que fuimos capaces de construir junto a otros. Y en ese recorrido vuelvo a encontrar la imagen del boyero. Aquel abuelo que recorr\u00eda los caminos con su carreta de caf\u00e9. Cu\u00e1ntas generaciones, cu\u00e1ntos esfuerzos y cu\u00e1ntas circunstancias tuvieron que encontrarse para que aquella historia familiar llegara hasta Oslo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi agradecimiento como ciudadano costarricense<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiero terminar este art\u00edculo expresando tres agradecimientos diferentes, aunque profundamente relacionados entre s\u00ed. El primero nace de mi condici\u00f3n de ciudadano costarricense. Gracias, don \u00d3scar. Gracias por sus esfuerzos para contribuir a la pacificaci\u00f3n de Centroam\u00e9rica, por su dedicaci\u00f3n al servicio p\u00fablico y por haber ayudado a colocar el nombre de Costa Rica en un lugar de reconocimiento internacional. No ignoro que nuestra historia ha sido construida por muchas personas, ni pretendo atribuirle a un solo gobernante todos los m\u00e9ritos de la paz y la estabilidad que hemos disfrutado. Pero s\u00ed reconozco que su liderazgo y las decisiones de aquella administraci\u00f3n contribuyeron significativamente a construir las condiciones en las que hoy vivimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La vida que yo he podido desarrollar, y la que hemos disfrutado muchos de mis conciudadanos, est\u00e1 relacionada con los esfuerzos de generaciones anteriores que defendieron la democracia, la institucionalidad y la paz. Entre esos esfuerzos ocupan un lugar importante los realizados por don \u00d3scar Arias. Y considero justo reconocerlo. Tambi\u00e9n quiero agradecer a do\u00f1a Margarita Pen\u00f3n G\u00f3ngora, quien lo acompa\u00f1\u00f3 durante aquellos a\u00f1os de enormes responsabilidades, y a sus hijos, \u00d3scar Felipe y Silvia, quienes compartieron desde su infancia las circunstancias de aquella vida p\u00fablica. A los cuatro les expreso mi reconocimiento. Porque la patria no se construye \u00fanicamente desde los cargos p\u00fablicos. Tambi\u00e9n se construye desde las familias, desde los sacrificios cotidianos y desde las personas que acompa\u00f1an a quienes asumen responsabilidades importantes. Hoy quiero reconocerlos como cuatro costarricenses que formaron parte de un cap\u00edtulo extraordinario de nuestra historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi agradecimiento personal<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi segundo agradecimiento es mucho m\u00e1s \u00edntimo. Gracias, don \u00d3scar, por cada taza de caf\u00e9. Por cada conversaci\u00f3n en su biblioteca, por cada tarde en su terraza y por cada oportunidad de escuchar sus recuerdos. Gracias por compartir conmigo sus conocimientos sobre historia, sobre pol\u00edtica internacional y sobre acontecimientos que han transformado al mundo. Gracias por permitirme preguntar, aprender, reflexionar y, en ocasiones, simplemente disfrutar de una conversaci\u00f3n entre amigos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Agradezco profundamente que la vida nos haya permitido reencontrarnos despu\u00e9s de tantos a\u00f1os. Aquel joven que lleg\u00f3 a su casa en diciembre de 1987, invitado por el presidente de la Rep\u00fablica, dif\u00edcilmente habr\u00eda imaginado que, 39 a\u00f1os despu\u00e9s, tendr\u00eda el privilegio de compartir con usted una amistad. Hoy no necesito una ceremonia, un reconocimiento ni una ocasi\u00f3n extraordinaria para sentirme agradecido. Me basta una taza de caf\u00e9, una conversaci\u00f3n y la posibilidad de escuchar una historia que usted vivi\u00f3. Y eso tiene para m\u00ed un valor enorme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi agradecimiento como fundador de Apacigua<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi tercer agradecimiento nace del trabajo que hoy realizo como director y fundador de Apacigua. Apacigua no es un movimiento pol\u00edtico ni pretende convertirse en uno. Es una iniciativa ciudadana que busca contribuir a la paz, a la convivencia democr\u00e1tica, al respeto entre las personas y al fortalecimiento de los valores que permiten que una sociedad viva sin destruirse desde sus propias diferencias. Y aunque nuestros campos de acci\u00f3n son diferentes, reconozco que los esfuerzos de paz impulsados por don \u00d3scar Arias constituyen una inspiraci\u00f3n importante para el trabajo que intento desarrollar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c9l trabaj\u00f3 por la paz en una Centroam\u00e9rica marcada por las guerras, los enfrentamientos armados y las profundas divisiones pol\u00edticas. Yo trabajo, desde mis posibilidades y con herramientas completamente distintas, por la paz en el coraz\u00f3n de los costarricenses. La paz que \u00e9l procuraba necesitaba acuerdos entre gobiernos, negociaciones internacionales y compromisos para detener la violencia armada. La paz que yo intento promover necesita reflexi\u00f3n, respeto, comprensi\u00f3n, di\u00e1logo, reconciliaci\u00f3n y la voluntad individual de no convertir nuestras diferencias en enemistades. Son escenarios diferentes, de dimensiones muy distintas, y no pretendo establecer una equivalencia entre ambas tareas. Pero encuentro en ellas una convicci\u00f3n compartida. La paz no aparece por casualidad. La paz se construye.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al revisar su discurso de aceptaci\u00f3n del Premio Nobel de la Paz, encontr\u00e9 unas palabras que me permitieron comprender todav\u00eda mejor esa conexi\u00f3n. Don \u00d3scar expres\u00f3 que la paz no es un acontecimiento que pueda darse por terminado, sino un proceso permanente, construido mediante innumerables decisiones humanas. La describi\u00f3 como una actitud, una forma de vivir y una manera de enfrentar los problemas y resolver los conflictos. Me impresion\u00f3 descubrir que, en 1987, cuando su preocupaci\u00f3n inmediata era contribuir a detener las guerras de Centroam\u00e9rica, ya estaba hablando de una paz que trascend\u00eda los acuerdos entre gobiernos y alcanzaba la conducta cotidiana de las personas. Treinta y nueve a\u00f1os despu\u00e9s, mientras compartimos una taza de caf\u00e9 y conversamos sobre el pa\u00eds, encuentro en aquellas palabras una coincidencia profunda con lo que intento desarrollar desde Apacigua. No se trata de comparar la magnitud de nuestros trabajos, porque pertenecen a contextos y responsabilidades muy diferentes. Se trata de reconocer que la paz tambi\u00e9n necesita existir dentro de cada ser humano. Que ning\u00fan acuerdo puede sostenerse indefinidamente si las personas no aprenden a convivir, si el odio contin\u00faa gobernando las relaciones o si nuestras diferencias terminan convirti\u00e9ndonos en enemigos. Aquella concepci\u00f3n de la paz, expresada por don \u00d3scar en Oslo, me confirma que construirla es una responsabilidad que pasa de una generaci\u00f3n a otra y que cada ciudadano puede asumir desde el lugar que ocupa en la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se construye cuando decidimos escuchar antes de atacar, cuando buscamos acuerdos antes de imponer, cuando reconocemos la humanidad de quien piensa diferente y cuando comprendemos que ninguna sociedad puede sostenerse indefinidamente sobre el odio. Por eso, como fundador de Apacigua, agradezco a don \u00d3scar por haber demostrado que incluso en medio de conflictos aparentemente imposibles pueden abrirse caminos hacia la reconciliaci\u00f3n. Y agradezco tambi\u00e9n a aquella familia que lo acompa\u00f1\u00f3 durante una etapa tan importante de ese esfuerzo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo no tengo la responsabilidad de negociar la paz entre pa\u00edses. Mi aspiraci\u00f3n es mucho m\u00e1s sencilla, aunque tambi\u00e9n profundamente importante para m\u00ed: contribuir, hasta donde me sea posible, a que cada costarricense encuentre un poco m\u00e1s de paz en su propio coraz\u00f3n y pueda compartirla con los dem\u00e1s. Porque una naci\u00f3n pac\u00edfica no se construye solamente con tratados y acuerdos. Tambi\u00e9n necesita ciudadanos capaces de vivir en paz consigo mismos y con quienes los rodean.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La carreta que todav\u00eda sigue su camino<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al salir esta tarde de la casa de don \u00d3scar, despu\u00e9s de nuestra conversaci\u00f3n, regres\u00e9 mentalmente a aquella ma\u00f1ana del 13 de octubre de 1987. Pens\u00e9 en la familia reunida en la playa, en el cumplea\u00f1os de do\u00f1a Margarita, en la noticia inesperada y en la emoci\u00f3n que debi\u00f3 acompa\u00f1ar a los cuatro. Pens\u00e9 en el viaje a Noruega, en la ceremonia del 10 de diciembre, en el ni\u00f1o que cumpl\u00eda ocho a\u00f1os, en el queque que mand\u00f3 preparar el rey y en aquel Nintendo que convirti\u00f3 un momento solemne en un recuerdo familiar entra\u00f1able. Pens\u00e9 tambi\u00e9n en mi visita del 7 de diciembre, cuando do\u00f1a Margarita preparaba las maletas y don \u00d3scar tuvo que despedirse porque al d\u00eda siguiente viajar\u00edan hacia Oslo. Y pens\u00e9 en lo extraordinario que resulta que, tantos a\u00f1os despu\u00e9s, pueda sentarme frente a \u00e9l y escuchar personalmente aquella historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero, sobre todo, pens\u00e9 en el abuelo boyero. En aquel hombre que cargaba su carreta de caf\u00e9 y emprend\u00eda un largo recorrido desde Heredia hasta Puntarenas. En sus manos sujetando las riendas, en los bueyes avanzando lentamente, en los caminos dif\u00edciles y en las jornadas que parec\u00edan no tener otro prop\u00f3sito que cumplir con el trabajo y regresar a casa. Aquel hombre no sab\u00eda lo que vendr\u00eda despu\u00e9s. No sab\u00eda que un nieto suyo llegar\u00eda a ser presidente de Costa Rica. No sab\u00eda que ese nieto trabajar\u00eda por la paz de Centroam\u00e9rica. No sab\u00eda que recibir\u00eda el Premio Nobel de la Paz. Y mucho menos sab\u00eda que, 39 a\u00f1os despu\u00e9s de aquel reconocimiento, su historia ser\u00eda recordada en una conversaci\u00f3n entre amigos, mientras compart\u00edan una taza de caf\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero eso es precisamente lo maravilloso de la vida. Que muchas veces construimos mucho m\u00e1s de lo que alcanzamos a ver. Que nuestros esfuerzos pueden trascender nuestra propia existencia. Que una familia puede contribuir a transformar un pa\u00eds. Y que un pa\u00eds peque\u00f1o puede contribuir a transformar la historia de una regi\u00f3n. Hoy, don \u00d3scar puede sentarse en su sof\u00e1 de cuero, rodeado de sus libros, y mirar hacia atr\u00e1s con la satisfacci\u00f3n de haber dedicado una parte importante de su vida a construir algo que lo trasciende. Puede contemplar a sus hijos, recordar a las personas que lo acompa\u00f1aron y reconocer los caminos que recorri\u00f3. Y yo puedo sentarme frente a \u00e9l, compartir una taza de caf\u00e9 y agradecerle.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Agradecerle como ciudadano, como amigo y como fundador de Apacigua. Porque la paz que hoy disfrutamos no apareci\u00f3 de la nada. Porque la patria que heredamos fue construida por muchas generaciones. Porque tenemos el deber de reconocer a quienes contribuyeron a hacerla posible. Y porque, antes de convertirse en historia, todos esos acontecimientos fueron parte de la vida de personas comunes, con alegr\u00edas, preocupaciones, sue\u00f1os y familias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta noche quiero expresar mi gratitud a don \u00d3scar, a do\u00f1a Margarita, a \u00d3scar Felipe y a Silvia. Por aquella etapa de sus vidas. Por lo que represent\u00f3 para Costa Rica. Por lo que signific\u00f3 para Centroam\u00e9rica. Y por recordarnos que, detr\u00e1s de los grandes acontecimientos de la humanidad, siempre hay seres humanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquel boyero cre\u00eda que solamente transportaba caf\u00e9 hacia Puntarenas. Pero, sin saberlo, tambi\u00e9n estaba ayudando a construir una familia, una patria y un futuro que, generaciones despu\u00e9s, encontrar\u00eda uno de sus momentos m\u00e1s extraordinarios en Oslo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y quiz\u00e1s esa sea una de las lecciones m\u00e1s hermosas que podemos aprender de esta historia: nunca sabemos hasta d\u00f3nde pueden llegar las semillas que sembramos durante nuestra vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gracias, don \u00d3scar. Por lo que hizo por Costa Rica. Por lo que contribuy\u00f3 a construir para Centroam\u00e9rica. Por la amistad. Y, especialmente, por cada taza de caf\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vinicio Jarqu\u00edn<br><em>13 de octubre de 2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Vinicio Jarqu\u00edn13 de octubre de 2026 Esta tarde sal\u00ed de la casa de don \u00d3scar Arias S\u00e1nchez con esa [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":5374,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[],"class_list":["post-5372","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mis-escritos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.0 - 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