{"id":775,"date":"2025-10-17T00:43:39","date_gmt":"2025-10-17T00:43:39","guid":{"rendered":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/?p=775"},"modified":"2025-10-17T00:43:41","modified_gmt":"2025-10-17T00:43:41","slug":"habia-una-vez-un-pais","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/habia-una-vez-un-pais\/","title":{"rendered":"Hab\u00eda una vez, un pa\u00eds"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"800\" height=\"533\" data-src=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/557782011_10166892860249554_6937246757655850197_n.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-776 lazyload\" data-srcset=\"https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/557782011_10166892860249554_6937246757655850197_n.jpg 800w, https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/557782011_10166892860249554_6937246757655850197_n-300x200.jpg 300w, https:\/\/viniciojarquin.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/557782011_10166892860249554_6937246757655850197_n-768x512.jpg 768w\" data-sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 800px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 800\/533;\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda una vez, un pa\u00eds donde conversar era como tender puentes sobre r\u00edos, y la gente se enorgullec\u00eda de cruzarlos sin mojarse los pies. En ese lugar viv\u00eda un presidente de voz serena, al que muchos llamaban el Guardi\u00e1n del Puente de las Palabras, porque antes de decidir, escuchaba, y antes de hablar, pensaba. Un d\u00eda, queriendo ordenar los cofres del reino, invit\u00f3 a un viajero de n\u00fameros: un hombre que ven\u00eda de un lejano Palacio del Dinero del Mundo, donde los sabios contaban monedas de todos los reinos y susurraban consejos a reyes y presidentes. El Guardi\u00e1n lo sent\u00f3 a cargo de las Monedas del Reino, con la esperanza de que su experiencia, tra\u00edda de tan lejos, ayudara a cuidar la casa com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Al principio, la promesa era hermosa: el Guardi\u00e1n pon\u00eda la Mesa de los Dignos \u2014esa donde todos hablan y todos escuchan\u2014 y el viajero desplegaba libros con f\u00f3rmulas que parec\u00edan magia. Pero pronto aparecieron las grietas. Donde el Guardi\u00e1n buscaba acuerdos, el viajero ve\u00eda estorbos; donde uno bajaba la voz para comprender, el otro la sub\u00eda para imponerse. El sal\u00f3n del consejo empez\u00f3 a llenarse de viento fuerte y miradas afiladas, y las palabras, en vez de ser semillas, comenzaron a sentirse como piedras.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron los meses y las reuniones se volvieron campos de eco. Hasta que, un d\u00eda, el viajero de n\u00fameros dej\u00f3 los cofres y sali\u00f3 por la puerta grande con el coraz\u00f3n encendido del que se sabe ofendido. Sali\u00f3 con la herida abierta, resentido, convencido de que no lo hab\u00edan entendido. Y detr\u00e1s de \u00e9l, como un reba\u00f1o de cuervos, lo siguieron rumores venidos de su antiguo Palacio del Dinero del Mundo: historias oscuras que volaban de boca en boca y que \u00e9l, en lugar de desvanecer con luz, convirti\u00f3 en una capa pesada que le colgaba de los hombros.<\/p>\n\n\n\n<p>La herida no cicatriz\u00f3; se hizo tambor. Y el tambor, llamado Grito, comenz\u00f3 a marcarle el paso. El viajero empez\u00f3 a contar su propia historia como un cuento de h\u00e9roes traicionados: \u201cNo me dejaron, no me escucharon, no me comprendieron\u201d. Cada vez que la narraba, su voz crec\u00eda en volumen y dureza, como si el abrazo que no recibi\u00f3 se hubiera transformado en armadura. As\u00ed, el viajero de n\u00fameros se fue volviendo el Se\u00f1or del Grito.<\/p>\n\n\n\n<p>La metamorfosis fue clara. Ya no tend\u00eda puentes: los golpeaba con martillazos para \u201cprobar su fortaleza\u201d. Ya no buscaba la Mesa de los Dignos: dec\u00eda que estaba vieja, que el mantel estaba manchado y que los cubiertos no serv\u00edan. Su mirada se hizo filo, sus gestos se hicieron truenos, y sus palabras empezaron a caminar con botas. Muchos, que cargaban sus propias heridas, confundieron el rugido con la valent\u00eda y sintieron alivio al ver a alguien gritar por ellos. As\u00ed naci\u00f3, casi sin querer, la Pandilla del Eco: repet\u00edan lo que \u00e9l dec\u00eda, una y otra vez, hasta llenar el aire de un ruido que ol\u00eda a enojo.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo del Guardi\u00e1n termin\u00f3, como terminan los ciclos en todo reino. Y el pa\u00eds, cansado de susurros, crey\u00f3 que el ruido traer\u00eda fuerza. Hubo un d\u00eda de elecciones \u2014ese d\u00eda donde cada coraz\u00f3n es una gota que decide el rumbo del r\u00edo\u2014 y el pueblo puso en manos del viajero el bast\u00f3n del poder. El Se\u00f1or del Grito subi\u00f3 al balc\u00f3n m\u00e1s alto y, desde all\u00ed, su voz recorri\u00f3 plazas, colinas y pantanos. No regres\u00f3 a la Mesa de los Dignos; prefiri\u00f3 la tarima del estruendo. Sus discursos se hicieron l\u00e1tigos, su promesa son\u00f3 a castigo, y el reino, que era de r\u00edos, puentes y plazas, amaneci\u00f3 distinto: los buenos modales se escondieron debajo de la cama, los susurros se volvieron raros, y muchos pensaron que para ser valiente hab\u00eda que gritar m\u00e1s que el de al lado.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, las sombras del Palacio del Dinero del Mundo segu\u00edan planeando sobre su capa. No se hablaba de certezas, sino de murmullos; no de luz, sino de penumbras. Y en lugar de despejarlas, el Se\u00f1or del Grito las usaba como escenario. \u201cSi me atacan, es porque tengo raz\u00f3n\u201d, dec\u00eda. Y la Pandilla del Eco asent\u00eda, cada vez m\u00e1s fuerte, hasta hacer creer que el eco era la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed quedaron sembradas todas las piezas: el Guardi\u00e1n que apost\u00f3 por los puentes, el viajero que volvi\u00f3 del Palacio del Dinero del Mundo para cuidar los cofres, las diferencias que se hicieron abismo, la salida herida que se hizo tambor, el tambor que invoc\u00f3 al Grito, el Grito que arm\u00f3 pandilla, y el d\u00eda en que el bast\u00f3n cambi\u00f3 de manos. El pa\u00eds no lo sab\u00eda a\u00fan, pero aquello apenas era el primer cap\u00edtulo de una historia donde la Casa del Poder dejar\u00eda de ser casa para volverse cueva, y donde el silencio de muchos tendr\u00eda que aprender a nacer como palabra.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La gran cueva del poder<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Con el bast\u00f3n en la mano y la voz de trueno, el Se\u00f1or del Grito lleg\u00f3 al coraz\u00f3n del reino: la Casa del Poder, ese lugar que antes ol\u00eda a serenidad y a acuerdos. Era una casa luminosa, con ventanales que dejaban entrar el canto de los p\u00e1jaros y las risas de los funcionarios que trabajaban en silencio. Pero con el paso de los d\u00edas, el sonido cambi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El eco del grito empez\u00f3 a quedarse atrapado entre las paredes. Primero fue una vibraci\u00f3n leve, luego un murmullo constante, y al final, un rugido que no dejaba dormir a nadie. Los ventanales fueron cubiertos con cortinas gruesas, los jardines se marchitaron de tanto ruido, y los pasillos \u2014antes llenos de conversaci\u00f3n\u2014 se convirtieron en t\u00faneles donde solo resonaban \u00f3rdenes, acusaciones y miedos.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed fue como la Casa del Poder se transform\u00f3 en la Gran Cueva del Poder. All\u00ed se mezclaban las iras, los reclamos, los juicios sin pruebas, los se\u00f1alamientos y los castigos disfrazados de justicia. La cueva ol\u00eda a enojo viejo, a papeles rotos, a puertas cerradas. Desde all\u00ed, el Se\u00f1or del Grito hablaba a su Pandilla del Eco y les dec\u00eda que todo lo malo ven\u00eda de afuera, que los cr\u00edticos eran enemigos, que los medios ment\u00edan, que los sabios del reino eran traidores.<\/p>\n\n\n\n<p>El pa\u00eds empez\u00f3 a dividirse sin darse cuenta. Los unos gritaban para defenderlo, los otros gritaban para corregirlo, y entre tanto ruido, los susurros se perdieron. El r\u00edo de las palabras, aquel que un\u00eda los pueblos, comenz\u00f3 a secarse. Los puentes se oxidaron por falta de uso, y los vecinos dejaron de saludarse en la plaza por miedo a discutir.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, la Gran Cueva del Poder se llenaba de papeles, de listas con nombres, de viejas venganzas. Algunos funcionarios intentaban poner flores o abrir las ventanas, pero el eco era tan fuerte que nadie los o\u00eda. Afuera, en el reino, el cielo se llen\u00f3 de nubes grises, y los ni\u00f1os, al escuchar los discursos en la plaza, se tapaban los o\u00eddos sin entender por qu\u00e9 los adultos hablaban como si se odiaran.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed pasaron los meses: con la cueva rugiendo, el pa\u00eds confundido y el Se\u00f1or del Grito convencido de que cuanto m\u00e1s gritaba, m\u00e1s gobernaba.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El profeta del enojo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Con el paso del tiempo, el Se\u00f1or del Grito dej\u00f3 de ser solo un gobernante. Se convirti\u00f3 en algo m\u00e1s peligroso: en un profeta del enojo. Ya no hablaba para convencer, sino para incendiar. Sus palabras eran como f\u00f3sforos lanzados al viento: donde ca\u00edan, algo ard\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Empez\u00f3 a contar su historia como si fuera una leyenda. Dec\u00eda que \u00e9l hab\u00eda sido traicionado por los sabios del Palacio del Dinero del Mundo, que lo hab\u00edan castigado injustamente por su valor. Dec\u00eda que los viejos guardianes del pa\u00eds lo hab\u00edan maltratado, que los periodistas lo hab\u00edan perseguido, que los acad\u00e9micos lo envidiaban. Y as\u00ed, repitiendo esa historia una y otra vez, logr\u00f3 que muchos la creyeran.<\/p>\n\n\n\n<p>Su herida se convirti\u00f3 en su corona. Su rabia, en su bandera. Y su voz \u2014esa voz que ya era trueno\u2014 empez\u00f3 a sonar en todas partes: en las plazas, en los mercados, en las radios y en los sue\u00f1os de los cansados. Cada discurso era una promesa disfrazada de advertencia, y cada advertencia, una acusaci\u00f3n. El profeta del enojo hablaba del mal como si estuviera en todas partes, menos en s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la gente lo escuchaba. Algunos porque le tem\u00edan, otros porque se ve\u00edan reflejados en su enojo. Hab\u00eda quienes lloraban al o\u00edrlo, pensando que por fin alguien los entend\u00eda. Otros lo segu\u00edan por costumbre, porque todos lo hac\u00edan, porque parec\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil gritar que pensar. Y as\u00ed naci\u00f3 una fe extra\u00f1a: la fe en la furia.<\/p>\n\n\n\n<p>El profeta levant\u00f3 su p\u00falpito en cada micr\u00f3fono y su templo en cada pantalla. Los fieles de su palabra repitieron su credo: \u201cEl enemigo siempre es el otro\u201d. El reino se llen\u00f3 de dedos que apuntaban, de bocas que acusaban, de corazones que olvidaron el abrazo. Las escuelas se llenaron de discusiones, las familias de silencios inc\u00f3modos, las calles de insultos disimulados.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, el profeta se miraba al espejo cada noche y ve\u00eda no a un l\u00edder, sino a un vengador. Hab\u00eda perdido la ternura, pero no lo sab\u00eda. Hab\u00eda perdido la paz, pero lo llamaba justicia. Hab\u00eda perdido la humildad, pero la disfrazaba de fuerza. Y el pa\u00eds, sin darse cuenta, empez\u00f3 a temerle.<\/p>\n\n\n\n<p>No por su poder, sino por su voz.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El despertar<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron las estaciones. Durante un tiempo, el pa\u00eds vivi\u00f3 bajo el eco del profeta. Cada amanecer tra\u00eda una nueva ofensa, una nueva culpa, un nuevo enemigo inventado. La gente caminaba con el ce\u00f1o fruncido, como si el enojo fuera una nube que no se pod\u00eda apartar con las manos. Muchos, cansados, empezaron a creer que la vida era as\u00ed: un eterno forcejeo de voces que no se escuchan.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no todos hab\u00edan ca\u00eddo en el hechizo. Hab\u00eda quienes, en silencio, segu\u00edan cuidando los puentes, remendando los hilos rotos de las conversaciones, sembrando paciencia como quien siembra esperanza. Eran los que no hab\u00edan confundido el ruido con la fuerza. Los que sab\u00edan que hablar con respeto no es debilidad, sino valor.<\/p>\n\n\n\n<p>Y un d\u00eda, el silencio se cans\u00f3 de ser silencio. Primero fue una palabra en una casa, luego un comentario en una escuela, despu\u00e9s un art\u00edculo en un peri\u00f3dico. Las voces comenzaron a reaparecer como luci\u00e9rnagas en la oscuridad. No gritaban; simplemente hablaban. No buscaban venganza; buscaban sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Los tranquilos se levantaron, los prudentes se atrevieron, los que antes evitaban el conflicto decidieron pronunciarse. Los maestros volvieron a ense\u00f1ar la verdad sin miedo, los artistas comenzaron a pintar con colores m\u00e1s vivos, los j\u00f3venes se llenaron de preguntas limpias y valientes. Y poco a poco, el pa\u00eds empez\u00f3 a respirar de nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel movimiento no ten\u00eda banderas ni jefes. Era un movimiento del alma. Un movimiento de amor por s\u00ed mismos y por la tierra que compart\u00edan. Su lema era simple: <em>responder sin herir, actuar sin odiar, defender sin destruir<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde las monta\u00f1as hasta el mar, se escuch\u00f3 una brisa distinta. El aire dej\u00f3 de oler a rabia y volvi\u00f3 a oler a lluvia, a pan reci\u00e9n hecho, a tierra mojada. Y quienes un d\u00eda hab\u00edan gritado, comenzaron a notar el poder de la calma.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed empez\u00f3 el verdadero despertar: no un levantamiento de pu\u00f1os, sino de corazones. Un despertar que no buscaba vencer al profeta del enojo, sino rescatar al pa\u00eds de su hechizo. Un despertar que quer\u00eda devolverle a las palabras su suavidad y al futuro su promesa.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La segunda independencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron los meses, y el movimiento del despertar creci\u00f3 como crece el amanecer: sin ruido, pero con firmeza. No ten\u00eda l\u00edderes, ten\u00eda conciencia. No ten\u00eda banderas, ten\u00eda prop\u00f3sito. Era un movimiento de corazones despiertos que quer\u00edan rescatar su tierra, sus palabras y su dignidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El profeta del enojo segu\u00eda rugiendo desde la Gran Cueva del Poder, lanzando sus discursos como piedras al r\u00edo, intentando detener el curso del agua. Pero el r\u00edo ya hab\u00eda recordado qui\u00e9n era: libre, claro y constante. Las palabras del pueblo flu\u00edan otra vez, y el eco de la cueva empezaba a desvanecerse entre los \u00e1rboles.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 el d\u00eda de las elecciones. El sol sali\u00f3 m\u00e1s temprano que nunca, como si el cielo tambi\u00e9n quisiera mirar lo que estaba a punto de pasar. Desde las monta\u00f1as y los pueblos, desde los valles y las costas, una inmensa multitud camin\u00f3 hacia las urnas. No llevaban pancartas ni consignas. Iban vestidos de blanco, el color de las nubes, de las palomas, de los comienzos. Era un blanco que no ped\u00eda permiso ni perd\u00f3n: era el blanco de la paz.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada voto fue una semilla de esperanza, cada decisi\u00f3n una peque\u00f1a reparaci\u00f3n. La voz del pueblo habl\u00f3, sin gritos, sin insultos, sin venganza. Y esa voz, suave pero un\u00e1nime, eligi\u00f3 un nuevo camino. El poder cambi\u00f3 de manos, y con \u00e9l, el aire del pa\u00eds volvi\u00f3 a oler a limpio.<\/p>\n\n\n\n<p>La Gran Cueva del Poder se qued\u00f3 vac\u00eda de ecos. Los filibusteros \u2014aquellos que viv\u00edan del ruido\u2014 fueron expulsados por segunda vez, no con espadas, sino con conciencia. Y el pa\u00eds, el mismo de siempre, volvi\u00f3 a ser un pa\u00eds de r\u00edos, de monta\u00f1as, de gente que saluda, de ni\u00f1os que juegan, de maestros que ense\u00f1an y de artistas que sue\u00f1an.<\/p>\n\n\n\n<p>Costa Rica \u2014aunque en el cuento nunca se dec\u00eda su nombre\u2014 hab\u00eda despertado.<br>Volvi\u00f3 a ser tierra de paz, de altibajos y aprendizajes, de desacuerdos con decencia, de gobiernos imperfectos pero ciudadanos atentos. Volvi\u00f3 a ser ese pa\u00eds que no necesita gritar para existir, porque su fuerza est\u00e1 en el alma.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando todo termin\u00f3, el viento, que hab\u00eda estado en silencio durante tanto tiempo, susurr\u00f3 entre los \u00e1rboles: <strong>\u201cHan recuperado su pa\u00eds, por segunda vez.\u201d<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ep\u00edlogo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed fue como aquel pa\u00eds \u2014el de los puentes, los r\u00edos y las palabras\u2014 volvi\u00f3 a encontrar su voz. No fue una voz nueva, en realidad; era la misma de siempre, solo que hab\u00eda estado dormida, escondida detr\u00e1s del ruido.<\/p>\n\n\n\n<p>El Se\u00f1or del Grito se qued\u00f3 sin eco, y poco a poco, el silencio lo abraz\u00f3 hasta hacerlo peque\u00f1o. Dicen que a veces todav\u00eda se le escucha en los cerros lejanos, gritando hacia la nada, pero el viento ya no le responde. El viento aprendi\u00f3 a elegir mejor a qui\u00e9n escuchar.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ni\u00f1os crecieron sabiendo que gritar no es lo mismo que tener raz\u00f3n, que las palabras pueden curar si se usan con ternura, y que la paz no es un regalo: es una tarea diaria, como regar las plantas o cuidar el fuego para que no se apague.<\/p>\n\n\n\n<p>Los adultos tambi\u00e9n aprendieron algo: que la fuerza verdadera no se mide en volumen, sino en claridad; que los pueblos se construyen con decencia; y que cuando el amor se organiza, nada lo detiene.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, cada vez que alguien levanta la voz para ofender, otro levanta la mirada para recordar. Y los puentes \u2014esos viejos puentes del pa\u00eds\u2014 siguen ah\u00ed, firmes, esperando que quien los cruce lo haga con respeto.<\/p>\n\n\n\n<p>Y color\u00edn, colorado\u2026 este cuento todav\u00eda no se ha acabado, porque los pa\u00edses que aman aprenden una y otra vez a despertar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hab\u00eda una vez, un pa\u00eds donde conversar era como tender puentes sobre r\u00edos, y la gente se enorgullec\u00eda de cruzarlos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":776,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"class_list":["post-775","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-elecciones-2026"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.0 - 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