18 – Cuando llega el momento de sembrar

Tú sabes que hay momentos en el campo en los que ya no se puede seguir dudando. Momentos en los que no sirve quedarse mirando la tierra, ni darle vueltas a la semilla en la mano, ni esperar a ver qué hacen otros. Llega el momento de sembrar. Y cuando ese momento llega, no sembrar también es una decisión. Una decisión que casi siempre se paga caro.

Cuando ustedes vinieron a San José, se encontraron con algo que no esperaban. Yo lo recuerdo bien. Les dije ese día que caminaron por una ciudad llena de maleza, descuidada, desordenada, muy distinta a la ciudad que muchos llevaban en la cabeza. Como pasa en el campo cuando una semilla no sale como se esperaba. Cuando algo se dejó crecer sin control. Cuando no se cuidó lo que había que cuidar. Eso no pasa de un día para otro. Pasa porque alguien decidió no atender la tierra a tiempo.

Por eso hoy no es tiempo de dudar. Hoy no es tiempo de quedarse en la casa. Hoy no es tiempo de decir “todos son iguales” o “para qué ir”. Tú sabes mejor que nadie que la tierra no se trabaja con indiferencia. El campo no se sostiene con brazos cruzados. Si no siembras, crece la maleza. Si no eliges, otros eligen por ti. Y casi nunca lo hacen pensando en tu finca, en tu familia o en tu futuro.

Este primero de febrero es un día de siembra. No de discursos, no de promesas vacías, sino de decisiones. Tú conoces las semillas. Tú sabes distinguir entre una que solo estorba y una que puede dar fruto. Sabes cuáles dañan el cultivo y cuáles ayudan a que todo crezca mejor. Nadie tiene que explicarte eso. Lo has vivido toda la vida.

No dejes que el cansancio te lleve al abstencionismo. No dejes que la decepción te saque del terreno. No le entregues tu parcela a la maleza por cansancio. Votar no es un favor que le haces a nadie; es una herramienta, igual que el machete, igual que el chapulín, igual que las manos. Es la forma de decir: esta tierra también es mía y me importa.

Piensa bien qué semilla quieres sembrar. Una que solo crezca rápido y ahogue todo alrededor, o una que pueda sostenerse durante el año, dar sombra, dar fruto y permitir que otros también crezcan. El campo enseña que no todo lo que brota sirve. Y también enseña que sembrar bien cambia el paisaje.

Este primero de febrero no te quedes afuera. No dejes el terreno abandonado. Ve y siembra con conciencia. Porque lo que se siembra hoy es lo que se cosecha mañana. Y tú sabes mejor que nadie que el futuro no se improvisa: se trabaja.

El campo se levanta.
Y tú decides qué sembrar.

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