
Señores, ustedes, los indecisos, todavía están a tiempo.
A tiempo de revisar los números, de mirar el balance de Costa Rica con calma, de observar el estado anímico del pueblo y escuchar el discurso que viene del Poder Ejecutivo. A tiempo de mirar a su alrededor y preguntarse si este es el país que quieren dejar a sus hijos, a sus sobrinos, o a los hijos de sus amigos.
Yo no les voy a decir por quién votar.
Pero sí les voy a decir, con absoluta claridad, por quién no votar.
Costa Rica está en peligro. El populismo se llevó nuestros valores, está debilitando nuestras instituciones, dañando los poderes de la República y atacando al Tribunal Supremo de Elecciones, una de las entidades más prestigiosas y respetadas del continente. Si permitimos que eso continúe, pronto no quedará nada del país que conocimos.
Este es el momento decisivo.
Estas no son elecciones más: son las elecciones importantes, las que marcarán el rumbo de la historia. Hoy no estamos eligiendo solo un presidente; estamos decidiendo si Costa Rica sigue siendo una democracia o se convierte en una caricatura del poder.
Si crees en la independencia de los poderes, si valoras la libertad de expresión, si te duele ver cómo se ridiculiza la prensa, cómo se humilla a las instituciones y cómo se desprecia la educación y la cultura, entonces sabes que no puedes quedarte neutral.
Yo no te voy a decir a quién apoyar. Solo te pido que votes fuera del continuismo.
Analiza con cuidado cuál es el candidato o la candidata con más posibilidad de defender al país, de devolverle la dignidad a la función pública, de recuperar el respeto entre los costarricenses.
Hoy somos soldados —no con armas, sino con conciencia.
Nuestra patria está secuestrada por el miedo, la manipulación y el desprecio. Pero tenemos el voto, y el voto es nuestra lanza, nuestra voz y nuestra bandera.
Cuando vino William Walker, los costarricenses se unieron y lo echaron. Hoy no hay invasor extranjero, pero sí una amenaza interna, más peligrosa porque se disfraza de cambio y se alimenta de la división.
Este es nuestro momento. La historia nos está observando. Seamos los hombres y las mujeres que, con serenidad y con coraje, salvaron a Costa Rica de lo impensable.