Qué pasaría si Laura pierde

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Serie: El fenómeno Chaves–Fernández

El mapa emocional: la radiografía de un país dividido

Si Laura pierde, Costa Rica no va a descansar de inmediato. Más bien, podría entrar en uno de los momentos emocionales más frágiles de toda su historia reciente. Y no por la candidatura en sí, sino por todo lo que se ha sembrado a su alrededor durante meses. Lo que está ocurriendo no es normal: se ha construido, mediante encuestas infladas, narrativas repetidas y mensajes calibrados emocionalmente, una sensación anticipada de triunfo. Una expectativa de victoria que mucha gente ya asumió como certeza. Y cuando a un grupo le repetís suficientes veces que “ya ganaron”, ese grupo lo cree. Y cuando lo cree… cualquier resultado distinto se convierte en ofensa, traición o ataque.

Si Laura pierde, una parte significativa del continuismo no va a aceptar el resultado. Y no lo digo yo: lo dicen ellos mismos en redes, en grupos, en chats y en foros donde han asegurado que “si pierde es porque hubo trampa”, “si pierde es fraude”, “si pierde habrá derramamiento de sangre”. Ese será el primer riesgo: la negación emocional absoluta del resultado. Pero la negación no surge de la nada; surge de un proceso largo y calculado.

El segundo riesgo es el resentimiento. Un resentimiento profundo alimentado por un líder que les ha repetido, día tras día, que el Tribunal Supremo de Elecciones no es confiable, que las instituciones están vendidas, que el sistema está manipulado. Desde la perspectiva de PNL, esto es una siembra de creencias: cuando un líder instala la duda como identidad emocional, la duda se vuelve el filtro a través del cual se interpreta todo. ¿Cómo van a reaccionar con calma si él mismo les enseñó a desconfiar? ¿Cómo van a aceptar un resultado que contradice el relato que han respirado durante meses?

Aquí aparece lo más doloroso de todo: no se les puede pedir confianza, porque fue él mismo quien destruyó la capacidad de confiar. Les quitó el piso emocional, les arrebató la seguridad interior y les enseñó que cualquier derrota es imposible porque “el sistema está en contra”. Así se fabrican las crisis sociales: sembrando emociones que luego ya nadie sabe controlar.

Si Laura pierde, habrá una fractura emocional dentro del chavismo. Un grupo entero se sentirá robado, traicionado o engañado, aunque nada de eso sea real. Sentirán un dolor fabricado, pero dolor al fin. Y cuando un grupo sufre desde una herida imaginada, reacciona como si fuera una herida auténtica. Algunos líderes tratarán de capitalizar esa furia. Unos dirán que les robaron la elección; otros insinuarán que la democracia falló; y los más peligrosos intentarán transformar esa rabia en movilización callejera, porque saben que manipular a un enojo colectivo es más fácil que dialogar con la razón.

Pero también pasará algo del otro lado. Si Laura pierde, quienes estamos trabajando por la paz, por la institucionalidad, por la democracia, vamos a necesitar apaciguar aún más nuestro ser interior. Nos tocará aplicar lo que enseñamos: madurez, paciencia, firmeza y corazón. Nos tocará respirar profundo, acompañar, explicar, contener… incluso cuando del otro lado haya gritos, amenazas o furias que no son personales, sino emocionales. Alguien tendrá que sostener el país cuando otros quieran romperlo desde la frustración.

La derrota del continuismo —si sucede— será un alivio para muchos, sí. Pero no será un final feliz inmediato. Vendrá un periodo de reconstrucción emocional. Será necesario recomponer puentes, calmar ánimos, desactivar narrativas de odio y, sobre todo, evitar caer en provocaciones. Porque la historia demuestra, una y otra vez, que un populismo herido es más impredecible y peligroso que un populismo en ascenso.

Si Laura pierde, la responsabilidad caerá sobre nosotros: mantener la paz, mantener el orden, mantener la calma, mantener la dignidad. Proteger al país cuando algunos quieran incendiarlo simbólicamente. Y demostrar, con acciones y no solo palabras, que la democracia no se defiende con gritos, ni con amenazas, ni con prepotencia, sino con respeto profundo al resultado y con amor auténtico por Costa Rica.

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