Cinco posibles escenarios rumbo a febrero

En los últimos días he visto a mucha gente preguntarse qué va a pasar si las encuestas del continuismo no coinciden con el resultado real. Y esa inquietud no es menor, porque cuando un país atraviesa un momento emocionalmente tenso, cada movimiento político adquiere un peso diferente, casi desproporcionado. Lo que normalmente sería un simple dato hoy se siente como una amenaza o como una confirmación. Por eso quiero contarte los tres escenarios que inicialmente veía y los dos adicionales que, analizados con frialdad, también podrían presentarse. No para sembrar miedo, sino para que te prepares emocionalmente y leas lo que viene con la mayor claridad posible.

1. El exceso de confianza fabricado

Este escenario es el más evidente y, a la vez, el más peligroso desde el punto de vista emocional. Las encuestas infladas han creado una sensación anticipada de triunfo alrededor de doña Laura Fernández, como si el resultado ya estuviera escrito. Ese ambiente construye un fenómeno psicológico muy claro: cuando alguien cree que algo “obviamente” va a suceder, cualquier resultado distinto se vive como traición. Y cuando la emoción es traición, la reacción rara vez es racional. El oficialismo podría confiar tanto en esa burbuja que no mueva un dedo más; pero si el Tribunal Supremo de Elecciones anuncia un resultado diferente, la mezcla de sorpresa, frustración y enojo puede encender llamas inesperadas. En política, un golpe emocional siempre mueve más que un golpe técnico o institucional.

2. Desmotivar para causar abstención

Este es un mecanismo clásico del populismo cuando no se tiene suficiente apoyo real. Si Laura cuenta únicamente con un 20 o 25% del padrón, la única manera de aumentar sus posibilidades es reduciendo la participación de todos los demás. Y eso se logra con miedo: “podría haber disturbios”, “es peligroso salir ese día”, “no vale la pena arriesgarse”. El miedo funciona como un freno. No necesita ser real, solo necesita sentirse real. Y cuando una población está ya emocionalmente cargada, ese tipo de mensajes opera como ancla mental: te paraliza sin que te des cuenta.

3. Convencerte de que “ya no hace falta votar”

Este escenario es suave, silencioso y efectivo. Cuando se repite hasta el cansancio que una candidatura va ganando por muchísimo, mucha gente se queda en la casa pensando que su voto no hace diferencia. Es humano: si “ya está decidido”, ¿para qué levantarte temprano?, ¿para qué gastar gasolina?, ¿para qué hacer fila? Esa sensación de falsa inevitabilidad desmotiva a indecisos, adormece a opositores y fortalece únicamente al núcleo duro del oficialismo. Es una estrategia que opera desde la comodidad emocional, no desde el conflicto abierto.

4. Crear un pequeño conflicto para justificar cualquier narrativa

Este es un escenario delicado porque juega con la percepción. No se necesita un gran disturbio; basta un empujón, un grito, un malentendido, una provocación aislada. Algo pequeño que luego se amplifica en redes con cientos de versiones contradiciéndose. Y entonces comienzan las frases que todos hemos escuchado en otras partes del mundo: “nos bloquearon votantes”, “hubo intimidación”, “las elecciones no fueron limpias”. Los populistas no necesitan pruebas; necesitan emociones. Un país confundido es un país manipulable.

5. Atacar al Tribunal Supremo de Elecciones antes, durante y después

Este escenario ya comenzó. Cuando una figura populista logra instalar la idea de que las instituciones no son confiables, cualquier resultado que no le favorezca se convierte automáticamente en fraude para su base. Esta es una estrategia de desgaste: se ataca al árbitro para que la gente deje de creer en las reglas. Y un país donde la verdad institucional se rompe deja de discutir ideas y empieza a discutir “percepciones”. En ese terreno, los hechos importan menos que la emoción. Y ahí radica el verdadero riesgo.

¿Por qué te digo todo esto?

Porque es vital que estés preparado emocionalmente. Estos escenarios existen, han ocurrido en otros países y Costa Rica no es inmune a las estrategias psicológicas que utiliza el populismo para sostenerse. No te lo digo para generarte miedo, sino para evitar que te sorprenda algo que ya ha sido escrito en el libreto del poder. Cuando veas encuestas infladas, discursos triunfalistas, mensajes que apelan al temor, provocaciones pequeñas o ataques al TSE, quiero que recuerdes que todo eso pertenece a un guion. Un guion viejo, repetido, desgastado. Un guion que siempre empieza igual, pero que no siempre termina igual.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Seguir defendiendo la calma, incluso cuando otros buscan el ruido. Seguir cuidando nuestras emociones, incluso cuando otros quieren incendiarlas. Seguir confiando en la institucionalidad que ha protegido este país durante tantas décadas. Seguir creyendo en el voto, porque el voto —no las encuestas, no los gritos, no las narrativas de miedo— es lo que realmente elige presidentes. Lo que viene no será sencillo, pero si caminamos con serenidad, claridad y respeto, Costa Rica podrá atravesar este momento sin quebrarse. Y si uno de estos escenarios llega a presentarse, que nos encuentre preparados y no asustados, firmes y no incendiados, en paz y no manipulados. Costa Rica ha salido de peores. También saldrá de esta. Pero solo si lo hacemos juntos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio