Es cierto: don Rodrigo ha señalado muchos casos de corrupción. Ha hablado de prácticas irregulares de hace tres años, de cinco, de décadas enteras. Ha puesto el tema sobre la mesa una y otra vez. Eso no se puede negar. Pero también es cierto que, hasta hoy, no se ha levantado una sola acusación formal impulsada directamente desde su gestión, ni se ha visto una cadena clara de consecuencias para quienes supuestamente serían los responsables. Se ha señalado, se ha hablado, se ha denunciado en discurso… pero no se ha cerrado el círculo con justicia efectiva.
Sin embargo, ese no es realmente mi punto hoy. Mi punto es otro. Cuando un chavista te dice que este gobierno “destapó la corrupción”, no le discutas. No entres en el juego de aclarar que destapar no es lo mismo que acusar, que señalar no es lo mismo que procesar, que hablar no es lo mismo que condenar. No vale la pena. No porque tú no tengas razón, sino porque esa no es la discusión que esa persona está teniendo.
La mayoría de las veces, cuando te dicen eso, no están realmente hablando de corrupción. No es un análisis profundo, ni una postura ética elaborada. Es simplemente el argumento más fácil, el que aprendieron a repetir, el que le quedó a mano para justificar un apoyo que, si se mirara con calma, muchas veces no tendría demasiados fundamentos sólidos. No es un razonamiento: es un eslogan.
Por eso ese discurso se repite igual, con las mismas palabras, con los mismos giros, con la misma estructura. A veces parece que se educaron en la misma escuela retórica, o que alguien les pasó el mismo libreto. No importa si son troles o personas reales: la frase es siempre la misma. “Este gobierno destapó la corrupción”. Punto final. No se discute más.
Cuando te hablen de corrupción desde ahí, cuando veas que no hay reflexión sino repetición, cuando notes que no hay interés genuino por la justicia sino solo por sostener una postura, haz lo más sensato que puedes hacer hoy por hoy: apacigua tu ser interior… y no respondas. No todo merece tu energía. No todo merece tu tiempo. No toda batalla se gana discutiendo.
A veces, la verdadera victoria es seguir en calma.
