Hoy no es un día cualquiera. Hoy Costa Rica recuerda el momento en que decidió cambiar las armas por escuelas, los fusiles por libros, el miedo por democracia.
Un primero de diciembre de 1948, don Pepe Figueres tomó una decisión que no solo fue valiente… fue visionaria. Abolir el ejército para que nunca más nadie pudiera tomar el poder por la fuerza desde adentro. Para que nunca más un hombre armado decidiera el destino de millones. Para que esta patria se defendiera con votos, no con balas.
Muchos crecimos viendo esto como algo normal. Como algo “dado”. Como algo que siempre ha estado ahí. Pero hoy, justamente hoy, es cuando más debemos celebrarlo, cuando más debemos agradecerlo y cuando más debemos defenderlo. Porque hoy entendemos, con claridad, lo frágil que puede ser la democracia cuando se juega con el odio, con el miedo y con la división. La transmisión del poder en Costa Rica siempre ha dependido del pueblo.
Siempre ha pasado por las urnas, por la voluntad ciudadana, por el voto libre. Y ese proceso ha sido cuidado durante décadas por una institución que es orgullo mundial: el Tribunal Supremo de Elecciones, nacido un año después junto a nuestra nueva Constitución. No es casualidad. Es una arquitectura de paz.
Abolición del ejército. Constitución Política. Tribunal Supremo de Elecciones.
Tres pilares enormes. Tres decisiones históricas. Tres razones por las que hoy seguimos siendo un país sin tanques en las calles, sin militares en el poder, sin sangre en las transiciones.
Tal vez estamos viviendo tiempos difíciles. Tiempos de ruido. Tiempos de ira. Tiempos donde se intenta normalizar el grito, el insulto, la amenaza. Pero justamente en estos tiempos es cuando más sentido cobra aquel acto de 1948. Es cuando más tenemos que ponernos de pie quienes sí tenemos conciencia, quienes no nos dejamos embaucar, quienes agradecemos la vida que hemos tenido en paz.
Defender Costa Rica hoy no significa pelear. Significa cuidar lo que nos permitió nunca pelear.
Bendito primero de diciembre. Bendita la paz. Bendita la democracia.
Y bendita esta responsabilidad que hoy, más que nunca, nos toca honrar.
Pd. Y para vos, si estás leyendo esto y no estás de acuerdo conmigo: supongo que don Pepe pensó más en gente como vos que en gente como yo, cuando tomó la decisión, y nos dejó protegidos.
