15 – Protejamos a quienes nos dan de comer

Hay una verdad simple que a veces se nos olvida entre tanto ruido político, discursos y peleas: un pueblo que tiene comida es un pueblo que no se deja gobernar por el hambre. Un pueblo que siembra, que cosecha, que alimenta, que sostiene su propia mesa, es un pueblo con dignidad. Y por eso mismo, cuidar a nuestros agricultores no es un favor, no es caridad, no es discurso bonito. Es una estrategia de país, es un acto de supervivencia, es una decisión profundamente política, aunque a muchos no les guste escuchar esa palabra aquí.

Cuando defiendes al agricultor, no solo estás defendiendo a una persona que trabaja la tierra con las manos llenas de sol, barro y cansancio. Estás defendiendo tu propio plato de comida, tu mercado, tu feria, tu pulpería, tu desayuno, tu cena, tu hijo que llega con hambre de la escuela. Estás defendiendo que la comida no dependa de caprichos externos, de mercados lejanos, de decisiones que se toman a miles de kilómetros y que aquí se pagan con escasez.

Que ellos no tengan hambre para que tú no tengas hambre.
Que ellos no se rindan para que tú no te rindas.

Hay países que han sido sometidos no por armas, sino por estómagos vacíos. No por ejércitos, sino por la dependencia de lo básico. Cuando te quitan la comida, te quitan la fuerza. Cuando te quitan la fuerza, te quitan la protesta. Cuando te quitan la protesta, te quitan la libertad. Por eso proteger al agricultor es proteger la democracia desde la raíz más básica: el alimento.

Hoy más que nunca necesitas entender que el agricultor no es un sector más. No es un rubro económico frío. No es una estadística. Es el corazón silencioso de la estabilidad de un país. Y cuando lo golpean, cuando lo arrinconan, cuando lo asfixian, cuando lo enfrentan con desprecio, no solo se está atacando a una persona: se está debilitando el suelo mismo sobre el que caminas.

Un país con comida no se somete.
Un país con comida no se arrodilla.
Un país con comida piensa, decide, elige, protesta, construye.

Por eso hoy no te hablo de ideologías. Te hablo de tu mesa. Te hablo de tu mercado. Te hablo de tu futuro inmediato. Te hablo de esa relación invisible entre la tierra que alguien trabaja y el alimento que tú consumes sin preguntarte de dónde viene.

Protejamos a nuestros agricultores. No solo porque lo merecen, que lo merecen. Sino porque cuando un pueblo tiene comida… no puede ser gobernado por el miedo.

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